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Por primera vez voy a tocar dos temas en un mismo artículo. En esta ocasión me referiré primeramente a la persona del futuro inquilino de la Casa Blanca y luego a lo que a mi juicio y el de varios amigos que consulté, entre ellos a uno de los más acertados políticos y analistas nicaragüenses, al que ya he mencionado anteriormente al que cariñosamente lo califico como mi trumpólogo favorito. Pues cada vez que me vaticina algo sobre las actuaciones que tomará Donald Trump, no falla una.
Dicho lo anterior paso a referirme a la primera parte, o sea, a la personalidad de Donald Trump. Ustedes me perdonan, pero no termino de tragarme a este señor y lo tengo atravesado en la garganta, lo sigo considerando un racista, megalómano, mentiroso, tramposo y desgraciadamente todas esas “virtudes” las llevará consigo a la Casa Blanca y los estadounidenses tendrán que aguantárselo por cuatro largos años y por ende el resto del mundo.
Su última fechoría fue la de acusar sin prueba alguna, a los inmigrantes, por los sucesos del pasado 31 de diciembre en Nueva Orleans, suceso en el que murieron casi una docena de personas y más de treinta resultaron heridos, producto de la acción de un desquiciado que atropelló a quienes celebraban el fin del 2024 para luego bajarse de su vehículo y comenzar a rafaguearlos, hasta que fue ultimado por la policía.
No pasó mucho tiempo para que Donald Trump en su residencia de la Florida, acusara de dicha acción a los indocumentados repitiendo la mentira de que todos son excarcelados delincuentes enviados por sus gobiernos para desestabilizar a los Estados Unidos. Pero como bien dice el dicho, las mentiras tienen patas cortas y ahora se sabe que el causante de semejante tragedia es norteamericano de nacimiento y residente del estado de Texas. Si alguien espera que Trump se disculpe por semejante atrocidad dicha sin prueba alguna, se quedará esperando pues en el diccionario de Donald Trump no existe la palabra disculpa.
La segunda cosa a la que quiero referirme es a lo que pueden ser los primeros cien días de gobierno de Donald Trump. No me cabe la menor duda que muchas de las cosas que prometió las va a cumplir, comenzando por su guerra a muerte contra los refugiados indocumentados y para asegurarse la menor cantidad de tropiezos en dicha campaña, implementará algunos cambios en la política migratoria de los EE. UU. Creo que también terminará con la prohibición de la extracción de petróleo en suelo norteamericano, lo que abaratará el precio de la gasolina y por ende el transporte. Otra cosa que cumplirá tan pronto le impongan la banda presidencial, será rebajar impuestos a empresas y ciudadanos en general.
Hecho esto solo queda referirnos a sus acciones en política internacional, allí coincido con mi amigo Alfredo César que considera que la tiene fácil pues en el Oriente Próximo ya Israel le hizo la tarea quedando pendiente únicamente los ayatolas, que están muy debilitados después de las derrotas infringidas a los Hamás y compañía, eso sin contar la pérdida de su aliado en Siria.
En cuanto a la crisis de Ucrania por la invasión rusa, también coincido en que no tendrá muchos problemas en convencer a Putin de abandonar ese sueño que se le convirtió en pesadilla, pues hoy el oso ruso está más débil en todo sentido que cuando comenzó su aventura en Ucrania.
Nos queda Latinoamérica, considero que de eso se encargará el secretario de estado Marco Rubio, por supuesto con el visto bueno de Trump.
Así que amigos míos, voy a repetir una frase que me dijera Arnoldo Castillo: cada vez que Donald Trump se pone frente al espejo lo que ve es a Ronald Reagan reflejado en él. Solo que Ronald Reagan no era racista, pues en su gobierno se dio la última amnistía y tampoco era megalómano. En fin, termino pidiéndole al Creador que nos ponga a buen resguardo para que no nos alcancen las extravagancias de señor Trump, por llamarlas de alguna forma.
El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.