De las maneras más raras en las que puedes pasar un cumpleaños deberían incluir jugar Conoces Nicaragua esperando unas tajadas con queso. Les doy un poco de contexto. Fui a un restaurante de comida nicaragüense y mientras esperábamos el servicio nos ofrecieron jugar con una cajita llena de tarjetas con preguntas.
Las categorías eran cultura general, gastronomía, historia y geografía, si la memoria no me falla. Nos divertimos un montón. La profesora jubilada del grupo nos mostró por qué los maestros siempre se ganan nuestros respetos.
Muchos supimos varias preguntas, historia fue una de las categorías más complicadas, pero sobre todo porque en muchas ocasiones se trataba de recordar años.
Al punto al que quiero llegar es que jugar y aprender no deben estar divorciados. Si me hubieran puesto a jugar Conoces Nicaragua en el colegio probablemente habría sido mejor estudiante en historia.
Una vez leí que el paso de preescolar a primer grado es traumático justamente porque dejamos de jugar y que el trabajo en equipo solo en primaria y secundaria es considerado “trampa”.
Por qué dejamos de jugar en las escuelas. Digo en las clases, porque claro que en el recreo los niños salen como liberados a entretenerse, aunque las formas de entretenimiento estén cambiando, pero esa es otra historia.
El tema es que las dinámicas, los juegos, resultan útiles y nada más bonito que recordar algo porque nos hizo sentir bien. En mi caso me tocó dar capacitaciones sobre dinámicas para clases en línea. Recuerdo una que mostraba que “la imagen lo es todo”. Les pedí a los participantes que me mostraran un zapato, que no fuera chinela o pantufla y surgieron las risas porque la clase era muy temprano. Muchos se habían alistado de la cintura para arriba y estaban cómodos de la cintura para abajo.
Podemos jugar para mantener la atención de un auditorio, para introducir temas como el de trabajo en equipo y este juego me demostró que podemos jugar para conocer Nicaragua, sobre todo su historia, pero claro me encantó conocer de la gastronomía, más allá del nacatamal, del rondón y las rosquillas.
Además, saber sobre una geografía tan variada y maravillosa. Me parece que tenemos demasiados rinconcitos para amar, tenemos un país que tiene un calorcito que aunque nos sofoque algunas veces, lo resolvemos con una limonada o una cervecita en el patio, debajo de un palo, en una hamaca.
Y algo que no entiendo, pero me encanta, es como en este país podemos tomar café sin importar si hace frío o calor y sin importar cuánto te tardés en terminarte la “tacita” que es un pocillo respetable, está caliente hasta el final.
En Facebook dicen que este juego de Conoces Nicaragua se encuentra a 500 pesos en el Huembes y en algunas tiendas. Si se lo topan se los recomiendo. Viene en rojo y en color aqua. Es muy entretenido y creo que es importante volver a reunir a la familia en una mesa.
Nos cuesta sentarnos juntos y comer, pero practicar juegos de mesa es como aquellos tiempos del desmoche, del “no te enojes”, de la chalupa o de las damas chinas, con la diferencia que conocerán un país maravilloso, diverso y rico en cultura, en gastronomía, en su historia.
Aún no sé quién es el creador del juego, pero muchas gracias. Espero pronto poder ver este contenido en las escuelas, en los parques o en las mesas de las familias. Cumplí 43 años y me di cuenta que conozco Nicaragua. Al menos muchas de las preguntas, pero siempre hay cosas nuevas que descubrir y más de una tierra pinolera con tanto que ofrecer.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación