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Nicaragua, junto a Venezuela y Cuba, representan un desafío constante para la comunidad internacional y de manera especial para los actores democráticos de América Latina. En estos momentos la atención internacional está puesta sobre Venezuela y los acontecimientos que se puedan desencadenar a partir de la pretensión de Nicolás Maduro de permanecer en el poder, a pesar de que el 28 de julio de 2024 perdió las elecciones presidenciales frente a Edmundo González Urrutia.
El 10 de enero de 2025, el mismo día en que el presidente electo Edmundo González debía tomar posesión en Venezuela, en Nicaragua la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo materializaría una de las aberraciones jurídicas y políticas más grandes en la historia del país: aprobando en segunda legislatura una reforma a la Constitución que significa la instalación de un régimen político con un modelo de Estado totalitario, que además representa un retroceso fatal en cuanto a los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Las implicaciones de estas supuestas reformas parciales que transformaron casi totalmente la Constitución marcan un punto de inflexión en el proceso político de Nicaragua y deben servir como señal de alarma para la comunidad internacional, especialmente para los países de Latinoamérica, porque constituyen el basamento de una nueva dinastía familiar en la región. Este es un mal ejemplo para quienes, desde sus posiciones de poder, promueven proyectos autoritarios en la región, especialmente en Centroamérica, todavía aquejada por gobiernos y líderes autoritarios.
Se trata de un hecho de mayor importancia que no puede pasar desapercibido para los actores democráticos de la comunidad internacional, porque deja sentado un peligroso precedente para toda América Latina y el resto del mundo.

Seguiremos sumando esfuerzos
La Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) hace un fehaciente llamado a la comunidad internacional, a los Gobiernos y actores democráticos del hemisferio, de Europa y otras regiones del mundo, para que durante el 2025 mantengan a Nicaragua entre sus prioridades de acción y sigan acompañando a las organizaciones y la ciudadanía nicaragüense en su demanda de democracia, justicia y libertad.
En ese sentido, confiamos en que la administración de Donald Trump que asumirá la Presidencia de Estados Unidos el 20 de enero, continúe respaldando las acciones de presión contra la dictadura de los Ortega Murillo.
Además, esperamos que los gobiernos de los países de Europa se sumen para empujar acciones coordinadas contra la dictadura de Nicaragua; que los Organismos Financieros Internacionales (IFI), no sigan facilitando fondos que contribuyen al sostenimiento del régimen Ortega Murillo; y que los organismos internacionales de derechos humanos sigan acompañando firmemente las denuncias y búsqueda de justicia para las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos que han cometido los Ortega Murillo.
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A nuestros hermanos venezolanos, les reiteramos nuestra solidaridad y esperamos que pronto se abran las puertas de un futuro, democrático y libre para su país y que esto suceda también en Nicaragua.
Mientras eso ocurre la CDN seguirá sumando esfuerzos junto a otros actores nicaragüenses, para alcanzar la ansiada transición hacia la democracia y el restablecimiento de los derechos y libertades ciudadanas. Una de las tareas que se mantendrá como prioridad es la labor de incidencia internacional en busca de justicia para las víctimas y que los responsables de los crímenes no queden impunes. Los desafíos son grandes, pero el compromiso con la libertad de Nicaragua es mayor.
*Este artículo se publicó originalmente en: www.cdnicaraguense.com
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