El escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, falleció el recién pasado domingo 13 de abril de 2025, a los 89 años.
Era un coloso de la literatura hispanoamericana y universal, por eso la noticia de su fallecimiento impactó al mundo entero y ha motivado los más diversos comentarios y análisis sobre su grandiosa obra literaria. Pero también acerca de su clara y categórica posición política en pro de la libertad y la democracia.
Mario Vargas Llosa se vinculó a Nicaragua, tanto por su magna obra literaria que ha ejercido en la tierra de Rubén Darío una gran influencia, como por su trabajo de periodista —que también lo fue— y por su denuncia contra la dictadura en cualquiera de sus formas y donde quiera que la haya.
Vargas Llosa estuvo en Nicaragua en abril de 1985, durante la primera dictadura sandinista, con el objetivo de escribir un reportaje sobre la Revolución nicaragüense para The New York Times Magazine, la revista dominical del periódico estadounidense The New York Times. Los reportajes fueron reproducidos en mayo de 1985 por LA PRENSA con el título Nicaragua en la encrucijada.
Los sandinistas habían celebrado en noviembre de 1984 unas elecciones parcialmente libres, sin participación de la derecha democrática, en las que eligieron a Daniel Ortega y Sergio Ramírez como presidente y vicepresidente de Nicaragua.
Para entonces ya Vargas Llosa había renegado del marxismo y del socialismo que cuando triunfó la Revolución cubana de 1959 encandilaron y sedujeron a la mayor parte la intelectualidad iberoamericana y europea. Pero por el programa de gobierno de los sandinistas, que hablaba de economía mixta, pluralismo político y política exterior de no alineamiento, Vargas Llosa pensaba que después del mal ejemplo de la fracasada Revolución cubana la Revolución nicaragüense no seguiría el mismo rumbo.
«¿Es Nicaragua un Estado marxista-leninista? ¿Es otra Cuba o está en vías de llegarlo a ser? Para encontrar respuestas a estas preguntas viajé al corazón de la revolución», escribió Vargas Llosa en aquellos reportajes. Se respondió a sí mismo y sobre la primera pregunta dijo que “No”; y acerca de la segunda expresó: “No se preocupen pues Nicaragua será más otro México”. Como se sabe, él había calificado al régimen político de México de aquella época como “una dictadura perfecta”, pero lejos de ser comunista.
Vargas Llosa no le creyó al arzobispo de Managua, monseñor Miguel Obando y Bravo, quien claramente le dijo: «El régimen (sandinista) no es aún totalitario, pero cada día hay más signos de que va en esa dirección… Nosotros estamos a favor de las reformas, en contra de las grandes brechas económicas entre pobres y ricos. Pero una cosa es la justicia social y, otra, llenar de odio el país, predicando la lucha de clases y la guerra a muerte entre el capital y el trabajo. El Comandante Humberto Ortega ha dicho que el FSLN no puede existir sin el marxismo. El Comandante Bayardo Arce aseguró al Partido Socialista (marxista y pro-soviético) que sus objetivos y los del sandinismo eran los mismos. En educación, quieren que los colegios impartan una enseñanza materialista (…) Porque para ellos no se trata de educación sino de indoctrinamiento marxista». Así citó Vargas Llosa al prelado católico.
Mucho tiempo después, Vargas Llosa se daría cuenta de que monseñor Obando tenía razón, y no tuvo dificultad en reconocerlo. Volvió a Nicaragua a finales de 2005 para ser condecorado por el presidente Enrique Bolaños con la Orden Nacional Rubén Darío. En esa ocasión Vargas Llosa visitó a LA PRENSA, se reunió con su Directiva y Consejo Editorial y dio una entrevista a Fabián Medina, que fue reproducida en nuestra edición de ayer al informar sobre la muerte del ilustre personaje.
En esa entrevista, Vargas Llosa mencionó como una distinción de Daniel Ortega el hecho de que en 1990 hubiese salido pacíficamente del poder “porque los nicaragüenses votaron contra él y eligieron a doña Violeta”. Pero cambió de opinión después de que Ortega volvió al poder y comenzó a restablecer la dictadura, hasta llegar a los extremos de 2018, cuando para sofocar la rebelión ciudadana democrática de abril ordenó la ejecución de una sanguinaria y mortífera represión.
“Lo ocurrido en Nicaragua —dijo Vargas Llosa después de los acontecimientos de Abril de 2018— es el mejor ejemplo del fracaso absoluto del socialismo radical y el comunismo… La tragedia de los cubanos, los venezolanos y los nicaragüenses ha servido para mostrarnos muy de cerca, en nuestro propio territorio, la verdadera cara del socialismo, que no es el paraíso traído a la tierra, sino la tierra convertida en un infierno”.
La gente que ama la libertad en cualquier parte del mundo recordará por siempre a Mario Vargas Llosa, no sólo los devotos de la buena literatura de la que fue uno de sus más calificados y prestigiosos exponentes.