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Iniciar un nuevo año es como comprar una libreta nueva. Te emociona la sola idea de llenar sus páginas de una manera divertida, creativa y organizada. Una frase que me caracteriza es “yo con fe”. Así que espero sea un año tan maravilloso, tan lleno de bendiciones como la esperanza de que esa libreta nos haga sentir orgullosos.
Las costumbres de año nuevo son diferentes en cada país. Recuerdo que las doce uvas y deseos al comerlas los conocí y los reconocí en una canción de Mecano, Un año más. Me preguntaba por qué decía que “aunque para las uvas hay algunos nuevos”, pero me lo respondo cada año cuando mis sueños son similares. Para 2025 deseo viajar, aunque el 2024 fue un año maravilloso para eso, tanto que me declaré ciudadana del mundo, también quiero salud y por supuesto lo mejor para mi familia y amigos.
Qué es lo nuevo, en esas uvas hay retos, metas, probar que soy extraordinaria, más que una guerrera de Dios, una de sus mimadas.
Viajar parece ser sueño recurrente y deseo de uvas de muchos en el mundo. Quizá por eso que hasta hay una tradición que es empacar y recorrer una manzana con una maleta para que el año nuevo tenga tiquetes de avión.
En Nicaragua siempre recuerdo la quema del año viejo, como una tradición que permite llevarnos todo lo malo, quemarlo y verlo subir al cielo como el humo. Es una costumbre que como dice una amiga “se volvió marca”, alrededor del mundo. En uno de esos países adonde me llevó mi deseo del 2014 venden los años viejos en unas cajas como de postres para que puedas quemarlo en apartamentos pequeños, hasta con temáticas cómo series de Netflix que estén de moda.
También recuerdo cuando pedía mis deseos del 2024 que la policía se llevaba muñecos del año viejo con la cara del presidente. Mil disculpas, pero no podemos negar que Daniel Ortega tiene una cara corriente o de muñeco viejo.
Un año más nos trae deseos individuales, compartidos y colectivos. Deseos como salud, como unión familiar y libertad para un país que ya se caracteriza por ser el mal ejemplo de la región.
No crean que no leo los comentarios que colocan en redes sociales sobre artículos tan sencillos como este. Que solo busca recordar tradiciones y comentar lo que han sido costumbres interesantes, me llama la atención que me acusen de opositora, de puchita, de otras ofensas que ya escuché en transmisiones a la una de la tarde. A todos les deseo un 2025 con sabiduría que sea un año de replantearse sus metas, sus opiniones, su manera de ver el mundo.
No voy a hablar de los calzones, que si rojo para el amor, amarillo para el dinero y no recuerdo otros colores, pero sí mencionaré uno que me fascina y es el del brindis.
Me pregunto cuánto dura un brindis de año nuevo tomando en cuenta los diferentes horarios del mundo. Me decía un familiar que está a una hora de diferencia… “como va el 2025 vale la pena llegar”. La verdad, sí lo vale, toda página en blanco merece la esperanza de tener un buen escritor y terminando con el brindis de año nuevo… salud.
La autora es licenciada en comunicación social.