El papa Francisco y el obispo nicaragüense monseñor Silvio Báez, aprovechando las festividades marianas de la Gritería en Nicaragua y el día de la Virgen María en todo el mundo católico, hicieron oír sus voces proféticas en sendos mensajes de aliento al pueblo nicaragüense que sufre la opresión de la dictadura sandinista.
Se le llama voz profética a aquella que es dirigida a reconstruir la verdad y la confianza en una sociedad donde la opresión y la corrupción han corroído las bases de la convivencia humana y social; a la que predica la fe en medio de la desolación y promueve la esperanza en que los malos tiempos han de pasar y sobrevendrán la libertad y la paz.
Monseñor Silvio Báez, a quien de manera significativa el papa Francisco lo mantiene en su cargo de obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, a pesar de que fue desnacionalizado por la dictadura y vive en el exilio, ofició el 7 de diciembre una eucaristía en la iglesia de Santa Brígida, en Nueva York, lo que no hacía desde enero del presente año, cuando dejó de celebrar misa en la parroquia de Santa Ágata, de Miami.
Al romper el silencio de varios meses, obligado o voluntario, monseñor Báez fue categórico en su homilía de la noche de la Gritería al decir que el régimen de Ortega y Murillo “ha quitado todas las libertades a la población y ha convertido el país en una gran cárcel, una dictadura criminal que persigue a la Iglesia, expulsa del país a sacerdotes y obispos, encarcela a quien no piensa como ellos y ha hecho que el pueblo viva con temor, con el miedo de ir a la cárcel, de ser espiado”. “Nicaragua se ha vuelto un país muy triste”, exclamó el emblemático obispo que obligadamente tiene que vivir lejos de su patria.
Por su parte el papa Francisco dedicó a Nicaragua el primero de los seis párrafos de su mensaje después de rezar la oración del Ángelus el domingo 8 de diciembre. “En esta solemnidad de la Inmaculada Concepción de María —dijo el papa—, estoy cerca de modo particular de los nicaragüenses. Os invito a uniros en oración por la Iglesia y el pueblo de Nicaragua, que celebra la Purísima, como Madre y Patrona, y eleva a Ella un grito de fe y de esperanza. Que la Madre celestial sea para ellos consuelo en las dificultades y en las incertidumbres, y abra los corazones de todos, para que se busque siempre la vía de un diálogo respetuoso y constructivo con el fin de promover la paz, la fraternidad y la armonía en el país”.
Seis días antes, en una extraordinaria Carta Pastoral dirigida específicamente al pueblo de Nicaragua, el santo padre habló de “las dificultades, las incertidumbres y las privaciones” que están sufriendo actualmente los nicaragüenses. Y recordó que “precisamente en los momentos más difíciles, donde humanamente se vuelve imposible poder entender lo que Dios quiere de nosotros, estamos llamados a no dudar de su cuidado y misericordia”.
Por la situación de censura extrema que hay en Nicaragua y el acoso represivo a la Iglesia católica, la Carta Pastoral del papa Francisco no ha sido divulgada como debería ser. Sin embargo, muchos nicaragüenses han sabido de ella, lo mismo que de las palabras de monseñor Silvio Báez que hemos mencionado, gracias a las publicaciones de LA PRENSA y demás medios de información independientes que se editan fuera del país y se publican en línea.
En los años ochenta del siglo pasado, durante la primera dictadura sandinista y la guerra civil por la liberación de Nicaragua, la Iglesia y el pueblo católico repetían con fe y esperanza que “por María vendrá la paz”. Ahora no hay guerra, pero sí una tiranía que perturba la paz emocional y espiritual de la gente y cabe exclamar que por María vendrá la libertad.
Eso es lo que con sus palabras proféticas e iluminadoras, con distinto tono pero igual sentido, nos han dicho tanto el papa Francisco como monseñor Silvio Báez.