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Después de leer el informe de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), una se queda con la idea de que ser periodista es como un tatuaje, una marca que no se quita ni con dejar la profesión ni con jubilarse de ella.
El Observatorio de PCIN reportó que de enero 2024 al 15 de febrero de 2025 de las 64 víctimas de agresiones, 14 eran personas mayores de 60 años.
Recuerdo que un periodista me comentó que antes de exiliarse un policía le dijo “te buscamos por tu pasado”, él había trabajado en LA PRENSA y hacía años había dejado el Diario y se dedicaba a otra cosa, pero lo vigilaban por haber ejercido el periodismo.
Entonces es cuando me doy cuenta de que si fuiste periodista de un medio de comunicación y lo dejaste o si ya después de dejar una vida en el mejor oficio del mundo te retiraste, la marca sigue ahí.
No es extraño que ya los jóvenes no quieran seleccionar carreras como comunicación o periodismo. Lo más cerca es la moda del marketing digital o relaciones públicas, aunque con menos empresas u organizaciones donde ejercer tampoco es muy tentador.
Aunque la falta de un relevo generacional se vuelve un problema que crece cada año quisiera hacer énfasis en las agresiones a adultos mayores. En primer lugar, porque esta represión llevo a algunos al exilio y no es lo mismo dejarlo todo siendo un joven o un adulto que una persona de más de 60 años; en segundo lugar, porque tienes menos posibilidades en el mundo laboral y en tercero porque tus redes de apoyo quedan en Nicaragua y son más difíciles de construir a esa edad, o al menos me da esa impresión.
Aplaudo el trabajo de PCIN, de los observadores y de las organizaciones que saben que el periodismo es amplio y afecta con interseccionalidad, mujeres, jóvenes, adultos mayores y que llamen la atención a estos focos.
Las organizaciones que apoyan a migrantes, las que van quedando, deben tomar en cuenta esto y apoyar a los periodistas que por defender la libertad y la vida salen de su país, pero sobre todo a aquellos que tienen menos oportunidades de establecerse.
Es lamentable que las oportunidades laborales se reduzcan con la edad, pero es la lógica de que si ya trabajaste toda una vida te toque disfrutar de la jubilación. Lo malo es que hay países donde la lógica está patas arriba, porque también es el curso “normal” de las cosas que tengamos derecho a tener un proyecto de vida en el país donde nacimos y no que alguien decida que te tatuaste una profesión y por eso eres un delincuente.
Son muchas las lecturas del informe de PCIN, pero hay que ir analizando las situaciones una a una y me parece importante empezar por los que nos han dejado un legado, un amor al periodismo y una defensa de décadas de nuestros derechos a la libertad de expresión e información.
La lección de que cuando decides ser periodista pasas por la mesa de un tatuador que te marca para toda la vida es triste. Porque lo que debería traer orgullo, hoy trae temor y podría decirse que frustración de querer estudiar y dedicarte a algo que al final decides no hacer por mantener tu libertad y tu vida.
Si me regresara el tiempo y me preguntaran qué quiero estudiar, creo que seguiría eligiendo el mismo camino, a pesar del riesgo, a pesar de los gobiernos, a pesar de las dificultades, porque me enamoré de la comunicación y a veces hasta vale la pena tatuarse por los amores de la vida.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.