Premios internacionales y respaldo a María Corina Machado

Por primera vez, desde que fue instituido en 2013, este año el Premio Václav Havel de Derechos Humanos del Consejo de Europa ha sido otorgado a una personalidad de América Latina: la ejemplar líder opositora democrática venezolana, María Corina Machado.

Ella no puede salir de Venezuela porque está clandestina para resguardarse de la persecución de la dictadura de Nicolás Maduro. Por eso el galardón lo recibió su hija María Corina Soza en Estrasburgo, Francia, el lunes 30 de septiembre, de manos del presidente de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Theodorus Rousopoulos.

El Consejo de Europa no es un organismo de la Unión Europea (UE), como podría parecer. Fue constituido mucho antes que la UE, en 1949, para “promover, mediante la cooperación de los Estados de Europa, la configuración de un espacio político y jurídico en el continente, sustentado sobre los valores de la democracia, los derechos humanos y el Imperio de la ley”.

Todos los Estados del continente europeo son parte del Consejo de Europa y su Asamblea Parlamentaria, salvo Rusia, Bielorrusia y Kazajistán que no son democráticos. El Estado Vaticano participa en el Consejo con el estatus de observador, lo mismo que Canadá, Estados Unidos, Israel, Japón y México.

El Premio de los Derechos Humanos del Consejo de Europa fue instituido en memoria y honor de Václav Havel, el primer presidente democrático de Checoslovaquia (ahora República Checa), después que en 1989 se derrumbó el sistema comunista impuesto por la Unión Soviética al terminar la II Guerra Mundial.

Ahora bien, el otorgamiento de este premio europeo a María Corina Machado no es solo un merecido reconocimiento a su persona, como luchadora valerosa por la libertad, la democracia y los derechos humanos, como lo fue Václav Havel. Es también una muestra de solidaridad moral y política con el pueblo venezolano y un reconocimiento de hecho a Edmundo González Urrutia como verdadero presidente electo de Venezuela, pues ganó ampliamente la elección presidencial del 25 de julio pasado. Elección que fue una clara manifestación de la voluntad popular venezolana, pero que la dictadura de Nicolás Maduro se resiste a reconocer.

María Corina Machado, y la causa democrática de Venezuela que ella representa y lidera, merecen y necesitan el mayor respaldo internacional que sea posible. Por eso sería muy importante que también recibiera el Premio Nobel de la Paz, para el cual fue propuesta en agosto de este año por personalidades que reúnen los requisitos establecidos por el Reglamento de dicho premio para tener derecho a nominar candidaturas.

Sin embargo, la candidatura de Machado no sería para el Nobel de la Paz 2024 porque este ya ha sido escogido y solo falta que lo anuncien en el presente mes de octubre. Tiene que ser para el próximo año, pero siempre será merecido y necesario porque la lucha de María Corina Machado por el respeto a la soberanía popular en Venezuela, por la libertad, la democracia y los derechos humanos, no termina ahora.

Como ella misma lo dice, su lucha es hasta el final. Y no solo es por la libertad y la democracia en Venezuela, sino también en los demás países latinoamericanos que soportan el agobiante peso de una dictadura, como es el caso de Nicaragua.

Editorial
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