Pocas horas después de que se anunció el fallecimiento del papa Francisco, comenzaron a circular listas con los nombres de los cardenales que eventualmente podrían tener mayores posibilidades de resultar electos como papa en el cónclave que se realizará para elegir al próximo sucesor de Pedro que estará al frente de la Iglesia católica romana.
Aunque la lista no es definitiva y se basa en análisis de la trayectoria de los cardenales, existen 12 cuyos nombres suenan fuertemente para asumir el liderazgo de la Iglesia. Entre esos está el cardenal Pietro Parolin, actual secretario de Estado del Vaticano, cuya amplia experiencia diplomática permitió, entre otras cosas, las gestiones con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo para la excarcelación y expulsión al Vaticano de sacerdotes arrestados por la dictadura de Nicaragua.

La trayectoria de Parolin
Parolin, de 70 años, ejerce el más alto cargo en la estructura vaticana después del papa. Nació el 17 de enero de 1955 en Italia y el 15 de octubre de 2013, aun siendo arzobispo titular de Aquipendium, fue designado secretario de Estado de la Santa Sede. Un año después, Francisco lo nombró cardenal presbítero y cardenal obispo el 28 de junio de 2018.
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Parolin es diplomático y tiene experiencia trabajando en asuntos de Latinoamérica, especialmente como representante papal en Venezuela y asistió a la firma del acuerdo de paz con Colombia en 2016.
Es uno de los principales impulsores del fortalecimiento de relaciones con Vietnam y de la iniciativa para restablecer las relaciones diplomáticas con China que llevó a la Santa Sede a firmar un acuerdo con Beijing sobre el nombramiento de obispos.
Sin embargo, ha criticado el plan de Estados Unidos en Gaza y en la ONU ha solicitado un alto al fuego.
Además, Parolin desempeñó un papel clave en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba en 2014, uno de los mayores logros de la diplomacia vaticana en décadas.

Las gestiones con el régimen
El jueves 19 de octubre de 2023, el Vaticano confirmó que el régimen Ortega Murillo pidió que se recibiera a 12 sacerdotes a los que expulsó del país. La vocera de la dictadura, Rosario Murillo, aseguró que existieron «conversaciones positivas, fructíferas, constructivas» con la Santa Sede.
“Nuestro reconocimiento a todos los que apoyaron este camino de solución, estos acuerdos, nuestro reconocimiento a la Secretaría de Estado de la Santa Sede”, dijo Murillo ese día.
El 14 de enero de 2024, el régimen informó el destierro de 19 religiosos, incluyendo los obispos Rolando Álvarez e Isidoro Mora, de las diócesis de Matagalpa y Siuna, respectivamente.
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En su comunicación, agradecieron al papa Francisco y a Pietro Parolin.
El 7 de agosto del año pasado, el régimen desterró a otros siete sacerdotes y aseguró que «han sido recibidos por la Santa Sede». El 19 del mismo mes fueron expulsados los sacerdotes Leonel Balmaceda y Denis Martínez, según informaron medios de la Iglesia católica.

Parolin pidió respeto a la libertad religiosa
Posiblemente debido a sus gestiones ante el régimen sandinista, Parolin prefería no brindar sus opiniones sobre la crisis en Nicaragua. El 9 de julio de 2018, luego de la agresión que sufrió el nuncio apostólico Waldemar Sommertag el 9 de julio de ese mismo año en la Basílica Menor de San Sebastián en Diriamba, dijo que no protestaría formalmente.
Sin embargo, Parolin rompió el silencio el año pasado. El 28 de septiembre de 2024, durante un discurso en la 79 sesión de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Parolin aseguró que la Santa Sede está preocupada por las medidas que el régimen Ortega Murillo toma contra personal e instituciones de la Iglesia.
«Se espera que, junto con los demás derechos fundamentales de las personas y de la sociedad, esta libertad sea adecuadamente garantizada», dijo Parolin, siendo la primera vez que criticó públicamente a los Ortega Murillo.

El 27 de noviembre del año pasado, el secretario de Estado de Estados Unidos durante la administración de Joe Biden, Antony Blinken, se reunió con Parolin y condenaron conjuntamente la represión en Nicaragua y Venezuela.
«Hablaron del recientemente anunciado alto el fuego entre Israel y Líbano y de la oportunidad de construir para desescalar tensiones y resolver conflictos en la región y reafirmaron el compromiso compartido de hacer frente al impacto horrible en los civiles ucranianos durante la defensa de Ucrania contra la agresión rusa», señaló el portavoz del Departamento de Estado, Matthew Miller.