Seis años del Colectivo

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Hace seis años se fundó en Costa Rica el Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más. Se creía que con la “desarticulación” del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) las personas ya no se unirían para exigir el cumplimiento de garantías fundamentales, porque como decía la consigna: “Derecho que no se defiende, es derecho que se pierde”.

Qué bonito es saber que estaban equivocados, que siguen existiendo personas comprometidas con los derechos de los nicaragüenses y que ese compromiso no conoce fronteras.

La primera vez que visité el Colectivo fue la primera vez que una redacción se reunía en un solo lugar luego de que el Gobierno le quitara a LA PRENSA sus instalaciones, sin una razón legal entendible. Escuchar de personas como Gonzalo Carrión decir “no están solos” fue conmovedor.

No es un secreto que tuve el honor, el placer y la satisfacción de editar la sección de Derechos Humanos de LA PRENSA, así que llegar al Colectivo fue encontrar amigos, personas que entendían muy bien lo que los periodistas pasábamos, con las que compartía el compromiso de demandar la liberación de los presos políticos. Recuerdo que comentábamos que mientras la gente contaba corderitos para dormir, nosotros cada día contábamos cuántos días de tortura y aislamiento llevaban las personas que estaban detenidas por sólo pensar diferente.

Lo que el Colectivo hace puede llamarse de muchas formas: apoyo, solidaridad, resistencia, pero lo cierto es que escribo esto para que en este aniversario quede registrado que cuando el Gobierno cerró más de tres mil organizaciones una supo surgir y apoyar a los que en el exilio necesitaban ver rostros familiares, acentos conocidos y escuchar ese “no están solos”.

Es en parte para agradecer porque cuando la redacción de LA PRENSA necesitó un lugar donde verse las caras y darse ese abrazo tuvimos una casa donde ir, cuando quisimos entender el nuevo escenario, la legislación del país que nos recibía estaban ahí.

Y quiero decir que este apoyo llegó más allá. En Nicaragua me costó mucho emprender, a pesar de que conocía las reglas del juego y pensé que en Costa Rica no lo lograría, pero dentro del Colectivo una de sus contadoras, una mujer extremadamente guerrera, una mujer de fe, me ayudó a conocer cómo hacer mis gestiones en Hacienda y lograr como dice Shakira el “las mujeres no lloran, las mujeres facturan”.

Dentro del Colectivo hay amigos que no menciono porque no tengo su permiso y me gusta cuidar su seguridad, pero son personas extraordinarias, con las que uno puedo sentirse en casa sin importar el país en que te encuentres.

Y claro está mi hermana del alma que siempre será un ancla que estuvo ahí y aún está, para hacerme sentir que sin importar lo que venga vamos a estar bien.

Este abril fue difícil para mí, repasar siete años de las protestas de 2018, leer libros como Yo soy la mujer del Comandante, de Carlos Salinas y Libertad tras las rejas, de Sé Humano, que cuenta el relato de 11 presas políticas deportadas y desnacionalizadas me dejaba un poco de tristeza, pero luego ver la celebración de seis años del Colectivo me hizo darme cuenta que no todo es malo en esta historia y que mientras sigan existiendo personas que mantengan la memoria histórica mientras luchan por reivindicar los derechos humanos, podemos darnos el lujo de tener esperanza.

Que mis felicitaciones alcancen a cada una de esas personas que en colectivo empiezan a construir una Nicaragua mejor, porque otra cosa que fui entendiendo con ellos es que un país no son las fronteras. Nicaragua son los nicaragüenses, sin importar dónde estén o dónde los haya llevado la vida, la represión, la dictadura.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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