La crisis migratoria creó la nueva palabra o neologismo en español conocida como parole, que se refiere a un programa del Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) para favorecer a migrantes por razones humanitarias. Y se les llama paroleados a quienes se acogieron a dicho programa migratorio creyendo en la buena fe de los gobernantes estadounidenses y la continuidad de sus políticas gubernamentales.
El parole humanitario, en tanto que “permiso de permanencia temporal en EE. UU. que permite a personas extranjeras entrar o permanecer en el país bajo ciertas circunstancias y condiciones” con permiso de trabajo, fue creado en 2022 por el gobierno del presidente demócrata Joe Biden para favorecer a los migrantes venezolanos, y un año después el programa fue extendido a migrantes nicaragüenses, cubanos y haitianos.
Para obtener el parole humanitario bastaba que el migrante tuviera el patrocinio de una persona residente legalmente en EE. UU. Una vez establecido en ese país y mientras durara el plazo del permiso temporal, el paroleado podría solicitar asilo o tramitar otro requisito migratorio para permanecer legalmente en el país.
Según las autoridades estadounidenses, unos 93 mil nicaragüenses fueron beneficiados con el parole humanitario. Pero ahora alrededor de 70 mil de ellos que no obtuvieron otro estatus migratorio son amenazados con la deportación a partir del próximo 24 de abril, o autodeportarse ellos de aquí a esa fecha.
La justificación de las autoridades estadounidenses para sacar masivamente a los paroleados es que ese programa “ya no representa un beneficio público significativo” para EE. UU. y “es incompatible con los objetivos de política exterior de la Administración Trump”. La realidad es que desde que tomó el poder en enero pasado, Trump advirtió que cancelaría el programa del parole humanitario, según él para “asegurar las fronteras y terminar con los programas categóricos que exceden los límites legales”.
La verdad es que Trump puede sacar de EE. UU. a todos los inmigrantes que quiera, y no sólo a los paroleados. Es que todas las personas tienen derecho de transitar por cualquier parte del mundo, pero no tienen derecho de entrar ni permanecer en ningún país que no sea el propio, a menos que se lo autorice el Estado receptor.
Además, con todo el inmenso poder que tiene y lo ejerce dictatorialmente —dictando órdenes ejecutivas—, Trump puede desmantelar todo lo que hizo el gobierno anterior y dejarlo sin legado para la historia de EE. UU. No le importa el grave daño personal y familiar que le causa a la gran cantidad de seres humanos que se acogieron al programa del parole humanitario. Ni el grave peligro que correrán muchos paroleados al regresar a sus países dominados por crueles dictaduras que son “enemigas de la humanidad”, como lo dijera retóricamente el mismo secretario de Estado, Marco Rubio.
La congresista republicana y trumpista cubano-americana, María Elvira Salazar, ha justificado las acciones de Trump contra los inmigrantes porque según ella son para corregir “los desastres” de la Administración Biden. Sin embargo, reconoció que los de Cuba, Nicaragua y Venezuela llegaron a EE. UU. “con la esperanza de encontrar libertad y oportunidades”.
«La administración Trump debería reconocer esta realidad y no castigarlos por los errores de Biden. Démosles la oportunidad de acceder a las protecciones que se les prometieron», pidió la congresista republicana a Donald Trump.
Para atender ese justo llamado Trump necesitaría ser una persona razonable y tener sentido de solidaridad y misericordia. Pero es evidente que no tiene nada de eso.