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Tal pareciera que como dice el poeta, “los designios del destino son inevitables”. Dos pueblos hermanos, Venezuela y Nicaragua, que aman la democracia participativa, hoy se encuentran bajo el yugo de sangrientas tiranías. Mas, cuando la oscurana que se presenta sobre ambos países desaparezca y brille con todo su esplendor el sol de la libertad, cada 10 de enero, nicaragüenses y venezolanos, recordaremos esa fecha como un hito fecundo en la historia de nuestras naciones.
Los nicaragüenses, porque el 10 de enero de 1978 fue vilmente asesinado en las calles de Managua el hoy Héroe Nacional y Mártir de las Libertades Públicas, doctor Pedro J. Chamorro Cardenal. Su ejemplo imperecedero brillará siempre como estrella de primera magnitud, en la conciencia de todos los buenos nicaragüenses que aman a su patria por sobre todas las cosas.
Y los venezolanos, porque el 10 de enero del 2025 tomarán posesión —después de ardua lucha— de la Presidencia y Vicepresidencia de la República, Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, respectivamente. Esta fórmula ganó ampliamente en las elecciones del 28 de julio pasado y lograron demostrar su victoria mediante la presentación de las actas electorales —cosa que no pudieron hacer los chavistas— que dan al vencedor el 67 por ciento del voto popular y al candidato oficialista (Nicolás Maduro) únicamente el 30 por ciento. Líderes democráticos de todo el mundo acompañarán a los venezolanos en su marcha triunfal hacia el Palacio de Miraflores.
Algunos se estarán preguntando: ¿Qué relación tiene el 10 de enero del 78 cuando asesinaron al doctor Chamorro y el 10 de enero del 2025 cuando la oposición democrática asumirá el poder en Venezuela?
Para los que tuvimos el gusto y el honor de conocer al doctor Chamorro Cardenal la respuesta es muy sencilla. Por la afinidad ideológica y por los tantos exilios que tuvo que sufrir en su inclaudicable oposición a la dictadura somocista, el mártir se granjeó la amistad de muchas personalidades. Algunas de estas incluso llegaron a ser presidente de la república en sus respectivos países. Es el caso de Carlos Andrés Pérez, de Venezuela. La última visita que le hizo el doctor Chamorro fue ya siendo presidente de UDEL en 1977. En esa ocasión su amigo ya era el presidente de Venezuela. Habían sido compañeros de exilio en Costa Rica, el venezolano huyendo de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez y el nicaragüense de la dinastía de los Somoza. Conozco varias anécdotas que se suscitaron al calor de la amistad que ambos tuvieron.
Así es que, como estudioso de la política latinoamericana, teórica y práctica, no me sorprende escuchar al próximo presidente de Venezuela, Edmundo González Urrutia, que en su programa de gobierno coincide en muchos aspectos con lo que escribió el doctor Chamorro Cardenal en LA PRENSA.
Aunque el que esto escribe es optimista por naturaleza, tengo algunos amigos que dudan en cuanto a lo que puede ocurrir este próximo 10 de enero en Venezuela. Tengamos fe y confianza: primero, en la Divina Providencia que acompañará a los venezolanos en su denodado empeño por alcanzar la democracia y, en segundo lugar, en el liderazgo del bravo pueblo, que desde hace 25 años viene soportando una dictadura corrupta y cruel solo comparable con la que hace décadas venimos sufriendo los nicaragüenses.
Hoy más que nunca la solidaridad internacional es necesaria, pero con hechos y no solo con palabras, porque como decía recientemente la líder opositora venezolana, María Corina Machado: “En Venezuela, a estas horas, se está jugando el futuro de la democracia y la libertad de los pueblos latinoamericanos”. Es acertado lo que dice la valiente venezolana, porque así como hace más de 200 años el Libertador Simón Bolívar y la colectividad venezolana, contribuyeron con su gesta heroica a la independencia suramericana, hoy, los descendientes de ese bravo pueblo, con su protesta y acendrado valor cívico, están dando la batalla para que prevalezca la democracia y la libertad, en beneficio de todos los pueblos americanos.
Nicaragüenses: hay razones fundamentales que nos presagian un luminoso porvenir. Soplan vientos de libertad. El sueño de Pedro Joaquín y de la gran mayoría de nuestro pueblo se cumplirá: ¡Nicaragua volverá a ser República!
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).