Contar historias implica seguir pistas, encontrar esos detalles que hacen particular a alguien, un lugar o algo. Hace un par de años escribí la historia de un preso político, John Cerna, mi referencia inicial era la foto de un adolescente con los brazos cruzados y sonriendo en los pósteres en los que se pedía su libertad.
Para rastrear la historia conocí a su hermana, de entrada, me pareció que eran una familia muy unida, que se conocían muy bien. Junto a estas historias conocí muchas otras. Pero esta tenía en particular que la vida me topó con el protagonista tiempo después. Cuando 222 presos políticos fueron llevados a Estados Unidos y Cerna se encontraba en la ciudad en la que se realizó un evento para periodistas.
Estando en Costa Rica me encontré en la Feria Pinolera de la Red de Mujeres Pinoleras una bandera de Nicaragua, la compré y la empaqué junto a una pulsera azul y blanco. Cuando nos vimos no tenía mucho de haber sido excarcelado y su postura era la de un joven agradecido y preparando un nuevo proyecto de vida. Esos mismos días miré publicaciones con la bandera en diferentes lugares históricos de esta ciudad estadounidense, lo que me llenó de emoción y consolidando que la idea del detalle no estuvo nada mal.
Continué viendo la bandera en publicaciones en redes sociales, lo vi reunirse con su familia y recientemente se juntó con algunos de los 135 presos políticos que el régimen excarcelo y envió a Guatemala. La bandera nuevamente apareció en redes y me impacta hasta dónde ha llegado un detalle y cómo se ha llenado de significado.
Tomando en cuenta que el viaje de los 222 fue en febrero 2023 y el de los 135 en septiembre 2024 ver a jóvenes de estos dos momentos históricos tras la bandera que representó un detalle me hizo pensar que era importante contar la historia de las cosas.
La bandera azul y blanco tiene mucha historia, mucho significado y creo que muchos nicaragüenses tendrán más detalles que contar, son más que tela, compromiso, recuerdos, son promesa de un mejor país.
Otra de las historias que conté en las que se vio involucrada la bandera fue cuando contamos quiénes eran algunos de los asesinados durante las protestas de abril 2018. Un chico agitaba una bandera en la Catedral de Managua, cuando vio a la madre de uno de los asesinados se le acercó y le mostró la sangre en las franjas azul y blanco y me dice: “Le dije esta es la sangre de su hijo”.
El Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más ha insistido mucho en el tema de la memoria histórica y creo que esto debe incluir esas historias contadas desde las víctimas, desde quienes han sufrido y quienes han ganado batallas, pero también desde las cosas, desde nuestra Bandera Nacional.
Hay mucho qué contar, podría agregar las anécdotas que me contaban los presos políticos que en el Chipote cantaban el Himno Nacional, el Rosario y los que sabían rezarlo de memoria y guiaban al resto en las oraciones y los misterios.
Hace poco me preguntaron qué objeto me acompaña siempre y recordé una canción de Calle 13, Pal Norte, que dice “abuela no se preocupe que en mi cuello cuelga la Virgen de Guadalupe”, pues sí. Siempre me acompaña desde que me la regaló mi hermana y la he pasado por agua bendita en diferentes países. Es un recordatorio del amor de mi familia, de mi fe y de que no estoy sola. Pero también es un objeto con historia.
¿Cuándo fue la última vez que una bandera azul y blanco significó tanto en nuestras vidas?, cuántas historias nos contarían las que se ondearon en las protestas de 2018, pero cuántas otras han viajado por el mundo y han tenido tantas fotos y tanto significado como una que surgió como un regalo de agradecimiento por poder contar una historia.