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Últimamente me han interesado las afectaciones psicológicas de los exiliados, es sorprendente que más de un millón de nicaragüenses salieran del país por la situación que se vive. Es fácil llamarles traidores a la patria cuando la patria que te vio nacer no te brinda oportunidades y lejos de eso casi no te deja alternativa más que el exilio.
Una psicóloga de Access Now decía que a veces hay que hacer una pausa y para esas pausas recomendaba hacer un ejercicio de respiración en tres tiempos: inhalar en cuatro segundos, retener por siete segundos y soltar el aire en ocho segundos. En tan poco tiempo, menos de 20 segundos tu cuerpo hace un alto a todas las preocupaciones y empieza a calmarse.
Conste que no estoy repitiendo lo que dijo la psicóloga, realmente lo intenté cuando algunas situaciones me superaban y resulta. De pronto tu cuerpo está recibiendo oxígeno y tu cabeza está concentrada en contar en lugar de las preocupaciones.
Me recuerda a un mito de abuelita, ese sí no recuerdo haberlo intentado de poner una bolita de hilo en la frente de un bebé con hipo para que se le pasara. Al final es un tema de que el sujeto en cuestión se enfoque en otra cosa.
Es importante que nos demos pausas, que sepamos respirar y descansar de las cosas que le decimos a la cabeza que resuelva y finalmente el cuerpo resiente. No solo con el exilio, no solo con estrés del trabajo, con presiones, con todo lo que ocupe nuestra mente y de pronto sea una carga.
Recuerdo muchas otras cosas, pero el ejercicio de respiración me permitió simplemente enfocarme en el aire que entraba, en el descanso de mantener el aire en los pulmones y el descanso de “soltar”, porque al final de cuentas esa es la clave: “Soltar”.
A los psicólogos muchas veces no los valoramos cuando nos ofrecen estas técnicas, supongo que se siente algo similar cuando te dicen “cualquiera puede comunicar” y dejan el rol de los que estudiamos comunicación como algo innecesario.
Hay que valorar más la mente, las emociones, no llamarles solo “estrés”, ni es cuatro, ni cinco, ni depresión, es entender las circunstancias por las que pasamos y por supuesto soltar lo que con el tiempo se vuelve un lastre.
Un último ejemplo de lo importante de soltar. Conozco personas que viven eternamente enojadas con el mundo, que se rehúsan a soltar y me recuerda mucho el final de la película Historia Americana X, una de mis favoritas. Dice al terminar: «El odio es un lastre, la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado”.
Debemos aprender a hacer pausas, a reconocer esos lastres y saber qué decisiones tomar. Entender cosas como que el odio, el enojo, muchas preocupaciones son lastres y que la vida se puede vivir mejor sin eso. No importa que una pareja, una familia, un partido, un gobierno te llevara el exilio, cómo lo entiendes y cómo lo vives hace la diferencia.
Esto se entiende mucho si tienes 19 segundos para pensarlo, solamente divídelos en tres tantos: 4 para inhalar, 7 para retener y 8 para soltar. Gracias a las organizaciones que dan estos consejos por el mundo. Creo que con el tiempo se vuelven más y más necesarios para hacer esas pausas, para entender, para soltar, para continuar.
La autora es licenciada en Comunicación Social.