Nicaragua en los acuerdos de libre comercio internacional

La revista centroamericana y del Caribe de economía y negocios, Vida y Éxito, ha publicado esta semana la información de que en enero pasado el valor de las exportaciones de Nicaragua fue de 647 millones de dólares. Eso significa un crecimiento de 10.7 por ciento en relación con el mismo mes de 2024, precisa la revista y aclara que el dato es del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific) de Nicaragua.

Es bien sabido que la mayor parte de las exportaciones de Nicaragua va a Estados Unidos (EE. UU.). En ese orden es el país que más y mejor ha aprovechado el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con la gran potencia norteamericana, el DR-Cafta.

Pero el régimen de Nicaragua se declara oficialmente como enemigo de EE. UU. y por eso se está hablando de que podría o debería ser sacado de dicho tratado. Hace unos días el delegado del presidente Donald Trump para América Latina, Mauricio Claver Carone, dijo en un programa de CNN en Español que a EE. UU. no le interesa comerciar con Nicaragua.

Sin embargo, Claver Carone aclaró que para eso EE. UU. tiene que ponerse de acuerdo con los demás países socios del DR-Cafta, pues no quisieran perjudicarlos. Y que en todo caso sería hasta fines de este año que se podría excluir a Nicaragua de dicho acuerdo de libre comercio.

Por otra parte, el mismo día que Vida y Éxito dio a conocer la noticia sobre el crecimiento de las exportaciones nicaragüenses en el mes pasado, el martes de la presente semana, LA PRENSA publicó también una información titulada con la pregunta de que si también sacarán a Nicaragua del Acuerdo de Asociación (AdA) con la Unión Europea, que es un acuerdo económico para favorecer a los países centroamericanos.

La pregunta es porque el Parlamento Europeo ha condenado unánimemente las violaciones de derechos humanos y la supresión de las libertades democráticas por el régimen de Nicaragua, y ha señalado que se le debe sancionar también excluyéndolo del AdA. Las resoluciones de este Parlamento no son de cumplimiento obligatorio, pero ejercen presión política en las instancias ejecutivas de la Unión Europea.

La verdad es que cada país —o mejor dicho el gobierno que lo representa— es libre de comerciar con el que quiera. El comercio exterior de los países está regulado y supervisado por la Organización Mundial de Comercio (OMC), que integran más de 170 países entre los cuales están EE. UU., la Unión Europea y Nicaragua. La OMC vela porque las relaciones comerciales de los países sean en pie de igualdad, que no haya competencia desleal ni discriminación de unos a otros. Pero no puede ordenarle a ningún país con cuáles otros debe comerciar o no.

De manera que si por razones ideológicas o intereses políticos el presidente Donald Trump no quiere que EE. UU. siga teniendo relaciones comerciales con Nicaragua, nadie lo puede obligar a lo contrario. Para cortar esos vínculos, de los que depende en gran medida la economía nicaragüense, EE. UU. solo tiene que ponerse de acuerdo con los demás gobiernos de Centroamérica, como lo advirtió Mauricio Claver Carone.

Se conoce que por motivos políticos EE. UU. mantiene fuertes restricciones comerciales contra Cuba, aunque no es cierto que haya un bloqueo yanqui como dice la propaganda cubana. Pero nadie ha podido obligar a EE. UU. a poner fin a las restricciones económicas que impone a Cuba, y de la misma manera la gran potencia yanqui tampoco puede forzar a ningún país a que no comercie con el régimen comunista cubano.

El derecho internacional, incluyendo el de comercio, dice cosas muy hermosas en los textos. Pero en la práctica se impone siempre el crudo realismo político.

Editorial
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