Como es conocido, Nicaragua no pertenece a la Organización de Estados Americanos (OEA), a pesar de que fue uno de sus fundadores en 1948. El régimen de Daniel Ortega sacó al país de la OEA porque esta, en cumplimiento de su deber, le exigía respeto a la democracia y los derechos humanos de los nicaragüenses.
Pero, a pesar de que oficialmente Nicaragua no pertenece a la OEA esta sigue teniendo competencia en los asuntos nicaragüenses, en todo lo que se refiere a la democracia y los derechos humanos consignados en los tratados internacionales interamericanos que el Estado nicaragüense firmó y ratificó.
De manera que es del interés nacional la noticia de que este lunes 10 de marzo, los representantes de los países de las Américas que pertenecen a la OEA eligieron por aclamación (para no tener que votar) al nuevo secretario general de la organización. Fue electo el canciller de Surinam, Albert Ramdin, quien sustituirá en abril al uruguayo Luis Almagro, que ha ejercido el cargo en dos períodos consecutivos de cinco años.
Se sabía de previo que Ramdin sería el nuevo secretario general de la OEA, pues la mayoría de los gobiernos de los países que ofrecieron sus votos al otro candidato, el canciller de Paraguay, Rubén Ramírez, cambiaron de opinión a última hora y anunciaron que votarían por el surinamés.
Ramdin es un político y diplomático de izquierda y por lo consiguiente fue apoyado con entusiasmo por los gobiernos izquierdistas de Brasil, México, Colombia, Chile, Uruguay, Bolivia y Honduras. Y fue respaldado por todos los pequeños Estados del Caribe agrupados en el Caricom, de los cuales por lo menos seis pertenecen también a la alianza chavista y castrista Alba.
Si Estados Unidos (EE. UU.) lo hubiera querido pudo influir para que se eligiera a un candidato de derecha o centroderecha democrática, e impedir que la conducción de la OEA pasara a manos de la izquierda. Pero, al parecer al actual gobierno estadounidense no le interesa la OEA, probablemente hasta la considere un estorbo.
Decimos eso porque según el medio internacional Infobae, días antes de la elección interna en la OEA el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y el enviado especial del presidente Trump para América Latina, Mauricio Claver-Carone, coincidieron en decir que “la OEA ya tiene poca razón institucional y que la presente diplomacia americana se siente más cómoda con los encuentros bilaterales”.
Es más, dijo Infobae que un alto funcionario estadounidense le expresó, a condición de anonimato, que “Estados Unidos ya se cansó de pagar sesiones colectivas de psicoanálisis político en la OEA, para que al final nada se resuelva. Dan vueltas y vueltas por la región, y no aportan una sola solución. Es mejor la diplomacia del cara a cara, del uno a uno”, aseguró el funcionario gringo.
El mencionado medio argentino recordó que “la Casa Blanca aporta más de la mitad del financiamiento de la OEA, y respalda la mayoría de los programas que ejecuta”. Y que Estados Unidos “podría dejar de apoyarlos programas anuales de la OEA y reducir a la mínima expresión los millones de dólares que concede al organismo multilateral”.
En todo caso, parece obvio que el nuevo secretario general de la OEA cambiará el enfoque de su política hemisférica. El canciller paraguayo Rubén Ramírez había garantizado que él continuaría la política de Luis Almagro de promoción y defensa de la democracia; y de denuncia de las dictaduras de América Latina que han pisoteado la Carta Democrática Interamericana.
Albert Ramdin, por el contrario, adelantó antes de su elección que se concentrará en “la cooperación para el desarrollo y la asistencia técnica”, que dará prioridad al principio de no injerencia en los asuntos internos de los países. O sea, la defensa de la democracia y la denuncia de las violaciones de los derechos humanos, que son los “asuntos internos” de los países en los que hasta ahora se ha inmiscuido la OEA.
De manera que los dictadores de Venezuela y Nicaragua, que se fueron de la OEA precisamente porque esta les exigía que devolvieran la democracia a sus pueblos, pueden estar contentos con la elección del nuevo secretario de la OEA. Probablemente no los fastidiará como lo hacía Luis Almagro a menudo, basado en la Convención Americana de Derechos Humanos y la Carta Democrática Interamericana, de las que los Estados de Venezuela y Nicaragua siguen siendo parte.
Pero ya habrá tiempo para ver y juzgar el desempeño del nuevo secretario general de la OEA. Y ojalá que no sea tan peor como temen y advierten diversos analistas democráticos.