Abril 2018 y la falsa narrativa orteguista sobre intento de golpe de Estado

Abril de 2018 es una referencia histórica trascendental de todos los nicaragüenses, de los que quieren la libertad y la democracia y, por razones opuestas, de los dictadores y sus partidarios.

Para los nicaragüenses democráticos abril de 2018 fue la mayor gesta épica por la libertad. Para los dictadores, la mayor amenaza que se les ha hecho, tan grande que estuvo a punto de sacarlos del poder. Ellos  vieron a las multitudes en las calles y se sintieron tan intimidados que hasta pidieron un diálogo nacional para aplacar a la gente.

Al final pudo más la represión de la fuerza armada de la dictadura que la razón y la voluntad popular, a la que también pretenden derrotar moralmente calificándola como una intentona de “golpe de Estado”.

En realidad, se ha vuelto una costumbre de las dictaduras usar el concepto de golpe de Estado para descalificar toda movilización social y lucha democrática. Cualquier acción política y social que pone en jaque a un gobierno se suele calificar como intento de golpe de  Estado. Lo cual no es nada nuevo, pues siempre ha habido quienes le dan a ciertas palabras de mucha significación un sentido distinto y hasta opuesto al verdadero.

Según los historiadores, el concepto de golpe de Estado fue creado en 1639 por el escritor francés Gabriel Naudé, quien denominó así “cualquier acto de fuerza de un gobernante para reforzar su propio poder”. Y mencionó como ejemplos de golpe de Estado la matanza de los hugonotes en la Noche de San Bartolomé, ordenada por Catalina de Medici para afianzar su poder; y hasta la orden del emperador romano Tiberio a su cuñada, de que no se volviera a casar para que sus hijos no pudieran después disputar derechos de la sucesión imperial.

El autor italiano Curzio Malaparte (1898-1957) reivindicó para el concepto de golpe de Estado un sentido más preciso, el que ha perdurado hasta ahora. El golpe de Estado, señaló Malaparte,  es un cambio violento de gobierno instigado y ejecutado por los propios gobernantes, por sectores ligados a ellos mismos o por algunos de sus rivales.

Sin necesidad de ir a Europa, podemos mencionar como casos típicos de golpe de Estado los dos que diera en Nicaragua el general Anastasio Somoza García, uno al presidente Juan Bautista Sacasa (su tío político) en 1936, y el otro que le asestó en 1947 al presidente Leonardo Argüello.

Como regla general, el golpe de Estado es para imponer un régimen peor que el derrocado, incluso en el caso de que los golpistas sean los mismos gobernantes. Además, el golpe de Estado siempre se da a espaldas del pueblo, nunca con conocimiento y participación popular.

De manera que lo ocurrido en abril de 2018 en Nicaragua fue todo lo contrario de un intento de golpe de Estado. Fue la acción del mismo pueblo en las manifestaciones políticas espontáneas más multitudinarias de la historia nacional, multitudes autoconvocadas que no querían cambio de una dictadura por otra (como fue en 1979), sino conquistar la libertad y establecer una auténtica democracia.

Abril de 2018 fue por eso un hecho sin precedente y único en la historia nacional. Muy difícilmente se podrá repetir en el futuro, sin perjuicio de que la liberación de Nicaragua es inevitable y llegará tarde o temprano de cualquiera otra manera.

Editorial
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