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Lo más doloroso de los 597 días de cárcel que vivió Miguel Mendoza fue perderse momentos clave de la vida de su hija Alejandra, de 10 años. “Ella ha bloqueado todo el tema de Nicaragua, no le interesa recordar”, cuenta el cronista deportivo sobre su hija, quien le hacía cartas y le enviaba dibujos cuando él estaba preso.
Dos años después de haber sido excarcelado y desterrado hacia Estados Unidos, Mendoza asegura que recuperó la “solidez familiar” junto a su hija y su esposa Margin Pozo. Además, ha retomado su pasión, la crónica deportiva, pero también sigue haciendo contenido sobre temas políticos y de actualidad nacional.
En esta entrevista, Mendoza nos relata cómo se ha reinventado para seguir con su profesión, además de cómo toma las críticas y ofensas que recibe casi todos los días en sus redes sociales por parte de sandinistas e incluso opositores de corte radical.

¿Cómo está a dos años de su destierro?
Pues me siento bien, me siento en paz. Tranquilo porque tengo a Margin (Pozo, su esposa), tengo a mi hija. Estoy haciendo periodismo aquí a través de mis redes sociales, y estoy aquí acostumbrándome. No salgo, trabajo en la casa. Y desde el punto de vista de salud, ahí con algunos malestares que no se me quitan, pero en líneas generales bien.
¿Cuáles son esos malestares?
Estoy lleno de enfermedades, algunas crónicas. Me tengo que estar cuidando con la diabetes, el ácido úrico. Eso es lo principal. También algún problemita a veces de equilibrio que tengo de la cabeza, que me duele, que no me duele, y en eso paso, pero también eso tiene que ver con las etapas que se viven al estar metido de lleno en las noticias sobre Nicaragua. Eso lo mantiene alterado a uno, lo mantiene enfermo.
¿Pasa todo el día viendo noticias sobre Nicaragua?
Sí, porque estoy trabajando completamente en mis redes sociales. Subiendo contenido a mi canal de YouTube, a TikTok, monetizando. Esto es a lo que me dedico. De vez en cuando me sale un trabajo con otra gente de reparación de piscinas. Entonces, combino las dos cosas, pero fundamentalmente en eso. Las piscinas salen unas tres veces a la semana y después dedico todo el tiempo a consumir noticias, a interpretarlas, hacer programas, hacer videos y también a vender noticias, hacer algo como freelance. Hago notas y las vendo.
Como latino y perseguido político, ¿cómo está viviendo las medidas de Donald Trump contra los migrantes en Estados Unidos?
Espanta y es muy doloroso lo que está pasando con los migrantes porque este país fue construido por migrantes. Espanta también la xenofobia que hay, el odio, el racismo. Pero el odio que me espanta es el de la gente de nuestra misma raza. Es doloroso ver a nicaragüenses pidiendo la deportación de nicaragüenses.
No es lo que está haciendo Trump, porque yo esperaba de Trump esto. O no es lo que están haciendo los americanos, porque los americanos viven incómodos. En el fondo tienen razón porque la gente sólo busca venir para acá. Como tienen razón los ticos, en cierto sentido, no completamente, de que se han ido los nicaragüenses a Costa Rica. Es como yo siempre digo, ¿qué pensaríamos nosotros si medio millón de ticos estuvieran en Nicaragua? Si nos están incomodando los chinos ahora.
Lo que quiero decir es que los estadounidenses y los políticos de este país hagan su política porque es su país. Lo que yo no entiendo es la carga de ese odio, de esa maldad, de esa persecución de gente que pasó lo mismo que pasamos nosotros. Y con los presos políticos ocurre algo extraño. Alguien escribió hace un tiempo: “Los presos políticos son bonitos, son inteligentes, son héroes cuando están presos”. Y cuando uno sale es que ya se dan cuenta que uno tiene una opinión, que uno la expresa, que tal vez no es como aquellos opinan o aquellos piensan, entonces ya empiezan a una carga despiadada.
¿Cómo se reinventó para volver al periodismo después de haber estado en prisión?
Yo creo que retomé y continué porque era lo que hacía antes.Me tomé una pausa a la fuerza en El Chipote de 597 días y cuando alguien como yo ha vivido en esto, en la crónica deportiva, en el periodismo consumiendo noticias, ¿te imaginas la desesperación de estar metido allí sin poder informarse?Uno sale disparado como que fuera una carrera de 100 metros buscando cómo consumir lo que se perdió, actualizarse.
Tenía varios planes estando en el Chipote. Había imaginado hacer como un boletín informativo. Había pensado también hacer un programa en redes sociales. Había pensado todo esto cuando me liberan y cuando empiezo a sentir que puedo, tengo que comprar cosas. A mí me regalaron una computadora, me regalaron una cámara, me regalaron un teléfono. Y con esas tres herramientas empecé.
¿Cómo fue ese inicio?
Ya tengo más de un año de estar haciendo el programa. Le puse «El Informante TV» porque yo quería ponerle solo «El informante», alguien como que anda dando noticias, porque yo creo que soy reportero. No soy ni analista ni comentarista, yo soy un reportero y el reportero es alguien que recoge y da noticias, que las analicen otros. Esa siempre fue mi característica dentro de la crónica deportiva. Entonces yo quería ponerle algo así como «El informante», pero cuando voy a buscar, ya está vendido y tengo que comprar el enlace, y así quedó como «El Informante TV».

¿Fue difícil? Porque imagino que después de la cárcel podía estar desactualizado con las noticias.
Sí, yo empecé a hacer una alianza con Onda Local cuando me liberaron. Hacía un programa de deportes en la noche y después poquito a poco, porque no fue fácil soltarme, decidirme a hablar hasta que yo no sintiera que estaba listo, que pudiera hablar de boxeo, sobre cosas que habían estado ocurriendo, sobre cosas de beisbol. Ese arranque me costó. Me costó actualizarme. Me costó estudiar, ver, informarme, saber qué es lo que está pasando. Eso me costó porque hay que invertir tiempo. Y cuando decidí que ya estaba listo, empecé a hacer un programa en la mañana, de deportes.
¿Cómo consiguió el gran número de seguidores que tiene ahora en redes sociales?
Yo cuando empecé tenía como 4,000 o 5,000 seguidores en el canal de YouTube. No tenía gran audiencia. Había pocos programas en los cuales para mí era fabuloso ver que estaban 200 pegados viendo en el programa, pero a partir de las elecciones de Venezuela (en julio de 2024), yo empecé a cambiar. Me concentré en lo de Venezuela y de ahí la audiencia se me disparó. De repente esos 200 eran mil. Y miraba programas que tenían 10 mil o 15 mil vistas. Muy superior a lo que había estaba alcanzando en el deporte y ahí me di cuenta de que la gente estaba esperando que yo dijera algo. A mi manera, con mi forma, porque cada uno de nosotros tiene un estilo.
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¿Tiene ayuda de alguien más para hacer el programa?
Yo hago todo en la computadora. Yo enciendo las luces, yo pongo la cámara, yo me tengo que levantar temprano para cortar video, para editarlo. Me acuesto noche leyendo algunas cosas para el día siguiente tener ya actualidad en lo que voy a decir. Desde el punto de vista técnico, yo no podía trabajar con streaming y gracias a Winston Potosme (periodista) que me enseñó cómo manejarlo, pude enlazar mis redes sociales, poner la cámara, romper croma, cosas así, y he ido ahí medio aprendiendo a editar.
Tengo que hacer el lado técnico, pero también tengo que hacer el lado informativo, de los comentarios. Eso te quita concentración, pero yo creo que me he acostumbrado a eso y la gente que me ve, gracias a Dios, te puedo decir que ahora mi canal de YouTube tiene casi 43 mil personas. Tengo una cuenta en TikTok que ya va llegando a los 250 mil y es una cuenta que tiene un año. En Facebook ya supero los 220 mil. Yo creo que la gente sigue mi trabajo. Unos siguen porque me odian, los sapos, por ejemplo, y otros me siguen porque les gusta.
¿Por qué habla de política ahora cuando antes se dedicaba a la crónica deportiva?
El que me conoce sabe que yo siempre anduve leyendo, hablando de política, metiéndome en cosas que no debería meterme, pero sentía la necesidad. Siempre metía mi cuchara en cosas que no tenían que ver con el deporte. Entonces, ahora porque es una necesidad de informar, pero también cuando miré que la audiencia se estaba disparando, yo dije: “Por aquí es el camino”. Yo miré que en el deporte no arrancaba el programa y yo giro por una cuestión de coyuntura, sobre lo que está pasando en Venezuela. Me consigo entrevistas con figuras de la oposición de Venezuela, con influencers venezolanos.
También después de lo que me pasó, que caí como preso político por opinar sobre el sufrimiento, la tragedia que estábamos pasando, yo no puedo desvincularme, o sea, no puedo desligarme de la situación que está pasando Nicaragua. Yo constantemente digo en el programa que cuando seamos libres, que cuando regresemos, que cuando Nicaragua esté en democracia. Yo bien si me olvido de esta babosada y regreso a mi beisbol, regreso a mi boxeo y me dedico a ser cronista deportivo al 100%, o sea, quisiera porque el deporte y la crónica deportiva es muy tranquila, te divertís. Pero estar constantemente escuchando a la Chayo, siguiendo lo que dice Daniel Ortega, estar pendiente de lo que pasó en Venezuela, mirar la tragedia y la persecución de la Iglesia, todo esto te enferma, te envejece rápido. Yo estaría tranquilo con la crónica deportiva.
¿Cómo es para usted cargar con haber sido preso político y a la vez cubrir deportes en donde la dictadura está muy presente, como el beisbol o el boxeo?
