El jueves 27 de marzo el secretario de Estado de Estados Unidos (EE. UU.), Marco Rubio, le hizo una clara advertencia al dictador venezolano Nicolás Maduro.
Durante una visita a Guyana, Rubio declaró que si los gobernantes de Venezuela atacaran a ese país del Caribe “sería un día muy malo, una semana muy mala para ellos. No terminaría bien”. Obviamente, lo dicho por Rubio sólo puede significar que si el régimen de Maduro invadiera el territorio vecino del Esequibo —que pertenece a Guyana, pero Venezuela lo reclama como propio—, EE. UU. va a actuar drásticamente en defensa del agredido y contra el agresor.
Como era de esperarse, la respuesta de Maduro y el alto mando militar de Venezuela fue arrogante y virulenta, inclusive con insultos personales contra Marco Rubio.
Venezuela y Guyana tienen una antigua disputa por la posesión del Esequibo, una región selvática de 160 mil kilómetros cuadrados, con una inmensa riqueza petrolera y de minerales de alto valor estratégico. El Esequibo es parte de Guyana desde que terminó la dominación colonial europea, pero Venezuela lo reclama como territorio propio.
Guyana ha acudido a la Corte Internacional de Justicia para que resuelva el diferendo territorial, pero los gobernantes de Venezuela —sabiendo que perderán el juicio— han desconocido la autoridad del alto tribunal de La Haya. Desecharon la vía del diálogo y el derecho y escogieron la intimidación, confiando en su inmensa superioridad sobre Guyana, tanto en territorio como en población y fuerzas armadas.
De allí que las autoridades venezolanas hicieran un supuesto referendo consultivo sobre la soberanía del Esequibo y dictaran una ley que lo declara parte de Venezuela. Además, convocaron para el próximo mes de mayo unas “elecciones” para elegir autoridades venezolanas en la región y han recrudecido las amenazas contra Guyana, inclusive con intimidación militar.
Por su parte, el gobierno guyanés mantiene la calma y ha solicitado a la Corte de La Haya que declare inválidas tales elecciones y se apresure a resolver la disputa territorial. Pero la justicia internacional es muy lenta y generalmente actúa hasta después de que han ocurrido los hechos trágicos que debería evitar.
Es importante mencionar que el gobierno de Guyana autorizó recientemente a seis compañías extranjeras, entre ellas la Exxon Mobil de EE. UU., para que exploren y exploten el petróleo en la aguas territoriales del Esequibo, o sea de Guyana. Esto fue lo que enfureció más a Maduro y a los altos mandos militares, que incrementaron la amenaza del uso de la fuerza para apoderarse del territorio en litigio.
A partir de las mencionadas declaraciones de Marco Rubio sobre este conflicto, parece obvio que si Venezuela invadiera el Esequibo, antes o después de la farsa electoral de mayo, EE. UU. actuaría en defensa del país aliado.
Además, Guyana pertenece a la Organización de Estados Americanos (OEA) y podría invocar la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), el cual establece en su artículo 3.1 que “un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de dichas Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque”.
Desde que ocurrió la invasión de fuerzas interamericanas a República Dominicana, en abril de 1965, hasta ahora el TIAR no fue invocado por ninguno de los Estados Miembros de la OEA. Sesenta años después podría volver a funcionar para de una sola vez poner fin a la dictadura de Venezuela, que se ha convertido en una desafiante amenaza a la seguridad geopolítica regional.