Con motivo de cumplirse los primeros cien días de que el presidente de Estados Unidos (EE. UU.) Donald Trump está en el poder, su secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que la dictadura de Nicaragua es uno de los adversarios a combatir por su gobierno.
Rubio —quien a principios de febrero pasado calificó al régimen de Nicaragua como “enemigo de la humanidad”— explicó que por eso había impuesto restricciones de visa a más de 250 de sus operadores, a fin de “exigirles responsabilidades por privar al pueblo nicaragüense de sus libertades fundamentales y obligar a muchos a exiliarse”. Cabe recordar al respecto que el anterior gobierno de EE. UU., del demócrata Joe Biden, también impuso ese tipo de sanciones formales a muchos más agentes de la dictadura de Nicaragua.
Al parecer reaccionando a lo dicho por Marco Rubio, Daniel Ortega en su discurso de este miércoles 30 de abril atacó de manera personal y directa al presidente Donald Trump, acusándolo de “criminal de lesa humanidad” por el tratamiento que le está dando a los inmigrantes deportados.
Hasta ahora la dictadura de Nicaragua había guardado prudente silencio ante el nuevo gobierno de Trump. Pero en respuesta a lo dicho por Marco Rubio, ha contraatacado en el punto más vulnerable de las políticas que está ejecutando el gobernante estadounidense, como son las deportaciones masivas de inmigrantes sin respetar las normas del debido proceso y violando los derechos humanos de muchas personas deportadas.
Pero los golpes que han intercambiado el gobierno de Trump y la dictadura de Ortega y Murillo sólo han sido verbales. Al menos hasta ahora. Algunas personas trumpistas que pertenecen a la oposición nicaragüense exiliada dicen albergar la esperanza de que Trump facilitará el regreso de Nicaragua a la democracia. Pero no hay razones evidentes para creer que eso pudiera ser cierto.
Donald Trump ya fue presidente de EE. UU., en el cuatrenio de 2017 a 2021, pero prácticamente no pasó nada importante en Nicaragua. Eso a pesar de que durante el primer gobierno de Trump fue que la dictadura de Ortega y Murillo desató las más sangrientas violaciones a los derechos humanos que han ocurrido en la historia nacional.
En aquella ocasión Trump condenó verbalmente a la dictadura de Nicaragua, le impuso algunas sanciones formales y la declaró enemiga de la seguridad nacional de EE. UU. Y nada más. Trump dejó la Presidencia estadounidense en 2021, pero Ortega y Murillo siguieron en el poder y desde entonces hicieron más totalitaria su dictadura, peor que la de Venezuela y muy parecida a la de Corea del Norte.
Ahora, la verdad es que no hay congruencia entre las palabras de Marco Rubio acerca de que la dictadura de Nicaragua es enemiga de la humanidad y uno de los adversarios de EE. UU. a combatir, y las deportaciones de nicaragüenses que no son delincuentes ni inmigrantes ilegales, que llegaron a ese país huyendo de la dictadura inclusive amparados por programas migratorios legales, como el parole humanitario.
Marco Rubio tiene que saber a lo que se exponen muchas de esas personas si son obligadas a regresar a Nicaragua. Pero hasta ahora ha demostrado que eso no le importa. Como tampoco le importan, al parecer, los inmigrantes cubanos, venezolanos y haitianos a los que Trump ha puesto en igual situación.