Este viernes 25 de abril de 2025 se cumplen 35 años del día en que doña Violeta Barrios de Chamorro tomó posesión de la Presidencia de Nicaragua, después de que el 25 de febrero anterior, con el respaldo de la UNO, había vencido en las elecciones a Daniel Ortega y los demás comandantes sandinistas.
Fue un abril histórico, en primer lugar porque por primera vez una mujer ascendía a la Presidencia de la nación por elección popular, y no sólo en Nicaragua sino también en todos los países de las Américas.
Pero, además, fue otro abril glorioso, pero pacífico, a diferencia de los abriles de 1954 y 2018 en los que también se pretendía liberar a Nicaragua, pero se impuso la represión cruel y despiadada de las dictaduras, en 1954 de la somocista y en 2018 de la sandinista.
En el abril de 1990 doña Violeta dio comienzo a la transición de la dictadura revolucionaria a la república democrática. A la república que soñó y por la que dio la vida en enero de 1978 el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, esposo de doña Violeta y padre de sus hijas e hijos.
Fue una transición muy difícil, como la calificó Antonio Lacayo (q.e.p.d.) —yerno de doña Violeta y ministro presidencial durante su gobierno—, en su libro testimonial sobre aquella hazaña política que cambió a Nicaragua en el fondo y la forma.
Es que como escribió don Ernesto Fernández Holmann en la presentación de dicho libro: “Las transiciones democráticas son, por lo general, complejas, difíciles y sobre todo muy ingratas. Son ingratas porque se pretende que sus conductores sean, en poco tiempo, capaces de enderezar entuertos, cicatrizar heridas y resolver problemas económicos y sociales que llevaron años de gestión desenfrenada”.
Muy cierto. Pero, además, la transición democrática de Nicaragua que dirigió doña Violeta fue todavía más difícil que cualquiera otra, por la resistencia violenta del ala más radical y reaccionaria de los sandinistas que lideraba Daniel Ortega. Este había sido obligado por la presión internacional a reconocer la victoria electoral de doña Violeta, pero lleno de frustración y resentimiento saboteó sistemáticamente al recién nacido gobierno democrático, a pesar de las concesiones políticas y económicas que se le hicieron a los sandinistas en aras de la paz, la reconciliación y la reconstrucción de Nicaragua que la dictadura revolucionaria y la guerra dejaron en ruinas.
Pero, a pesar de todo hubo transición a la democracia y se construyó un Estado democrático, aunque no fuera perfecto. Hasta que 16 años después la democracia se frustró cuando al terminar el segundo de los dos gobiernos liberales que siguieron al de doña Violeta, Daniel Ortega volvió a la Presidencia ayudado por Arnoldo Alemán y su partido que controlaban gran parte del poder del Estado. Pero también por la flojera y los pleitos internos de los sectores democráticos, hay que decirlo.
Ahora hay que esperar a que se presente la posibilidad de una nueva transición democrática, que algún día se tendrá que presentar, aunque en condiciones distintas a las que hicieron posible el abril épico de 1990.
Los politólogos que han estudiado las transiciones democráticas en los diferentes países donde han ocurrido, indican que las formas de llegar a ella necesariamente son distintas, pero las instituciones que deben crear son las mismas. Es decir, un sistema político fundado en el pluralismo partidista y la alternabilidad en el poder (de personas y partidos), división de poderes del Estado, respeto a los derechos humanos y una economía libre de mercado, fundamentalmente.
En resumen, la transición a la democracia republicana que impulsó el gobierno de doña Violeta fue muy difícil, pero también rica en experiencias y enseñanzas, que deben servir a quienes tendrán la responsabilidad de conducir la nueva transición democrática de Nicaragua. Que ojalá aprendan de ellas y no la vuelvan a malograr como ocurrió en aquel año horrible para la libertad y la democracia que fue el 2006.