Elecciones y cambio político

Algunos comentaristas opositores han opinado que con la nueva Ley Electoral de Nicaragua se ha cerrado la posibilidad de utilizar el mecanismo cívico de las elecciones para procurar el cambio político democrático que se necesita en el país.  

Pero esa vía ya había sido cerrada. La última vez que hubo alguna posibilidad de conseguir electoralmente un cambio de gobierno fue en 2021. Sin embargo, fue lapidada por la dictadura al encarcelar a todos los precandidatos presidenciales, cancelar los partidos de la oposición y cerrar cualquier espacio de participación política y social en el país.

El régimen ha aprobado una nueva Ley Electoral solo para adaptarla a la Constitución de corte totalitario que fue dictada en enero pasado. O sea que es el marco legal apropiado para hacer “elecciones” sin oposición y darle apariencia de legalidad a la dictadura.

En cuanto al cambio político, este es una necesidad que en algún momento y de cualquier manera tendrá que ocurrir en Nicaragua. “Los cambios políticos —dicen los politólogos y sociólogos— son transformaciones necesarias en la estructura, el funcionamiento o las políticas de un sistema político”.

El sociólogo, consultor político y docente universitario venezolano, Marcos Hernández López, explica en un artículo publicado en el periódico El Nacional, que “los cambios políticos pueden ser graduales o repentinos, pacíficos o violentos, y pueden tener causas y consecuencias diversas… Pueden ser el resultado de una variedad de factores, y pueden manifestarse en diferentes formas, como reformas políticas, movimientos sociales, revoluciones, cambios de gobierno, entre otros”.

Agrega que los cambios políticos pueden ser generados por graves crisis económicas y sociales que causan un gran descontento popular, o por conflictos internos o externos que debilitan al régimen y abren el camino al cambio. En este caso, el cambio podría producirse hasta por la “implosión” de un régimen que se derrumba como consecuencia de sus propias contradicciones que se vuelven insalvables.

Algunos analistas políticos opositores de Nicaragua aseguran que el régimen sandinista de Ortega y Murillo ya está implosionando. Pero eso es más una hipótesis o un deseo que una realidad, porque no hay ninguna evidencia de que tal cosa está sucediendo.

Lo que han dicho los grandes maestros de la política a lo largo de la historia es que los partidos, movimientos y líderes que aspiran a ser factor de cambio político en sus países, deben saber detectar cuándo se han creado las condiciones apropiadas para lograrlo, y estar preparados para conducirlo. “Pues ningún régimen político cae, por podrido que esté, si no se le hace caer”, dijo uno de esos maestros.

En la historia reciente de Nicaragua, los cambios políticos se han producido tanto de manera violenta como pacífica, mediante la lucha armada y la acción electoral. Los sandinistas lo lograron en 1979 con la guerra de guerrillas y la insurrección armada. La oposición política democrática lo logró en 1990 por medio de elecciones. Y los sandinistas orteguistas lo consiguieron en 2006 con la combinación de pactos oscuros y artimañas electorales.

Actualmente, todos o casi todos los opositores a la dictadura de Ortega y Murillo dicen que ya no hay lugar ni condiciones para la lucha armada en cualquiera de sus formas. Sostienen que en las nuevas condiciones históricas, nacionales e internacionales, el cambio político y la recuperación de la democracia será por la vía pacífica, en particular la electoral.

Es una posición sensata, sin duda, pero eso no significa que se deba participar en cualquier elección que monte la dictadura. Tiene que ser en elecciones libres y justas con observación y garantía internacional.

Por ahora eso puede parecer ilusorio. Pero la dictadura no es eterna, en algún momento tendrá que ocurrir el cambio que necesita el pueblo de Nicaragua, y hay que estar preparados para eso.

Editorial
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