Las elecciones norteamericanas para presidente y vicepresidente, la tercera parte del Senado y todos los diputados de la Cámara de Representantes del Congreso están a un mes de celebrarse. El día en que la mayoría de los votantes recurrirán a las urnas y formalmente se contarán los votos es el 5 de noviembre. Sin embargo —y conforme a las leyes electorales de Estados Unidos— ya han votado por correo millones de personas.
Como precursor a la votación, ha habido debates entre los candidatos para la Presidencia y la Vicepresidencia y estos han sido pasados por televisión. La idea detrás de estos debates es informar a los votantes de la posición de los candidatos en cuanto a los temas más importantes en los EE. UU. y permitirles decidir cuál de estos candidatos amerita dirigir a la nación.
En cuanto a los temas más importantes, el estado de la economía está en primer lugar. Según encuestas, para el 80 por ciento de los votantes la situación económica es lo más importante. Esto no debe de sorprendernos porque el estado de la economía se refleja en subtemas que afectan directamente a los ciudadanos como el nivel de desempleo y la inflación.
Otro tema importante, y muy controversial, es el de la inmigración a la Unión Americana. Este tiene varias dimensiones. Por ejemplo, aproximadamente el 60 por ciento de norteamericanos se quejan de la inmigración, especialmente la ilegal. Temen que los inmigrantes les quitarán sus empleos y que sus números resultarán en un bajón en salarios. Además, vinculan a la inmigración con un aumento en el crimen y se quejan de la carga financiera que implica para los estados y ciudades el absorber al chorro de inmigrantes. Finalmente, temen que el gran número de inmigrantes, la mayoría de Latinoamérica, por cierto, socavará la “cultura” anglosajona nacional.
Estas inquietudes no son nuevas. Han existido desde mediados del siglo XIX cuando se dio una inmigración de millones de europeos de países católicos de Europa —como Irlanda e Italia— y de la China. Lo curioso es que este rechazo a la inmigración también choca con uno de los grandes pilares de la cultura norteamericana: la creencia que la inmigración ayudó forjar a la nación y ha sido positiva. La Estatua de la Libertad, que está a la entrada del puerto de Nueva York, personifica esta creencia. 2) El acceso legal al aborto también figura entre los temas electorales más controversiales. Los que están a favor de él insisten que el gobierno no tiene por qué meterse en decisiones que les corresponden únicamente a las mujeres embarazadas y sus médicos. Los que se oponen al aborto lo ven como homicidio. Cabe señalar que con el pasar del tiempo, el aborto ha ido creciendo en EE.UU. Hace un par de generaciones era mal visto e ilegal, pero hoy en día la mayoría de los estados lo permiten y el número de estos está creciendo.
El crimen, y qué hacer para reducirlo, también figura como tema en estas elecciones. Y este tiene matices raciales. Muchos norteamericanos vinculan a los afrodescendientes y los inmigrantes ilegales al crimen e insisten en que el poder judicial no los está castigando con la severidad que ameritan. Esto a pesar de que hay más de dos millones de personas encarcelados por haber cometidos crímenes.
Podría continuar con una letanía de los temas importantes de esta elección, pero lo que más interesa es quién la ganará: Kamala Harris o Donald Trump, los candidatos de los dos grandes partidos norteamericanos, los demócratas y los republicanos, respectivamente. Las encuestas señalan que esta contienda está muy reñida. Cada partido tiene estados y grupos de la sociedad norteamericana que los tienen “en el bolsillo.” Por ejemplo, es prácticamente seguro que dos de los tres estados más grandes norteamericanos —California y Nueva York— serán ganados por Harris. Y es casi garantizado que Trump ganará al segundo estado más grande: Texas. También es altamente probable que los Republicanos obtendrán una abrumadora mayoría de los votos en zonas rurales en donde el sentimiento conservador domina. Los demócratas, por su parte, son más fuertes en las grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Finalmente, todo apunta a que Harris y la “maquinaria” demócrata obtendrá una mayoría de los votos populares y que Trump quedará en segundo lugar a como ocurrió en las elecciones de 2016 y 2020. Pero esto no asegura que Harris será la próxima presidente de los Estados Unidos. Esto porque bajo el sistema norteamericano lo que cuenta son los llamados “votos electorales” que cada estado tiene y que se asignan en su totalidad a un candidato, aunque su margen de victoria en el estado haya sido mínima. Fue de esta manera que Trump ganó la elección de 2016 y, 3) Hillary Clinton quedó en segundo lugar, ¡aunque ella obtuvo casi tres millones más votos que Trump!
Cierro con una última consideración. Las elecciones norteamericanas son costosas y los dos grandes partidos y sus candidatos tienen que desembolsar millones de dólares para cubrir sus gastos. Curiosamente, aunque el partido Republicano es identificado con el sector privado y la clase pudiente norteamericana, los demócratas han recaudado y gastado mucha más plata en estos comicios. Según CNN, el 31 de agosto de este año los demócratas tenían US$285 millones en fondos para la recta final de la campaña electoral, mientras que los republicanos solo tenían US$213 millones. Y esto a pesar de llevar como su candidato a Donald Trump, un multimillonario estadounidense. Un dato interesante, ¿verdad?
El autor fue canciller y embajador de Nicaragua en los EE.UU. Vive en Washington después de ser expulsado de Nicaragua por la dictadura el 2 de febrero de 2023, junto con 221 otros compatriotas.