Los nicaragüenses deportados y la credibilidad de la información

Con menos ruido y publicidad que en los casos de los deportados de otros países, muchos nicaragüenses que vivían y trabajaban honradamente en Estados Unidos (EE. UU.), pero estaban de manera irregular o con permisos precarios de permanencia, también están siendo deportados sin consideraciones.

Según activistas nicaragüenses de derechos humanos —que trabajan en el exilio porque dentro del país no se les permite operar —, la situación de los nicaragüenses que llegan deportados de EE. UU. no es como la pinta el régimen. En realidad, es peor que la de los deportados en otros países por las peculiaridades de la dictadura de Nicaragua.

Al respecto LA PRENSA publicó este martes 8 de abril declaraciones de activistas de derechos humanos, quienes aseguran que muchos desterrados “han sido encarcelados tras su llegada al país, pero los familiares prefieren no exponer los casos, ni siquiera bajo condición de anonimato”, por temor a represalias.

LA PRENSA también reportó que el periódico estadounidense The New York Times informó que se realizan dos vuelos quincenales a Nicaragua desde EE. UU., llevando migrantes deportados, uno el primer jueves y el otro el primer lunes de cada mes. Y agregó que uno de los vuelos que llevaba personas deportadas a Nicaragua hizo una parada en Guantánamo para recoger allí a otros nicaragüenses igualmente echados del territorio norteamericano.   

Por cualquier lado que se les mire, las deportaciones son una gran tragedia humana y económica y social para los migrantes deportados y sus familias. Son doblemente víctimas. Primero, del sistema económico, social y político de su país que los obligó a emigrar al extranjero en busca de una vida mejor para ellos y sus familias. Y, segundo, del Gobierno de EE. UU. liderado por gente despiadada que odia a los inmigrantes pobres y trabajadores, sobre todo a los ilegales, y los acusa de ser escoria humana, delincuentes, expresidiarios y locos.

Y de remate los compatriotas deportados tienen que volver por fuerza a sufrir represalias y en todo caso las inhóspitas condiciones de vida que los obligaron a emigrar. Más injusticia no podría haber para ellos.

Como para clamar como Rubén Darío en su Canto de esperanza: “¡Oh, Señor Jesucristo! ¡Por qué tardas, qué esperas para tender tu mano de luz sobre las fieras y hacer brillar al sol tus divinas banderas!”

Darío escribió ese insigne poema en 1905. Pero su clamor se escucha hasta ahora y con más fuerza que en tiempos del gran poeta que simboliza la identidad nacional nicaragüense.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí