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El día que Donald Trump firmó una orden ejecutiva con la intención de quitar el derecho a la nacionalidad por nacimiento, la nicaragüense Marcela se asustó. Con seis meses de embarazo empezó a pensar qué le podría pasar a su hijo que nacerá a finales de abril. ¿Y si no le dan papeles? ¿Cómo podría salir del país sin pasaporte?
Marcela, de 36 años, vive en Atlanta y es solicitante de asilo. Llegó a Estados Unidos hace poco más de un año con parole humanitario. «Trump dijo que iba a afectar a todos los hijos de migrantes, legales (padres con estatus temporal) o ilegales, y en ese momento eso me tocaba a mí también. Aunque varios jueces han parado eso, el miedo sigue ahí, sobre todo para las que estamos esperando bebé. Es injusto que una pase un embarazo con esa incertidumbre, cuando lo único que quiere es que su hijo nazca bien», asegura.
Tras su llegada a la presidencia, Donald Trump, en su lucha contra la inmigración firmó una orden ejecutiva donde planea quitar el derecho a la ciudadanía por nacimiento. Este derecho está garantizado en la 14a Enmienda de la Constitución estadounidense que dice que “todas las personas nacidas y naturalizadas en Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de Estados Unidos y del estado en el que residen”. Trump plantea no dar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes sin papeles y también a aquellos cuyos padres tienen estatus temporal.
La orden ejecutiva ordena a las autoridades no emitir documentos que reconozcan la ciudadanía de niños nacidos en Estados Unidos que son hijos de inmigrantes indocumentados o hijos de inmigrantes con visas temporales de trabajo, estudiantes y turistas.2 2 estados han demandado a Trump por esta iniciativa y varios jueces han bloqueado la orden ejecutiva del presidente. La propuesta enfrenta varios desafíos legales.
Lee la orden ejecutiva completa aquí.
Marcela no es la única preocupada. En Austin, Texas, vive otra nicaragüense que también llegó con parole humanitario y tiene siete meses de embarazo. Aunque no se trata de una medida aprobada, Carla siente temor por su hija. “Es solo una niña. Es hasta inhumano negarles los derechos a los niños”, dice.
Carla, de 25 años, llegó a Estados Unidos en noviembre de 2023. Quería mejorar la economía de su familia y sustentar a su hija de seis años que quedó con su mamá en el occidente de Nicaragua, de donde es originaria.
Preocupadas por la atención médica y la situación migratoria
Durante todo su embarazo Carla ha sido atendida sin problemas en el St. David’s Medical Center de Austin, pero desde que Trump firmó la orden ejecutiva ir a sus controles le genera preocupación. “Lo que me da miedo es que en el hospital me nieguen algún servicio por ser migrante o que ellos digan que somos migrantes y me detengan, no quiero dejar sola a mi hija”, dice.
A Marcela le pasa igual. «Después de oír a Trump diciendo que va a quitar la ciudadanía por nacimiento, a uno le da miedo hasta ir al hospital, porque esa retórica solo alimenta el racismo y la xenofobia. Una no sabe si la van a atender bien o si la van a tratar mal solo por ser hispana», dice.
Cuando Trump llegó al poder, canceló el parole humanitario que permitió a 100,000 nicaragüenses llegaron de forma legal a Estados Unidos y poco más de medio millón en total, incluyendo venezolanos, haitianos y cubanos. Trump no solo lo eliminó el parole, además autorizó a realizar deportaciones expeditas para aquellos que entraron con parole y que no han solicitado un cambio de estatus migratorio. Además, según CBS News que tuvo acceso a documentos del Gobierno, Trump planea revocar el estatus a quienes llegaron al país con este programa, dejándolos en un limbo migratorio y expuestos a la deportación.
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Para Carla es una preocupación tras otra. Las preocupaciones de su embarazo, luego la posibilidad que su hija no pueda acceder a su ciudadanía y su estatus migratorio como beneficiaria del parole. Y una angustia más, si decide irse a Nicaragua que no la dejen entrar. La dictadura de Daniel Ortega en el último mes ha negado discrecionalmente la entrada a cientos de nicaragüenses al país. «Me da miedo que también me detengan en esas redadas del ICE y me deporten, por eso te digo preferiría irme a Nicaragua. Si es que por donde lo veás salimos perdiendo aquí, yo por eso quiero regresarme a Nicaragua, pero tengo miedo de que no me dejen entrar. No quiero andar de arriba abajo viendo donde me quedo, pues con mi pareja», dice.
Marcela se siente un poco más segura porque metió sus papeles para cambiar de estatus migratorio, pero el tema migratorio no deja de ser una preocupación constante. «La mayor inseguridad de estar aquí en Estados Unidos es lo incierto que es todo con la cuestión migratoria. Uno viene con la esperanza de algo mejor, pero siempre está ese miedo de que cambien las cosas y lo dejen a uno en el aire. Adaptarse no es fácil, el idioma, el trabajo, el ritmo de vida… y si a eso le sumás que estás embarazada, todo se siente más pesado», cuenta Marcela.
En medio de las dificultades que trae consigo migrar, Carla y Marcela intentan seguir adelante con sus vidas. “Ahorita sigo en ese proceso de adaptación, hay días en los que me siento motivada y otros en los que todo se siente preocupante, pero trato de enfocarme en lo bueno y seguir avanzando”, dice Marcela.