Datos sorprendentes sobre el Cecot, la colosal cárcel de Bukele alquilada por Trump

En este complejo las luces siempre están encendidas, los pabellones no tienen ventilación ni ventanas y los reos se apiñan en literas de cuatro pisos. Fue construido para criminales de “alto rango”, pero recibe migrantes deportados sin verificar sus antecedentes penales.

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Origen. El Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) de El Salvador fue inaugurado el 31 de enero de 2023 por el presidente Nayib Bukele y se ha convertido en un símbolo de su “guerra contra las pandillas”. Lo presentaron como la “cárcel más grande de toda América” y como un centro exclusivo para criminales perfilados como “altos rangos” de la Mara Salvatrucha y las dos facciones de Barrio 18, pandillas rivales que por años sembraron el terror en El Salvador, controlaron cerca del 90 por ciento del territorio nacional y marcaron las calles con sus fronteras invisibles. 

Colosal. Según cálculos del gobierno salvadoreño, el Cecot tiene espacio para “40 mil terroristas”, término utilizado por Bukele para referirse a toda persona que entra a su cárcel. Se ubica unos 74 kilómetros al sureste de la capital, San Salvador, en una extensión de 236 mil metros cuadrados. Cuenta con 256 celdas de concreto, 32 en cada uno de los 8 pabellones de 5,446 metros cuadrados. Todo el complejo penitenciario abarca el equivalente a siete estadios de futbol. Para recorrerlo de extremo a extremo por sus costados más largos habría que caminar unos 730 metros. Su construcción costó 115 millones de dólares. 

Seguridad. El techo de las celdas es un enrejado de rombos con filo para que los presos no puedan colgarse buscando una salida y también sirve de plataforma para los custodios armados que vigilan desde las alturas. Dos cercos perimetrales con malla ciclón, electrificados con 15 mil voltios, rodean la cárcel, más dos muros de concreto armado vigilados desde 19 torres. El muro principal tiene 9 metros de altura. De acuerdo con datos oficiales, alrededor de mil custodios y 250 efectivos de la Policía Nacional Civil vigilan a los prisioneros.

Condiciones. No hay más sistema de ventilación que el aire que se filtra por el techo abovedado. Tampoco hay ventanas. Y nunca se hace de noche, porque las luces artificiales siempre están encendidas. Rapados y vestidos de blanco, los presos duermen en literas metálicas de cuatro pisos, sin colchón ni sábana. En las celdas hay dos pilas para que los reos se laven e inodoros que usan a la vista de todos. No hay pasatiempos, no hay actividades de ningún tipo, solo treinta minutos al día para leer la Biblia o practicar ejercicios con el peso de su propio cuerpo en el pasillo central de cada módulo. No se permiten llamadas telefónicas ni hay espacios conyugales.

Comida. Los reos hacen los tres tiempos de comida en las mismas literas donde duermen. Una empresa proporciona los alimentos, que generalmente consisten en arroz y frijoles, a veces un huevo duro o pasta, que comen con las manos o con un pedazo de tortilla, pues en la cárcel consideran que “cualquier utensilio puede ser un arma mortal”. Una vez al mes sus familiares pueden hacerles llegar paquetes con productos como azúcar, leche, avena, pero pocos tienen familia que les apoye.

Reos. Hasta agosto de 2014, la prisión albergaba a 14,500 reos de diferentes pandillas que se ven obligados a convivir revueltos durante 23 horas y media al día. Cada celda es ocupada por hasta 100 reclusos. Si el Cecot llenara su capacidad, cada una albergaría alrededor de 156 prisioneros, en caso de que no se construyan nuevos pabellones. Según planos vistos por la BBC Mundo, cada celda mide 7.4 por 12.30 metros; es decir 91.02 metros cuadrados, lo que se traduce en apenas 0.58 metros cuadrados por persona.

Deportados venezolanos son rapados tras su llegada a la megacárcel salvadoreña.

Trump. En marzo de 2025 la megaprisión de Bukele se convirtió en una herramienta del presidente Donald Trump para la implementación de sus políticas migratorias. Un acuerdo entre ambos mandatarios estableció que el gobierno estadounidense pagará 6 millones de dólares al salvadoreño para que albergue a unos 300 migrantes por un año. La madrugada del 16 de marzo un avión con migrantes venezolanos deportados por Estados Unidos aterrizó en tierra salvadoreña, en desacato a la orden de un juez federal que impedía estas deportaciones. Según Bukele, ese día llegaron 238 presuntos miembros de la banda criminal venezolana Tren de Aragua, junto con 23 supuestos miembros de la pandilla Mara Salvatrucha. 

Intercambio. Recientemente Bukele ofreció repatriar a 252 reos venezolanos del Cecot a cambio de la liberación de 252 prisioneros políticos del régimen de Nicolás Maduro. En respuesta, el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, volvió a solicitar la “inmediata liberación” de los migrantes detenidos y acusó al mandatario salvadoreño de “traficar con seres humanos para recibir a cambio sumas millonarias de dinero”, de ser “el más fiel exponente del neofascismo del presente siglo XXI” y de estar cometiendo, junto a EE.UU. “un crimen de lesa humanidad que imita las repugnantes prácticas nazis de la mitad del siglo XX”.

Denuncias. Organismos de derechos humanos han expresado preocupación por las condiciones carcelarias de El Salvador, en particular las del Cecot. “A las personas recluidas en Cecot, así como en otras cárceles de El Salvador, se les niega la comunicación con sus familiares y abogados, y sólo comparecen ante los tribunales en audiencias en línea, a menudo en grupos de varios cientos de detenidos al mismo tiempo”, detalla Juanita Goebertus, directora de la División de las Américas de Human Rights Watch, en una declaración del pasado 19 de marzo. Los partidarios de las medidas de Bukele, sin embargo, recuerdan la crueldad de los crímenes cometidos por las pandillas y opinan que no hay por qué respetar sus derechos humanos. 

Arbitrariedad. El Cecot ha sido descrito por activistas como “un agujero negro” de los derechos humanos y la información. Muchos de sus reos llevan años recluidos sin haber pasado por un juicio, mientras que familiares y organizaciones de derechos humanos advierten que entre los migrantes recién llegados hay personas inocentes, sin antecedentes penales. El caso más emblemático es el del salvadoreño Kilmar Ábrego García, expulsado por “un error administrativo”. Hasta el momento tanto Trump como Bukele se niegan a liberarlo y devolverlo a Estados Unidos. En lugar de eso, Trump está considerando la posibilidad de enviar al Cecot a delincuentes estadounidenses.

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