Es sabroso porque me despacho. Yo digo las cosas que no pueden decir en Nicaragua. Ahorita la selección de beisbol está en Taiwán, en el preclásico. Hizo cuatro partidos de fogueo en Japón. Los llevaron a un campo que no tenía medio metro de grama y lo que estaban diciendo los cronistas de Nicaragua es que allí entrenan los peloteros profesionales de Japón, lo cual es una mentira. ¿Cómo me van a decir que Japón, que tiene el segundo máximo beisbol del mundo, que tiene uno de los mejores estadios del mundo, manda a entrenar a los peloteros profesionales a un terreno que parece un potrero? Entonces, yo me burlo de la misma crónica. Fijate que esa parte la disfruto.
Hace un par de meses todos los cronistas en Nicaragua publicaron que el Chocolate González iba a pelear en Nicaragua un campeonato mundial con un desconocido sudafricano porque le están pagando más que para una pelea con el Bam Rodríguez, que es el mejor boxeador de los pesos chiquitos del mundo. Eso es una mentira. Los cronistas deportivos en Nicaragua, igual que los del periodismo de política, están secuestrados. Disfruto de esa parte porque yo no tengo freno. No tengo filtro. No me pueden controlar. No estoy silenciado. No estoy secuestrado. No tengo un bozal como lo tiene la crónica deportiva porque la dictadura se ha metido en el deporte. Ahora un hijo de Daniel Ortega es el dueño del Bóer. Se han apoderado totalmente del deporte.
En redes sociales le llueven críticas y ofensas tanto de sandinistas como de algunos sectores de oposición.
Hay que bañarse con aceite de coco. No me afectan. He aprendido a convivir con los haters, con los que te insultan, que no te conocen. Incluso, se supone que son personas que están en contra de Ortega, que no me conocen y me empiezan a decir barbaridades. Los leo poco. Antes respondía, pero ahora respondo solo cuando sé quién es la persona y está insultando desde su nombre real. No le respondo a alguien que no tenga rostro, porque no sé si es hombre, si es mujer, si es ella, si es él. No sé si es «Transformers»´». No sé.
Me agrada que hay un grupo en las redes sociales, sobre todo en Facebook, que cuando alguien me ofende le caen en piña. Entonces, ellos hablan por mí. Una vez había una campaña contra mí de un grupo de Miami, y yo llegué al estadio de Miami y la gente se tomó más fotos conmigo que con los peloteros de la selección de beisbol. Y yo digo: “Esta gente no está en las redes sociales. Esta gente ni sabe que hay una ofensiva contra mí”. Eso es porque es un pequeño sector.

¿Cómo hace para que estas críticas y ofensas no afecten la imagen que su hija tiene de usted?
No se da cuenta. Mi hija no tiene redes sociales. Más bien se burla de mí y es primera vez que lo voy a contar. Ella dice: “Mi papa, ¿le ocurre algo a Daniel? Hace un video. ¿Le ocurre algo a la Chayo? Otro video”. Así como burlándose de mí. Pero no le afecta porque no lee, no está en redes sociales. Además, no hablo de eso con ella. Comparto algunas cosas con Margin, no todo, porque igual, no le presto atención. No le doy mucha relevancia. No me enferma. No entro en depresión y no voy a hablar con mi mujer de esas cosas. Obviamente ella se da cuenta de algo, pero no llega a afectarme el entorno.
Si fuera algo que yo cometí un error, que yo cometí un crimen, que yo hice las cosas incorrectas, que fue en contra de mis valores, tal vez me afectara, pero hasta el momento yo hago y digo las cosas como las pienso. Las publico como las creo y no me van a frenar aquí donde tengo libertad. Vivo en un país donde se respeta la libertad de expresión.
¿Cómo está la relación de padre e hija después de los dos años que estuvo preso? Recuerdo que ella le escribía cartas y le hacía dibujos
Creo que más para ella se le ha dificultado porque son dos años que se pierde un vínculo, se pierde la unión de padre e hijo. Son dos años que ella no me vio en la casa, que me perdí, que me ausenté y no le vi algún desarrollo en sus cualidades. Por ejemplo, no pude estar en el momento que ella iba aprendiendo a leer, entendiendo las materias. Ella ha bloqueado todo el tema de Nicaragua, no le interesa recordar. Ella sabe quién es Ortega, quién es la Chayo, entiende lo malo que son, pero si vos le preguntás sobre esas cartas, sobre mi etapa en la cárcel, ella lo bloqueó. Ella lo entiende, lo sabe, lo recuerda, pero no lo platica.
Está mejor este año que el año pasado porque ya entiende el idioma, ya tiene amiguitos en el colegio, ya se puede comunicar con la profesora y aquí pues hemos tratado de reunir las herramientas que ella necesita para que tenga un aprendizaje. Tenemos muchas ilusiones con ella. Para mí era desesperante no verla, no saber cómo la estaban pasando ella y Margin, pero ha sido más difícil para ella aceptarme porque durante esos dos años ella creó un vínculo muy sólido con su mamá y ahora hemos recuperado esa solidez familiar.
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