Las comunidades indígenas de Nicaragua en las regiones del Caribe enfrentan violaciones a sus derechos humanos de forma sistemática, manifestadas de manera sutil, pero devastadoras. A diferencia de la represión más visible en otras regiones del país, aquí se evidencian prácticas que limitan la autodeterminación y la convivencia ancestral.
“La represión es indirecta, pero presente. No vemos allanamientos ni detenciones, pero hay un control y asedio militar constantes”, comentó bajo anonimato un comunitario en referencia a la presencia del Ejército en la zona.
Los municipios de Prinzapolka, Puerto Cabezas y Waspam, junto con las comunidades mayangnas en Bonanza y Rosita, son epicentro de esta situación. “El Ejército está más presente en nuestras vidas que las autoridades locales. Nos revisan, nos interrogan y nos intimidan. Hasta nos revisan las panas de comida”, detalló este miembro de la comunidad.
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Explicó que esta vigilancia se intensifica en lugares estratégicos, como la base militar en la desembocadura del río Waspuk, donde denuncian que los soldados protegen a colonos involucrados en actividades ilegales, mientras que las comunidades indígenas son tratadas como sospechosas.
En esta zona el Ejército impide el transporte de leña y carbón, justificando la protección de reservas naturales. “Nos dicen que protegen los árboles, pero a la vez los colonos arrasan con hectáreas de bosque todos los días, y no les dicen nada”, dijo la fuente. Esta contradicción refleja una forma de represión que limita los derechos económicos y el acceso a recursos vitales para la supervivencia de estas comunidades.
El impacto de esta situación es profundo, “hay una tensión constante, un miedo a salir y trabajar la tierra. La inseguridad es real”, comentó el líder comunitario.
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Liderazgo comunitario desplazado y criminalizado
Por otro lado, la falta de representación legítima se ha agravado tras la cancelación de organizaciones políticas como Yatama y la represión de líderes históricos, lo que ha dejado un vacío preocupante. “¿Quién nos representa ahora? Las figuras tradicionales están desapareciendo”, cuestionó un anciano de la comunidad.
La imposición de líderes designados por el régimen a través de estructuras del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ha generado divisiones internas en las comunidades. “Los que son elegidos por la comunidad ya no tienen poder. Es un proceso de despojo de nuestra voz”, señalan. Este tipo de manipulación política no solo fractura la cohesión social, sino que también está debilitando la resistencia ante la invasión de colonos.
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La violencia es otra forma de represión silenciosa en las comunidades del Caribe. Al menos 80 indígenas han sido ejecutados y no existe justicia por estos crímenes. Los hechos se minimizan y se enmarcan en contextos ajenos a la realidad estructural que enfrentan. “Es como si nuestras vidas no valieran nada”, lamenta la fuente.
Para los líderes, la lucha por la tierra y la vida también es cada vez más difícil en estas zonas ancestrales. Aunque existe una riqueza natural, la invasión de los colonos está acabando con todo. Lo que más preocupa es el futuro de las comunidades, aseguran los habitantes.