Este 12 de octubre de 2024 se conmemora el 532 aniversario del Descubrimiento de América, o sea la llegada de Cristóbal Colón y sus marineros españoles a las tierras americanas que hasta entonces eran desconocidas en Europa.
En España el 12 de octubre se conmemora como Día de la Fiesta Nacional. En Nicaragua y Venezuela, que tienen gobiernos izquierdistas y populistas sectarios, el 12 de octubre lo conmemora el oficialismo como Día de la Resistencia Indígena, Negra y Popular y Día de la Resistencia Indígena. En los demás países hispanoamericanos lo hacen de diversas maneras y solo algunos pocos conservan la antigua denominación de Día de la Raza, por el nacimiento de la raza mestiza americana, como también se celebraba en Nicaragua hasta la Revolución Sandinista de 1979.
Este año la conmemoración del 12 de octubre ha sido ensombrecida por el conflicto político y diplomático planteado por el gobierno de México contra España, al negarse a invitar al rey Felipe VI a la toma de posesión de la nueva presidenta, Claudia Sheinbaum, el recién pasado 1 de octubre. En reciprocidad, como corresponde en la diplomacia, el gobierno español no mandó ninguna representación a la ceremonia oficial.
La participación del rey de España como jefe y representante del Estado español en las ceremonias de toma de posesión de los presidentes hispanoamericanos no es un capricho. Se trata de una norma establecida desde antes de que Felipe VI fuera coronado rey de España y tenía entonces el título de Príncipe de Asturias. Y no hubo problemas con ningún país, hasta que, al expresidente izquierdista y populista de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se le ocurrió exigirle al rey que pidiera perdón por lo que hicieron los conquistadores españoles en México durante la conquista.
El rey Felipe VI no hizo caso a la petición de AMLO y por eso la nueva presidenta de México, del mismo partido izquierdista y populista que su antecesor, decidió “castigar” al rey español negándole la invitación a su juramentación presidencial.
Por cierto, que AMLO y Sheinbaum no son descendientes de indígenas mexicanos. Él desciende de españoles y ella de europeos lituanos. Pero como es bien conocido, entre las diversas banderas que levantan ahora los comunistas y demás izquierdistas radicales en sustitución de la obsoleta lucha de clases marxista leninista, una de las principales es la del indigenismo y el resentimiento con los españoles.
Es un hecho histórico incuestionable que los conquistadores españoles saquearon el oro de América y cometieron muchas brutalidades contra las poblaciones indígenas americanas. Pero el maltrato no fue una política deliberada de la corona de España, sino una acción abusiva de los conquistadores que en general eran guerreros rústicos y ambiciosos acostumbrados a la violencia. Y muchos de ellos ni siquiera reconocían la condición humana de los indios.
Pero también es una verdad histórica que la corona española desde la distancia trató de proteger a los indígenas. Se conoce que ya en 1493, un año después del descubrimiento de América, la reina Isabel la Católica dictó un decreto real ordenando que los indios no fueran maltratados. Y españoles insignes como los sacerdotes Diego Álvarez Osorio, Bartolomé de las Casas y Antonio de Valdivieso, fueron grandes protectores de los indios y se esforzaron para que se cumpliera la voluntad de la reina Isabel. De manera que, si bien es cierto que hubo maltrato brutal a los indios, no fue por culpa de la corona sino por la desobediencia de aquellos ordinarios y violentos conquistadores.
La otra cara de la moneda histórica es que los españoles trajeron grandes y buenas cosas que impulsaron la civilización y el progreso de América, Ante todo la cultura occidental, la lengua española, el mestizaje unificador y creador del magnífico linaje hispanoamericano y la religión cristiana, poderosos factores civilizatorios de los pueblos del nuevo continente. No en balde diría Rubén Darío en su poema Los Cisnes, de Prosas Profanas, que él –quien ha sido el más representativo de los nicaragüense–, era “hijo de América y nieto de España”.
Se han escrito libros enteros sobre todo lo bueno que trajeron los españoles a América y cómo revolucionaron positivamente la vida de los pueblos americanos. La rueda, el caballo, la uva y el vino, el ganado bovino, ovino y porcino, el hierro y la metalurgia, la educación general y las universidades, y la religión entre muchas otras cosas.
Se acusa a los españoles de que trajeron enfermedades desconocidas en América que causaron estragos entre los indios. Es cierto, pero también trajeron la medicina avanzada y sembraron de hospitales y clínicas el continente.
De manera que si bien es entendible que los resentidos históricos demanden al rey de España que pida perdón por delitos y daños que ni él ni sus antepasados cometieron, esos rencorosos también deberían reconocer y agradecer a la madre patria por todos los bienes que trajo y realizó.
Uno de los más brillantes pensadores de México, don Alfonso Reyes (1889-1959), escribió sobre el resentimiento histórico de algunos mexicanos hacia España, porque no es algo original de AMLO y Sheinbaum sino que siempre los ha habido. En un ensayo escrito en 1930 titulado México en una nuez, escribió don Alfonso Reyes que “La verdadera independencia no existe mientras quedan resabios de rencor o de pugna. La verdadera independencia es capaz de amistad, de reconocimiento, de comprensión y de olvido (…) Ningún mexicano puede recordar sin gratitud los esfuerzos afortunados que representan las Leyes de Indias, donde los hombres de hoy en día buscamos inspiraciones en la campaña para defender al indio, para salvaguardar los ejidos o propiedades comunales de los pueblos, y hasta para afirmar el dominio eminente del Estado sobre el subsuelo nacional —siempre inalienable según los principios latinos que han dado al mundo su conciencia jurídica… No era todavía independiente el hispanoamericano que aún maldecía del español. En la varonil fraternidad –que no se asusta ya de la natural interdependencia–, en el sentimiento de amistad e igualdad se reconoce al independiente que ha llegado a serlo de veras.”
AMLO y la presidenta Sheinbaum deberían leer a su insigne paisano y aprender de su inmensa sabiduría y nobleza histórica.