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Aunque muchos filósofos coinciden en que el tiempo perdido no se puede comprar ni con todo el dinero del mundo, lo cierto es que próximamente estaremos llegando al 18 y 19 de abril del 2025, cuando el heroico pueblo nicaragüense estará cumpliendo 7 años de haberse tomado las calles de la capital, Managua, en patriótica protesta por los intolerables abusos cometidos por la cruel dictadura de los Ortega-Murillo en contra de sus derechos humanos.
El tiempo es implacable y no se detiene bajo ninguna circunstancia para señalarnos, que si la dictadura todavía está ahí enseñoreándose sobre el escarnio de nuestra patria, es porque no hemos hecho lo suficiente para liberarla. Mientras tanto, si revisamos las hojas del calendario, mustias por el uso de ese lapso transcurrido, nos daremos cuenta de que prácticamente no hay días con sus noches en que la dictadura no haya incurrido en alguna violación a sus derechos fundamentales.
No es necesario tener la sabiduría del Rey Salomón para concluir, en que este proceder es innato a toda dictadura. Es una planta maligna, que solo ha logrado arraigar en tres países de las Américas: Venezuela, Nicaragua y Cuba. Esa planta hay que extirparla desde su raíz para que sus habitantes tengan vida. En esas tierras ubérrimas, para las tiranías que ahí imperan no hay ciudadanos sino súbditos cuya obligación principal es doblar la cerviz y arrastrarse en el cieno de la corrupción como los reptiles. El destino del ciudadano que reclama su derecho a pensar y hacer uso de la razón es incierto, como ya lo señalaba el escritor ecuatoriano Juan Montalvo (1832-1889) en épocas pretéritas: encierro, destierro, entierro.
He aquí nuestra Caja de Pandora. Cuenta la mitología griega que en la boda de Pandora con Epimeteo, ella recibió de regalo una caja que contenía todos los males que han azotado a la humanidad durante mucho tiempo, pero que en el fondo de dicha caja, cuando todos los invitados gemían decepcionados por tan infortunado regalo, salió algo tan maravilloso como el nacimiento de Venus que pintó Sandro Botticelli (1455-1510) y llenó de exultante alegría a todos los presentes. Era nada más y nada menos que la esperanza, que venía con su incomparable belleza a despertar los espíritus dormidos.
En resumen, estos son algunos de los males que han salido de nuestra Caja de Pandora: No poder ejercer nuestras libertades públicas y privadas; estar privados injustamente de sus bienes tras dura lucha adquiridos; ver morir a sus familiares por falta de medicina; caer en el desempleo, padecer hambre junto con su prole, no poder mandar a sus hijos a la escuela; no poder practicar su fe católica y demás creencias cristianas; ver partir a sus seres queridos hacia el exilio; saber de la muerte en el extranjero de un pariente cercano y no poder acompañarlo en sus funerales; estar preso por ser opositor al gobierno; en fin una gran cantidad de casos que llenan de profunda tristeza los corazones e inundan los ojos de lágrimas, todo como consecuencia del sistema de gobierno implantado manu militari por la dictadura.
Recordando siempre la gesta de abril del 2018, es verdad de Perogrullo que la situación por la que atraviesa hoy el pueblo nicaragüense es peor en lo político, lo económico y lo social, que la que prevalecía por aquellos días. La dictadura cada día se debilita más y no puede evitar caer en sus propias contradicciones. Las purgas frecuentes en la Policía y el partido FSLN, así lo demuestran.
Por otro lado, fuentes cercanas a la Secretaría del Departamento de Estado en Washington me han informado que están preparando nuevas y más fuertes sanciones en contra de la dictadura de los Ortega-Murillo, por órdenes directas del titular de esa cartera, Marco Rubio, que los calificó en una entrevista reciente como enemigos de la humanidad. No dudo que esto se traducirá en mayores sacrificios para nuestro pueblo, pero también estoy firmemente convencido de que esto será transitorio, porque luego vendrá una nueva era de justicia, progreso y democracia para todos los nicaragüenses. Nuestra patria merece eso y mucho más, porque ha pagado y sigue pagando un precio muy caro por su amor a la libertad.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).