Puede parecer una incongruencia verbal, pero es verdad. Este martes 10 de diciembre se ha celebrado en el mundo el Día de los Derechos Humanos, pero no en Nicaragua porque en este país no existen. Seguramente están en la conciencia de la gente democrática y buena, pero no en la vida real.
En Nicaragua los derechos humanos solo están en el texto de la Constitución nacional tantas veces mancillada, pero las autoridades del Estado que deben respetarlos y garantizar su cumplimiento, no lo hacen, a pesar de que están obligadas por el derecho nacional e internacional.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha recordado con motivo del Día de los Derechos Humanos que su celebración “sirve para recordar la importancia que siguen teniendo la igualdad, la justicia y la dignidad para todas las personas del mundo”. Son palabras hermosas que en Nicaragua no se corresponden con la realidad.
Una investigación periodística del medio nicaragüense en el exilio, Confidencial, reveló este 10 de diciembre que “al menos 20 de los 30 derechos y libertades establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos han sido vulnerados por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, desde que retomaron el poder en 2007. Estas violaciones han ocurrido de manera sistemática y están siendo institucionalizadas mediante una reforma constitucional que es regresiva en cuanto al reconocimiento de los derechos fundamentales”.
El Estado de Nicaragua es miembro de las Naciones Unidas desde su fundación en 1945 y en 1948 fue uno de los constituyentes y primeros firmantes de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero como lo ha recordado la ONU en estos días: “Los derechos humanos no los conceden los Estados, sino que pertenecen a todos, en todas partes, por el mero hecho de ser humanos. Trascienden la raza, el sexo, la nacionalidad o las creencias, y garantizan la igualdad y la dignidad inherentes a todos”.
La ONU también ha advertido “que los Estados tienen obligaciones y deberes en virtud del derecho internacional de respetar, proteger y hacer efectivos los derechos humanos”. Y agrega que “al mismo tiempo, los tratados de derechos humanos ofrecen un marco para que las personas y las comunidades exijan el cumplimiento de sus derechos y aboguen por el cambio”.
Así lo han exigido y exigen las personas y comunidades de Nicaragua, pero la respuesta del Estado ha sido demoler las instituciones democráticas, suprimir los derechos fundamentales de las personas y reprimir a quienes han exigido su respeto, incluyendo a los mismos defensores de los derechos humanos. Y salvo declaraciones internacionales de condena al violador de los derechos humanos, este no paga ninguna consecuencia real.
Volker Türk, quien es el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, dijo este martes 10 de diciembre en un mensaje al mundo, que “los derechos humanos tienen que ver con las personas. Tratan de ti y de tu vida: de tus necesidades, deseos y miedos; de tus esperanzas para el presente y el futuro”.
Muy bien dicho. La persona humana es la suprema creación de Dios, o de la Naturaleza, según como quiera creer cada quien. Y a los Estados que no respetan la dignidad intrínseca y los derechos naturales y fundamentales de las personas, ya que el derecho internacional no los puede castigar de verdad, por lo menos se les debería excluir o suspender sus derechos en las Naciones Unidas.