El Instituto Cato y el Instituto Fraser, organismos sin fines de lucro de Estados Unidos (EE. UU.) y Canadá, dieron a conocer el pasado 21 de diciembre la décima edición anual de su Índice de Libertad Humana, un informe actualizado sobre la libertad personal, civil y económica en 165 países de todas partes del mundo.
El Instituto Cato, según dice en su sitio web, tiene como misión “mantener vivos los principios, las ideas y los argumentos morales en favor de la libertad para las generaciones futuras, al tiempo que impulsa políticas públicas en la dirección de la libertad individual, el gobierno limitado, los mercados libres y la paz”.
Por su parte, el Instituto Fraser es una organización no gubernamental canadiense, dedicada al “estudio, la medición y la comunicación amplia de los efectos de las políticas gubernamentales, el espíritu empresarial y la elección en el bienestar” de las personas.
Según el informe de ambas instituciones, Nicaragua ocupa el lugar 143 en el Índice de Libertad Humana, uno de los peores del mundo. Lo cual es comprensible, porque en el año que está terminando la mala situación de la libertad en este país empeoró todavía más.
En realidad, la libertad y la democracia han desaparecido de Nicaragua tanto de hecho como legalmente. Y el régimen no para de liquidar lo poco que va quedando. Según informó LA PRENSA ayer jueves 26 de diciembre, este año el poder legislativo de la dictadura aprobó ocho reformas legales más, “orientadas a extremar el control de la dictadura de Daniel Ortega en todos los ámbitos del país y ampliar las restricciones contra los opositores, empresas y organizaciones que no respondan a los intereses del régimen”.
Pero hay que decir también, pero no como consuelo sino para estar debidamente informados, que el retroceso de la libertad y la democracia es global. Está ocurriendo en todo el mundo y no solo en Nicaragua.
Hasta democracias bien arraigadas, como por ejemplo las de Chile y Costa Rica en América Latina, han descendido en el Índice de Libertad en el mundo. En el año 2000 ambos países ocupaban respectivamente los sitios 24 y 26 del Índice. Pero este año Chile bajó al lugar 31 y Costa Rica al 32.
También Estados Unidos (EE. UU.), desde el año 2000 ha venido cayendo en la calidad de la práctica de la libertad, como lo muestra el dato de que en los últimos 24 años pasó del séptimo al décimo séptimo lugar.
Justo y necesario es mencionar también a los países más libres del mundo, que son Suiza y Nueva Zelanda; mientras que en la otra punta aparecen Yemen y Siria como los países donde hay menos libertad, o sería mejor decir que no la hay del todo.
Los analistas del Instituto Cato opinan que a pesar de que actualmente está en declive, “la libertad alrededor del mundo es mayor hoy que en cualquier momento en la historia humana antes de fines del siglo 20”. Y advierten también, alentadoramente, que “la libertad varía con el tiempo. Su actual retroceso no tiene que volverse permanente o duradero… Si el pasado nos sirve de guía, el deseo humano de libertad y el fracaso de la represión en generar mejores vidas y su agresión, muchas veces auto-destructiva, puede ayudar a revertir el retroceso actual”.
Eso es lo que creemos muchos en la sociedad nicaragüense, no solo en la del exilio y la diáspora sino también en la de adentro que sufre en carne propia la falta de libertad y democracia. Estamos convencidos de que la dictadura, aunque sea actualmente muy fuerte y mute a dinástica, no puede ser para siempre. Terminará inevitablemente y en Nicaragua volverá a haber libertad y democracia.