Dice el diccionario de la lengua española que una encrucijada es el “lugar donde se cruzan dos o más calles o caminos”. También es una “situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir”; y un tercer significado es el de, “ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza”.
Las tres acepciones aplican a Ecuador ante la elección presidencial del próximo domingo 13 de abril. Ese día los ecuatorianos optarán entre el actual presidente Daniel Noboa, de derecha, y la candidata izquierdista Luisa González que representa la versión ecuatoriana del socialismo del siglo XXI.
Según las encuestas, hay un empate técnico entre ellos. Sin embargo, los analistas independientes opinan que Luisa González tiene un poco más de posibilidades de ganar, no tanto por sus propuestas de corte socialista sino por el marcado deterioro de la imagen política de Noboa, quien no pudo resolver y ni siquiera aliviar los graves problemas nacionales que motivaron la renuncia, en mayo de 2023, del presidente Guillermo Lasso elegido en abril de 2021.
De manera que el resultado de la elección dependerá de los indecisos, que son entre el 13 y el 17 por ciento de los votantes.
Para Nicaragua, lo interesante de esta elección presidencial ecuatoriana es que si Luisa González resultara electa, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo tendría otro gobierno amigo o afín en América Latina. Lo mismo que las dictaduras de Cuba y Venezuela.
En la actualidad Nicaragua no tiene relaciones diplomáticas ni políticas con Ecuador. Daniel Ortega las rompió el 5 de abril del año pasado, cuando la Embajada de México en Ecuador fue asaltada por una fuerza policial para apresar al expresidente izquierdista, Jorge Glass. Este se encontraba refugiado allí como asilado político, pero el Gobierno de Ecuador no le reconoció ese estatus porque los tribunales de justicia lo habían condenado a prisión por delitos de corrupción.
Este hecho causó mucha molestia internacional con el gobierno de Noboa, al extremo de que en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Ecuador a fines del año pasado, no asistió ningún presidente de las Américas.
El descrédito internacional también abonó a la pérdida de fuerza electoral de Noboa y favoreció las posibilidades de Luisa González. Ella se declara tajantemente como militante de izquierda y antimperialista, discípula del carismático expresidente izquierdista Rafael Correa. De manera que si gana la elección presidencial, Ecuador se sumaría al ya fuerte grupo de gobiernos latinoamericanos de izquierda que hay en Brasil, México, Chile, Uruguay, Bolivia y Honduras, además de las dictaduras de Nicaragua, Venezuela y Cuba.
Luisa González adelantó que si es elegida presidenta de Ecuador restablecerá inmediatamente las relaciones con México y Venezuela, y que reconocerá a Nicolás Maduro como legítimo presidente venezolano. No mencionó a Nicaragua, pero es obvio que también con este país restablecería los vínculos políticos y diplomáticos.
No es que Noboa no tenga ninguna posibilidad de ganar la elección presidencial del domingo 13 de abril. Pero no habría que sorprenderse si fuera derrotado por la candidata izquierdista, con todo lo negativo que eso pueda significar para la causa de la democracia en América Latina y el Caribe.