Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Durante el panel Periodismo en el exilio, organizado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y moderado por el gerente general de LA PRENSA, Juan Lorenzo Holmann, periodistas exiliados de varios países abordaron la creciente ola de represión contra la prensa en América Latina, con especial énfasis en el caso de Nicaragua, donde más de 300 periodistas han sido forzados al exilio.
En el panel, que se realizó en el marco de la reunión de medio año de la SIP, los periodistas retrataron la gravedad de la persecución del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
“El periodismo dejó de ser una vocación y se convirtió en un apostolado”, dijo Holmann, actualmente en el exilio tras haber sido excarcelado y despojado de su nacionalidad por el régimen Ortega Murillo.
El periodista mexicano Roberto Rock, director de La Silla Rota y expresidente de la SIP, recordó que fue en Nicaragua donde se encendieron las alertas sobre la necesidad de proteger a periodistas en el exilio.
“En agosto de 2018, la SIP hizo una misión conjunta con Reporteros Sin Fronteras a Nicaragua. Vimos un periodismo que estaba en un proceso de resistencia dramática… muy difícil de prever su evolución en lo que parecía un sistema político que iba a ahogar toda manifestación democrática”, relató Rock.
Aseguró que durante aquella visita, los periodistas constataron la violencia estatal: “Visitamos un templo donde un grupo de universitarios se había refugiado y varios de ellos fueron literalmente masacrados. El templo tenía rastros de metralla y figuras religiosas destrozadas”, recordó.

Criminalización y abandono
Los panelistas coincidieron en que el exilio dejó de ser una excepción para convertirse en una regla estructural a causa de regímenes autoritarios. En el caso nicaragüense, esto ha provocado una fuga masiva de talento y una crisis para el periodismo como profesión.
“Costa Rica, por ejemplo, tiene probablemente el mayor número de periodistas exiliados del continente, muchos de ellos nicaragüenses. Pero no hay un reconocimiento legal, ni un sistema de protección institucional o gremial que los acoja”, denunció Rock.
Lea además: Dictadura firma memorándum con empresa rusa experta en ciberseguridad sancionada por EE. UU.
Rock señaló que muchos periodistas, al llegar a países de acogida, se ven forzados a abandonar su vocación.
“Conocimos colegas que fueron reconocidos y premiados en sus países, pero que hoy limpian pisos en centros comerciales para sobrevivir. El periodismo en el exilio no sólo enfrenta persecución, sino también invisibilidad”, puntualizó.

“El exilio no debe significar silencio”
Carlos Lauría, exrepresentante del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) y actual coordinador de la Red Latinoamericana de Periodismo en el Exilio (Relpex), destacó que Nicaragua es uno de los principales motores de esta iniciativa, que busca apoyar tanto a periodistas como a medios desplazados.
“El exilio ya no es una excepción en América Latina. Lo que nos motivó fue la urgencia de responder con una estructura concreta a una crisis que estaba desbordando las capacidades individuales”, explicó Lauría.
Con el apoyo de la National Endowment for Democracy, la Relpex brinda asistencia a comunicadores exiliados de países como Nicaragua, Cuba, Venezuela, Guatemala y El Salvador.
La red Relpex cuenta con más de 200 miembros y mantiene alianzas con CPJ, Thomson Reuters Foundation, y organizaciones como Vitactivas, para ofrecer asesoría legal, apoyo psicosocial y acceso a recursos para producción periodística.
“Nuestra convicción es clara: el exilio no debe significar silencio”, sentenció.

La urgencia de recursos y reconocimiento
Mariana Belloso, periodista salvadoreña y coordinadora operativa de Relpex, destacó que una de las principales demandas de los periodistas exiliados —incluidos los nicaragüenses— no son cursos ni talleres, sino oportunidades para seguir trabajando.
“Lo que más nos piden es: ‘Póngame donde me puedan dar trabajo’. Muchos quieren seguir haciendo periodismo, aunque tengan que lavar carros o limpiar casas para subsistir”, dijo Belloso.
Refirió además que muchas organizaciones que apoyan a periodistas sólo actúan durante los primeros meses de la emergencia, dejando a muchos sin ayuda a largo plazo.
“El exilio es prolongado, indefinido. La mayoría de nosotros experimenta una crisis de identidad cuando dejamos de ejercer el periodismo. Por eso decimos: voces libres, sin fronteras”, concluyó.