El 25 de marzo de cada año se celebra el Día Internacional de la Vida. Esta conmemoración fue establecida en el año 2003 por los representantes de más de veinte mil organizaciones civiles y religiosas de Europa y las Américas, que se reunieron en Madrid, España, en el primer Congreso Internacional Provida.
El Día Internacional de la Vida se celebra en muchos países del mundo, aunque en algunos lo hacen en otras fechas y lo llaman Día del Niño no Nacido, Día del Niño por Nacer o Día del Concebido. Esto es por el mayor énfasis que se pone a la celebración, de exaltar el derecho a la vida del ser que aún no ha nacido y rechazar el aborto.
En Nicaragua, la última vez que se realizó una gran marcha por la vida, convocada y encabezada por la Iglesia católica, fue el 25 de febrero de 2018, en Managua, antes del gran estallido social y político de abril de ese año y de la terrible represión con la que fue sofocado. En septiembre del mismo año, la dictadura criminalizó toda clase de marchas o manifestaciones callejeras que no fueran las oficialistas, al extremo de prohibir hasta los viacrucis y demás procesiones religiosas, salvo excepciones especialmente autorizadas por el régimen.
También las manifestaciones que realizaban las feministas abogando por el derecho al aborto, que no eran tan masivas como las provida que convocaba la Iglesia, dejaron de realizarse porque la dictadura tampoco las tolera.
Pero la defensa del derecho a la vida no sólo se limita a la del no nacido o del niño por nacer. Abarca a todas las formas y etapas de la vida humana, que es sagrada para la religión e inviolable para el derecho secular humanitario.
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 1. Y en el 3 consigna que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.
El respeto a la vida es ley universal de cumplimiento obligatorio. Pero no en todas partes se respeta y en los países dominados por dictaduras y tiranías se viola de manera sistemática y despiadada.
Es que la vida humana no sólo es amenazada y suprimida mediante el aborto, que es una decisión individual de la persona que lo practica. Así lo entiende también la Iglesia católica que en la Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II, Gaudium et spes (en español Alegría y esperanza) estableció lo siguiente:
“El Concilio inculca el respeto al ser humano, de forma que cada uno, sin excepción de nadie, debe considerar al prójimo como ‘otro yo’, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente…” Y agrega que “cuanto atenta contra la vida —homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado—; cuanto viola la integridad de la persona humana, como por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas (…); cuanto ofende la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro (…), todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana».
De manera que la vida hay que celebrarla y defenderla aún y sobre todo donde los poderes establecidos o impuestos no la respetan. Inclusive, más en estos casos porque la significación de la vida se vuelve más relevante.
Un teólogo de eclesiología y profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuita de Teología, el salvadoreño Carlos Ayala Ramírez, ha escrito que “el valor ético de la vida busca garantizar el derecho de nacer (lo que supone paternidad y maternidad responsables); el derecho de vivir (que implica la satisfacción de las necesidades básicas); el derecho de convivir (en paz, en justicia y cordialidad); y el derecho a la esperanza en la consecución de un mundo incluyente”.
Ciertamente así es. Y en países como Nicaragua en la actualidad, la lucha por la libertad, la democracia, el Estado de derecho y la justicia institucional y social, es una manera sumamente importante de luchar por la vida y por el derecho a vivir con dignidad.