El Sínodo de la Sinodalidad y la falta de libertad religiosa en Nicaragua

El fin de semana pasado concluyó en el Vaticano el Sínodo de la Sinodalidad, en el que participó el obispo nicaragüense Rolando Álvarez, titular de la Diócesis de Matagalpa, quien fue preso de conciencia del régimen durante 17 meses y después desterrado a Roma.

Según el Código Canónico, el sínodo “es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres, y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo”.

El papa Francisco llamó Sínodo de la Sinodalidad al que acaba de concluir, porque según él ha sido “un camino de renovación espiritual y de reforma estructural para hacer de la Iglesia más participativa y misionera, es decir, para hacerla más capaz de caminar con cada hombre y mujer irradiando la luz de Cristo».

Pero, a pesar de las expectativas que despertó el Sínodo de la Sinodalidad sobre una mayor apertura a la participación de las mujeres en el funcionamiento interior de la Iglesia, finalmente no se aprobó la propuesta de que puedan ser diáconos, como se les llama a las personas religiosas que integran el tercer grado de la orden eclesiástica, después de los obispos y los presbíteros.

El papa Francisco no cierra la puerta a la posibilidad de que la Iglesia dé ese paso hacia adelante en la integración eclesial de las mujeres, pero considera que esa decisión todavía no está “madura”. Así lo dijo el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

El cardenal de Luxemburgo, Jean-Claude Holleric, quien fue el relator general del sínodo, reconoció con franqueza al medio católico Vatican News que por ahora la Iglesia no cambiará en ese tema, “porque los cambios necesitan tiempo y nos resistimos” a ellos. 

Para la Iglesia de Nicaragua el Sínodo de la Sinodalidad ha tenido una particular significación debido a la participación de monseñor Rolando Álvarez por designación especial del papa Francisco. Lo que fue entendido como una demostración de respaldo a la Iglesia de Nicaragua y personalmente a al ejemplar obispo Álvarez.

Cabe señalar también que el recién pasado domingo 27 de octubre se celebró el Día Internacional de la Libertad Religiosa, establecido por la Organización de Estados Americanos (OEA). “Las creencias y espiritualidades son componentes importantes en el desarrollo de las personas”, ha declarado la OEA al señalar que todos los gobiernos de las Américas deben respetar y proteger la libertad de religión.

Por cierto que casi todos los gobiernos americanos cumplen esta obligación de derecho internacional, salvo los casos vergonzosos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Aquí —como reconocen y denuncian los organismos internacionales de derechos humanos—, la Iglesia católica sufre la intolerancia y el hostigamiento del Estado, lo mismo que la Iglesia morava y diversas denominaciones evangélicas.

Lo cierto es que en Nicaragua no hay respeto del poder del Estado a ningún derecho de las personas, ni siquiera al practicar libremente la fe religiosa.

Editorial
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