El jefe de las relaciones internacionales de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, declaró este martes 8 de octubre a la agencia española de noticias Efe que “la solución a la crisis en Venezuela solo puede ser política y tiene que surgir de la presión internacional”. Pero aclaró que la presión internacional “no debe ser mediante sanciones que puedan causar daño a la población venezolana”.
“Soy poco partidario de imponer sanciones que afectan a la gente, que afectan a los ciudadanos, al pueblo venezolano”, dijo Borrell. Y mencionó la experiencia de Cuba, donde, según él, las sanciones económicas “no han servido para cambiar el régimen político, pero han causado un enorme sufrimiento en la población cubana…”
“En Naciones Unidas, todos los años la Unión Europea pide el levantamiento del bloqueo a Cuba. Entonces, hay que tener cuidado con que las sanciones no tengan un efecto indeseado”, advirtió Borrell y agregó que contra los dirigentes del régimen de Maduro ya se han tomado muchas sanciones y no sabe cuántas más se pueden tomar.
Sin embargo, el conductor de la política exterior de la Unión Europea no aclaró cómo es que la solución de la crisis venezolana puede resultar de la presión internacional. Pues de sobra se conoce que para sacar del poder a una dictadura de izquierda radical no valen las buenas razones ni las invocaciones del derecho internacional.
Cabe indicar que las dictaduras de derecha sí han sido, en general, sensibles a las presiones políticas y diplomáticas internacionales, pero las tiranías izquierdistas jamás. En el manual estratégico del comunismo y la izquierda autoritaria no existe la cláusula de ceder a presiones políticas y diplomáticas externas y entregar el poder pacíficamente.
En Nicaragua, la dictadura somocista cedió en 1979 ante la presión internacional, que no solo fue política, diplomática y económica sino que bloqueó el suministro de municiones a la Guardia Nacional, de manera que ya casi no tenía capacidad para seguir enfrentando a la insurrección sandinista.
Diez años después, la dictadura sandinista que sustituyó a la somocista también cedió a la presión internacional, y aceptó arriesgar el poder político en elecciones libres. Pero fue porque los comandantes del FSLN se convencieron de que la guerra civil ya no podía continuar y creían que iban a ganar fácilmente el desafío electoral. Si hubieran creído que perderían las elecciones del 25 de febrero de 1990 seguramente no hubieran cedido y se habrían mantenido en el poder hasta las últimas consecuencias.
Volviendo a Borrell, este también declaró a la agencia Efe que el Consejo Europeo, que está integrado por los 27 jefes de Estado y Gobierno de la Unión, se reunirá los próximos días 17 y 18 de octubre y no reconocerá a Nicolás Maduro como presidente democráticamente elegido de Venezuela. Pero declarará que la UE “está dispuesta a apoyar una transición constructiva e inclusiva con garantías para que ambas partes resuelvan el estancamiento político del país y restablezcan las instituciones democráticas de forma pacífica…”
Peor es nada dirán algunos, pero lo que ocurrirá, seguramente, es que Maduro y sus secuaces se rían de semejante acuerdo de los 27 gobiernos democráticos de Europa y fingiéndose ofendidos los manden a ocuparse de sus propios asuntos.