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En la denominada «nueva fase renovada» de las relaciones entre la Unión Europea (UE) y los países de América Latina y el Caribe, la dictadura de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, parece haber dejado atrás las descalificaciones y tensiones con el viejo continente.
Este martes 29 de abril, los medios oficialistas de Nicaragua informaron de la reunión de trabajo organizada por la vicepresidenta ejecutiva para una «transición limpia, justa y competitiva de la Comisión Europea», Teresa Ribera, que reunió a embajadores de América Latina y el Caribe acreditados ante la UE y otros funcionarios de la Comisión Europea, «con el fin de compartir puntos de vista sobre cómo nuestras regiones pueden afrontar conjuntamente los retos de un mundo cambiante, fomentar los valores democráticos, el multilateralismo, así como apoyar a nuestras industrias para que sigan siendo sostenibles y competitivas».
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Nicaragua participó representada por el embajador y jefe de misión ante la Unión Europea y ante la Comunidad Europea de la Energía Atómica, César Augusto Castañeda Lacayo, quien fue nombrado en julio de 2023.

El pasado 23 de abril, el embajador Castañeda también encabezó la delegación de Nicaragua que participó en el Parlamento Europeo en Bruselas en el evento «Un puente entre Europa y América Latina», cuyo objetivo según medios oficialistas, fue abrir un «espacio de reflexión desde una mirada respetuosa y comprometida con los procesos populares».
Dictadura «intenta lavar su imagen»
El politólogo y opositor en el exilio, Félix Maradiaga, manifestó que la participación del régimen de Ortega en esa reunión de la Comisión Europea no debe interpretarse como un gesto de apertura, sino como un «intento desesperado de disfrazar su creciente aislamiento internacional».
«Desde 2018, Ortega ha mantenido una actitud abiertamente hostil hacia la Unión Europea, a la que ha acusado de colonialista e injerencista, mientras consolidaba una dictadura que reprime, encarcela y destierra a quienes piensan diferente», recordó Maradiaga.

El politólogo interpreta este repentino acercamiento como un acto de «oportunismo político».
«El régimen ha perdido peso en el SICA, se ha visto desplazado en los foros regionales, y enfrenta sanciones por crímenes de lesa humanidad. Ahora, intenta lavar su imagen apelando al lenguaje del multilateralismo, sin renunciar a su discurso de confrontación ni cesar en su represión interna», agrega.
«Ortega no busca una relación estratégica con Europa. Quiere oxígeno. Quiere presentarse como actor legítimo mientras destruyó la institucionalidad en Nicaragua», dice Maradiaga.
Nicaragua no es prioridad para la UE
El sociólogo, exembajador del régimen sandinista y también opositor en el exilio, Oscar René Vargas, manifestó que la Unión Europea tiene problemas más graves en su territorio, lo que deja en segundo plano sus diferencias con Nicaragua.
«Sigo pensando que el conflicto de Ucrania, más la situación económica social de los principales países europeos (Francia, Alemania) hacen que el tema político nicaragüense no esté en la agenda prioritaria de la UE», dijo Vargas.

El sociólogo también cree que la UE siente que no es tomada en cuenta en el reparto de las esferas de influencia en el nuevo orden tripolar; USA-China-Rusia, por lo cual buscan afianzar por sí solos alianzas con otras regiones del mundo, entre estas América Latina y el Caribe.
«Esa es su mayor preocupación, la pérdida de influencia mundial», dijo Vargas.
UE ha recibido las peores descalificaciones
Aunque ahora las relaciones entre Nicaragua y la Unión Europea (UE) parezcan las más normales y respetuosas, apenas tres años atrás estaban en su peor momento, cuando la entonces embajadora de la UE en Nicaragua, Bettina Muscheidt, fue expulsada del país y declarada persona «non grata» en septiembre de 2022.

Este arrebato de la dictadura Ortega Murillo se dio luego de que la delegación de la UE ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) exhortó al régimen de Ortega a «devolver la soberanía de Nicaragua al pueblo nicaragüense» y a «restaurar la democracia» en el país. La UE también había exigido a las autoridades nicaragüenses «poner fin a toda represión, incluida la represión contra los opositores políticos, el clero de la Iglesia católica, los medios de comunicación independientes, la sociedad civil y los defensores de los derechos humanos, y garantizar el pleno respeto de los derechos humanos, incluida la libertad de reunión, asociación, expresión y religión o creencias».
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Días antes, el Parlamento Europeo también se había sumado a la demanda de liberación del obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, y otros sacerdotes católicos que en ese momento estaban presos.
En abril de 2023, Nicaragua rechazó al embajador designado de la Unión Europea en Managua, Fernando Ponz, en el contexto de las tensiones entre el organismo europeo y Nicaragua por las críticas a la represión policial que se vivía en ese momento en el país por el encarcelamiento de numerosos sacerdotes de la Iglesia católica.
El episodio con la embajadora Muscheidt no fue un evento aislado, sino un patrón que ha repetido Ortega con la UE durante los 18 años del segundo régimen sandinista que inició en 2007.
Cuando llamaron «moscas inmundas» a los delegados de la UE
La primera gran tensión fue en 2008, con la entonces embajadora de la UE, Francesca Mosca, de origen italiano, que recibió fuertes descalificaciones del régimen orteguista a través del entonces vicecanciller Manuel Coronel Kautz.
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En esa ocasión la embajadora Mosca crítico la cancelación de la personalidad jurídica del Movimiento Renovador Sandinista (ahora Unamos) y del Partido Conservador (PC), lo que evitó que estas organizaciones políticas participaran en los comicios municipales de ese año.

Coronel Kautz reaccionó a estas críticas diciendo que «ningún embajador tiene derecho a venir a Nicaragua a decir lo que él quiere» y amenazó a los miembros de la comunidad donante con que si se involucraban en asuntos «estrictamente del país» podrían correr el riesgo de ser declarados «non gratos».
El vicecanciller nicaragüense también usó el apellido de Mosca para ofenderla: «Son como moscas que se paran en la inmundicia», dijo.
¿Cuándo comenzó el cambio?
Las relaciones actuales entre el régimen Ortega Murillo y la Unión Europea comenzaron a cambiar tras la Cumbre UE-Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) de julio de 2023, realizada en Bélgica, en la que no se abordaron temas de violaciones de derechos humanos y democracia.
En el contexto de esa reunión, la dictadura Ortega Murillo aceptó al embajador Fernando Ponz, a quien habían rechazado meses atrás. Al mismo tiempo, el régimen orteguista nombró a César Augusto Castañeda Lacayo en el cargo de embajador de Nicaragua ante la Unión Europea.
En noviembre de 2023, los 27 países de la Unión Europea acordaron relajar algunas disposiciones de las sanciones impuestas a una decena de regímenes, entre ellos Venezuela, Nicaragua y Túnez, para facilitar a las organizaciones humanitarias en la zona acceder a la ayuda enviada en situaciones de crisis, en línea con lo establecido por Naciones Unidas.
Y en diciembre de 2023, la UE anunció «una fase renovada» en las relaciones entre la Unión Europea, América Latina y el Caribe.