¿Logrará Trump establecer un nuevo orden internacional?

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Desde el 20 de enero pasado, un fuerte temblor, proclive a convertirse en cataclismo, recorre las entrañas del Centro, Sur y el Caribe de las Américas, amenazando principalmente a las arcaicas dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Los tiranos de esos países: Díaz Canel, Ortega y Maduro, que hasta hace pocos días vociferaban con voces estentóreas en contra del “imperialismo yanki” se han vuelto muy herméticos. Están calladitos, como metidos en un cumbo, ya que si tenían alguna duda sobre el origen y fines de estos temblores, el remezón que acaba de sacudir a Petro, el aspirante a dictador en Colombia, les indica que no es jugando la cosa y que lo mejor que pueden hacer es buscar cómo apaciguar, durante los próximos 4 años al fenómeno que les amenaza.

Hablemos claro. El filósofo nos dice “que no hay efecto sin causa” y no se necesita ser muy inteligente para darnos cuenta de que el origen de esta tembladera, que tiene al borde del colapso a las tres dictaduras, es el advenimiento de un nuevo presidente en los Estados Unidos, Donald J. Trump, quien junto con sus cercanos colaboradores se han comprometido a ejercer el enorme poder que tienen en función de los más altos intereses de los EE.UU., y del continente americano. En suma, lo que vivimos el 20 de enero en Washington fue que mientras por una puerta de la Casa Blanca salía el expresidente Biden cabizbajo y rodeado por sus ingenuas palomas, por la otra puerta entraba erguido el presidente Trump irradiando esperanzas por todos lados y acompañado por sus altivos halcones.

La experiencia, maestra de la vida, nos dice que a un presidente, de cualquier nación, se puede vaticinar lo que va a hacer durante su mandato, no solo por su trayectoria, sino también por el grupo de personas que lo rodean. Si Trump ha seleccionado para su gabinete a personas que se han caracterizado por su firme adhesión a los principios democráticos y por su profundo repudio a las dictaduras, hay suficientes razones para elucubrar que con su ayuda, los pueblos de América Latina, más temprano que tarde, van a enrumbarse nuevamente por los caminos de la democracia.

A propósito de esto, fuentes fidedignas conocedoras de los movimientos que tras bambalinas se relacionan en Washington, me han informado que en política exterior el principal objetivo de Trump es dejar establecido un nuevo orden internacional principalmente en lo relacionado a las Américas.

En la política como en el amor está permitido soñar. Si Trump lograra erradicar las nefastas dictaduras que ya proliferan en las Américas y como complemento les brinda a los países la ayuda económica que necesitan para su desarrollo, como el Plan Marshall que levantó a Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial, estaría matando dos pájaros con una misma piedra.Por un lado, estaría fomentando la prosperidad de nuestros pueblos y al mismo tiempo estaría terminando con el problema de los migrantes, que por millones buscan desesperadamente su salvación económica y la de sus familias, en el “sueño americano”.

Todo parece indicar que el presidente 47º quiere orientar su política siguiendo los pasos del presidente 25º de los Estados Unidos: William McKinley (1897-1901). Tanto el uno como el otro propugnan por la grandeza de los EE. UU. Ambos profesan el expansionismo. McKinley después de vencer a España en la guerra de 1898 asumió el control de Puerto Rico, Guam y Filipinas. Trump, busca ahora cómo controlar Groenlandia, el Golfo de México y el Canal de Panamá. Ambos van por el aumento de los aranceles a las importaciones, Trump amenaza hacerlo con sus socios comerciales Colombia, México, Canadá y China. Ambos se reeligieron, pero el 6 de septiembre de 1901 McKinley fue asesinado por un anarquista llamado León Czolgosz. Ojalá que Trump tenga un buen final, tanto en su gobierno como en su vida propia.

Mientras tanto, deseo hacer una fraternal exhortación al pueblo nicaragüense, para que se mantenga firme en sus convicciones democráticas. Que no desmayen y menos claudicar, porque hay razones para pensar que se acercan días cuando podremos disfrutar juntos de los beneficios de la democracia: justicia, progreso y libertad.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí