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Eran las cinco de la tarde. La abundancia de arreboles en el cielo anunciaba el ocaso del día y la pronta llegada de la noche. Detrás de la gélida y dura banca en que me encontraba sentado, había un árbol en el que con gran algarabía numerosos pajarillos se acomodaban en sus nidos y en célica armonía entonaban asombrosas melodías.
Estaba yo meditabundo, pensando en qué nos equivocamos los nicaragüenses para llegar a semejante tragedia, cuando una sombra con las trazas de un anciano, después de saludarme con grata pleitesía se sentó a mi lado.
Era don Cayetano, que venía de Nicaragua y me traía una carta de mi entrañable amigo Mario, quien es su único hijo y se encuentra preso desde hace ya casi 7 años. Sacar la carta, sin que los sayones de la dictadura se dieran cuenta —me dice don Cayetano— fue toda una hazaña. Vaciar un coco, secar su interior, introducir la página manuscrita y luego atravesar un trecho bajo la torva mirada de los esbirros, hasta el portón de hierro donde abundan los cancerberos, todo ello no fue tarea fácil, dice mi interlocutor. En realidad, fue toda una proeza que merece ser aplaudida estentóreamente, porque dado el ambiente de terror que ahí se vive, es necesario tener mucho valor e hidalguía para arrostrar las aberraciones en que se asienta el poder de la tiranía.
Hay que decir, que Mario es un joven universitario de 28 años, que no ha cometido ningún delito penado por las leyes y que la acusación que pende sobre él es la de haber llevado una bandera azul y blanco, durante las manifestaciones del 2018. Me dice —en su carta— que en las ergástulas de la dictadura hay alrededor de 60 prisioneros, hombres y mujeres, que están más o menos en la misma situación que él y que han hecho hasta huelgas de hambre sin que sus justos reclamos hayan sido atendidos por los responsables del penal.
Entre los abusos de que son víctimas los secuestrados están las torturas, la falta de alimentación adecuada, la carencia de medicamentos y atención médica, así como otras violaciones a los derechos humanos que han sido calificados por la ONU y por la CIDH como graves delitos de lesa humanidad. Es oportuno recordar lo que escribió Shakespeare en su Ricardo III sobre una situación semejante: “¡Es muy lamentable que se enjaule a las águilas, mientras buitres y milanos rapiñan en libertad!”
Por todas estas razones, urge una intensa campaña a nivel internacional hasta lograr la libertad de todos los secuestrados, que sufren con admirable estoicismo por luchar cívicamente, en favor de la democracia y la libertad para todos los nicaragüenses.
Lástima que sea demasiado tarde para que Daniel Ortega enderece su camino, como lo hizo el líder de la República Sudafricana, Nelson Mandela (1918-2013), quien después de ser un terrorista se convirtió en un estadista querido y admirado por su propio pueblo y por la opinión pública mundial.
Vale la pena hacer un somero repaso por la vida de este hombre paradigma para la humanidad. Nelson Mandela, en su juventud luchó denodadamente contra el apartheid (segregación racial); fue político, filántropo, escritor y estando preso estudió para abogado por correspondencia hasta graduarse en la Universidad de Londres; estuvo encarcelado durante 27 años bajo la acusación de traidor a la patria y fue liberado en 1990 en medio de una convulsión social. Triunfó en las elecciones como candidato a la Presidencia de la República por el partido CNA en 1994 y se opuso a su reelección en 1999.
Mandela, recibió 250 premios internacionales, la mayoría como gobernante por ser respetuoso de los derechos humanos de sus conciudadanos. Entre estos cabe mencionar: Premio Príncipe de Asturias (1992) y el Premio Nobel de la Paz (1993). En Sudáfrica se le recuerda con cariño y respeto, le llaman Madiba o sea Tata o Padre y cuenta con el reconocimiento imperecedero de todo un pueblo agradecido, que lo ha consagrado para la posteridad, como el Padre de la Nación Sudafricana. Murió a los 95 años y sus restos mortales descansan en una cripta siempre cubierta de flores frescas y de todo color.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).