El Diario LA PRENSA dio a conocer este viernes 11 de abril la buena noticia de la inminente decisión de una jueza federal de Estados Unidos (EE. UU.), de detener la orden del presidente Donald Trump de deportar a los inmigrantes que entraron a ese país legamente, acogidos al beneficio del parole humanitario.
Se conoce que son más de 530 mil las personas originarias de Venezuela, Cuba, Haití y Nicaragua, que llegaron a EE. UU. bajo la protección de ese programa que fue aprobado por el anterior gobierno estadounidense.
Sólo nicaragüenses son unos 96 mil los inmigrantes paroleados. Todos ellos, y sus familiares en Nicaragua, han permanecido en vilo desde que Trump volvió al poder en enero pasado, pero sobre todo a partir de que el inquieto gobernante estadounidense anunció que también los inmigrantes paroleados serían deportados a más tardar el 24 de abril corriente.
LA PRENSA advirtió que “la situación de los nicaragüenses se vuelve más incierta, ya que se han denunciado casos de personas que se fueron con parole y a quienes el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo les impide entrar a Nicaragua”. A lo que se debe agregar que si el régimen los dejara entrar sería para encarcelarlos, por la evidente naturaleza represiva y el carácter rencoroso de los dictadores nicaragüenses.
En ese mismo orden, LA PRENSA también informó que la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar, representante del Partido Republicano y declarada partidaria de Trump, le envió una carta a su presidente abogando para que no deporte a los inmigrantes paroleados de Cuba, Venezuela, Haití y Nicaragua. “En este momento la situación en estos países merece una revisión más detallada para garantizar que Estados Unidos no esté enviando a la gente de vuelta al peligro”, dice la carta pública de la congresista por el estado de la Florida.
Ojalá que Trump atendiera la petición de su congresista, así como la orden judicial de protección a los inmigrantes que no llegaron ilegalmente a EE. UU. La verdad es que está obligado a hacerlo por el sistema democrático constitucional estadounidense de separación y control recíproco de los poderes del Estado. Pero con Trump cualquier cosa puede ocurrir.
Algunos políticos nicaragüenses exiliados opinan que al estar “debilitando a China y paralizando a Rusia”, Trump es el presidente de Estados Unidos que más ayuda a restablecer la libertad y la democracia en Nicaragua, desde los tiempos de Ronald Reagan.
Podría ser. Pero para demostrarlo por lo menos no debería deportar a los compatriotas nicaragüenses que se fueron a EE. UU. huyendo de la dictadura y la lipidia. Y que además no entraron al país de Donald Trump ilegalmente, como es el caso de los paroleados.