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Más allá de las consecuencias que provocará en la economía de la región una posible guerra comercial, derivada de la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos, sumado al efecto de una posible reducción de las remesas, como consecuencia de la política migratoria que impulsa el presidente Donald Trump, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que la región cerró en 2023 su segunda década perdida y si no fortalece sus políticas de desarrollo productivo transitará hacia la tercera.
La clave para fortalecer las políticas de desarrollo productivo, según la Cepal, es una apuesta conjunta y colaboración entre los gobiernos y el sector privado. Alianza que al menos en el corto plazo no será posible en Nicaragua porque el régimen Ortega Murillo sumó al sector empresarial a su lista de enemigos políticos.
Según la Cepal, en un período más reciente y en un contexto mundial más complejo desde el punto de vista del comercio y las finanzas, el rezago de América Latina y el Caribe se ha hecho aún más evidente y la región terminó en 2023 una década aún más perdida que la década perdida en los años 80.
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Cepal señala baja capacidad para crecer
«Entre 2014 y 2023 la baja capacidad para crecer que afecta a la región fue evidente, el crecimiento promedio anual del Producto Interno Bruto (PIB) fue de solo 0.9 por ciento», es decir, «menos de la mitad de lo que creció la región en la famosa década perdida de los años 80, cuando el crecimiento en promedio se ubicó en 2 por ciento por año».
Lo grave es que las condiciones económicas siguen dadas para que la década que empezó en 2024 se sume a las dos que ya se perdieron, ya que los problemas estructurales se mantienen: la capacidad para crecer y gestionar la modernización y desarrollo sigue siendo baja.
“Desde la Cepal vemos a la región sumida en tres grandes trampas del desarrollo: una de baja capacidad para crecer, una de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social, y una tercera trampa de bajas capacidades institucionales y de gobernanza poco efectiva”, señaló el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs.
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Cepal advierte que el 2025 será complejo
Salazar-Xirinachs reconoció que América Latina y el Caribe enfrentan un 2025 complejo, «con temas coyunturales de envergadura como las disrupciones tecnológicas, climáticas, la incertidumbre geopolítica, y las acciones de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump», y enfatizó en que es urgente abordar los problemas estructurales que aquejan a la región.
“Más allá de los temas coyunturales que deberemos enfrentar en 2025, la región mantiene problemas estructurales. La baja capacidad para crecer es también baja capacidad para transformar, para gestionar la modernización y el desarrollo”, explicó Salazar-Xirinachs.
El secretario ejecutivo de la Cepal hizo estas advertencias en Panamá, durante su participación en el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2025: ¿Cómo retomar la senda del crecimiento?, que organizó el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, conocido antes como Corporación Andina de Fomento (CAF).
Según el funcionario, para que los países de la región retomen la senda del crecimiento, la clave son las políticas de desarrollo con apuestas sectoriales como los motores de crecimiento que propone Cepal en el reporte: Panorama de las Políticas de Desarrollo Productivo, que la organización publicó por primera vez en 2024, pero la publicará cada año.
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Avance de unos años se retrocede en otros
Parte de la volatilidad refleja las oscilaciones del financiamiento externo y de las condiciones de intercambio con el exterior, derivadas de los ciclos de precios de productos básicos, así como el patrón
procíclico que caracteriza la política macroeconómica de los países latinoamericanos; además, en varios países está arraigada en una concentración de las exportaciones en unos pocos productos y en la poca diversificación productiva.
Según dicho reporte, más allá de la coyuntura, es importante tener claro que el problema que la región enfrenta en materia de crecimiento es estructural y a largo plazo. «El crecimiento tendencial promedio en los 30 años de 1951 a 1979 fue del 5.5 por ciento, en los siguientes 30 años de 1980 a 2009 bajó al 2.7 por ciento por año (la mitad del período anterior) y en los 15 años de 2010 al presente volvió a bajar a solo el 1.6 por ciento por año».
Según el organismo, la región se caracteriza por una reducida capacidad para crecer y la alta volatilidad de sus tasas de crecimiento impiden que los países alcancen elevados niveles de ingreso per cápita, ya que el avance de unos años se pierde en otros. Además, la volatilidad de las tasas de crecimiento frena la reducción de la desigualdad, la formalidad del mercado laboral y la creación de empleos de calidad.
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Cepal pide alianzas para lograr el cambio
«Por todo esto es fundamental promover no solo un mayor crecimiento, más diversificado y menos volátil, sino también un nuevo tipo de crecimiento direccionado hacia una mayor inclusividad social y sostenibilidad ambiental», así también, «promover la mayor proactividad y colaboración entre el sector privado, el sector académico y la sociedad civil, pueden contribuir a escalar los esfuerzos de las políticas de desarrollo productivo y su impacto a partir de inversiones relativamente moderadas», asegura la Cepal.
Curiosamente, las dos décadas perdidas para la economía de Nicaragua, la de los 80 y la que concluyó en 2023, transcurrieron bajo la administración de Daniel Ortega, y ante las circunstancias actuales, todo indica que él también será el responsable de que la economía nicaragüense acumule una tercera década perdida, ya que de no haber cambios políticos, no habrá forma de evitarla.
Esto porque a las amenazas externas se suman los posibles efectos de una ruptura comercial con Estados Unidos, que es su principal socio comercial y fuente de remesas y de inversión extranjera; quiebre que será provocado por las violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad que cometió Ortega durante la crisis sociopolítica.
Sin alianza con sector privado no se podrá evitar
Otro punto en contra para que Nicaragua evite una tercera década perdida es que según la Cepal es necesario fortalecer las políticas de desarrollo productivo, pero este fortalecimiento solo es posible, mediante una apuesta conjunta y la colaboración entre los gobiernos y el sector privado.
En Nicaragua este trabajo conjunto entre gobierno y sector privado solo será posible cuando en el país se dé un cambio político, que en el corto plazo no parece posible. Desde el estallido social de 2018, provocó la ruptura del modelo de diálogo-consenso que el régimen Ortega Murillo mantuvo por casi una década con la gran empresa. Ahora los considera sus enemigos, encarceló a sus principales dirigentes, cerró todas las organizaciones empresariales y les confiscó sus bienes.
Actualmente los mantiene sometidos a chantajes fiscales y a controles excesivos mediante la aprobación de nuevas leyes; y aunque los empresarios afines al régimen intentaron aglutinarse para asumir el rol del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) —representante histórico de la gran empresa— no lo lograron, la Asociación de Promoción al Desarrollo y la Sostenibilidad de Nicaragua (Aprodesni) también fue clausurada junto al resto de organizaciones gremiales.
Este panorama que enfrenta el sector privado nicaragüense impide que el país responda al llamado que hizo recientemente la Cepal a los «gobiernos y sectores privados de la región a fortalecer las políticas de desarrollo productivo apostándole y colaborando para el desarrollo de sectores dinamizadores del crecimiento y la transformación para avanzar hacia un futuro más productivo, inclusivo y sostenible». Además, podría ser el principal motivo para que el país sume una tercera década perdida.