Este martes 22 de abril se ha celebrado el Día Mundial de la Tierra. Fue instituido en 2009 por las Naciones Unidas para hacer conciencia en la gente y los gobernantes sobre la necesidad de actuar para proteger el medioambiente.
El medioambiente es el hábitat de todos los seres vivientes, entre ellos y sobre todo los seres humanos. De manera que por inteligencia y lógica elemental todas las personas deberían entender la necesidad de cuidarlo. Sin embargo muchos no lo hacen. Por eso hace falta hacer conciencia y promover acciones concretas en favor del medioambiente, lo que se pretende motivar con la celebración del Día de la Tierra.
Este año, con motivo del Día Internacional de la Tierra, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) le ha recordado al mundo que “el cambio climático, la deforestación, el mal manejo del suelo, y la producción agrícola y ganadera intensiva pueden acelerar el ritmo de destrucción del planeta”. Y que “el uso y la gestión sostenibles de la tierra (actividades humanas) determinan la sostenibilidad o la degradación de los recursos en ella”.
Por otra parte, en la edición de este martes 22 de abril, LA PRENSA publicó un artículo del experto científico danés, Bjorn Lomborg, en el que advierte que no se debe caer en alarmismo de “creer que el mundo está al borde del colapso medioambiental, predicciones nefastas sobre una catástrofe climática y advertencias sobre la destrucción inminente del planeta”.
El doctor Lomborg señala, basado en cifras y datos evidentes que a pesar de todo lo que dice de una supuesta catástrofe ambiental, en el mundo ha habido notables avances en el mejoramiento del medioambiente de lo cual “un factor clave es la prosperidad”. Escribe que la contaminación atmosférica ha disminuido drásticamente en los países ricos, que el riesgo de muerte por esa causa ha disminuido en más del 70 por ciento, las aguas de los ríos se han vuelto más limpias y los países se han reforestado. Advierte que inclusive China, que fue famosa por ser uno de los países más contaminadores del mundo, ahora, gracias a su alto desarrollo económico “está limpiando activamente su aire y su agua”.
La idea del doctor Lomborg es que sí hay que preocuparse por la defensa del medioambiente, pero los programas y acciones para hacerlo deben ser realistas y que apunten reducir el mal de la pobreza en el mundo, que a su vez causa la falta de cuidado de la naturaleza.
También es oportuno mencionar que el papa Francisco, en su rico legado religioso, intelectual, político y humanista dejó también valiosas recomendaciones para la protección del medioambiente. Para él, el cuidado de la casa común de la humanidad que es la Tierra, debe ser una prioridad ética, espiritual y política. Vinculaba el mal trato al medioambiente con la pobreza y su conservación y cuidado con el mejoramiento de las condiciones de la vida humana.
Francisco no fue el primer papa que se preocupó por el medioambiente y llamó a cuidarlo. Pero sí fue el primero en dictar una “encíclica verde”, Laudato si (Alabado seas), en la que hace un ferviente llamado “a cambiar los estilos de vida, los modelos de producción y consumo, y a reformar las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad, la pobreza y el deterioro ambiental”.
Para dar más fuerza a su preocupación por el medioambiente, el papa Francisco creó el concepto de “pecados ecológicos”, como una categoría moral para calificar y repudiar los actos humanos que de manera deliberada deterioran el medioambiente, en vez de cuidarlo para el beneficio de cada quien y de todos a la vez.
Con la muerte del papa Francisco, la causa de la defensa del medioambiente, o sea de la Tierra y la humanidad, ha perdido a un gran predicador y defensor moral. Ojalá que su sucesor prosiguiera esa lucha que es tan vital como la que se libra por el bienestar y la libertad de las personas humanas.