Los hijos y nietos del recientemente fallecido general retirado Humberto Ortega Saavedra pidieron públicamente, en una nota de prensa, “respeto a la privacidad y al luto” que están viviendo por el fallecimiento de su padre y abuelo.
Como es conocido, el excomandante de la Revolución sandinista, fundador y excomandante en jefe del Ejército Popular Sandinista (EPS), del que fue retirado por el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro en 1995, murió al amanecer del lunes 30 de septiembre en el Hospital Militar, según informaron las autoridades de dicho centro hospitalario y del Gobierno.
La petición de los familiares más cercanos de Humberto Ortega es comprensible. Pero no se puede guardar silencio ante la muerte de Humberto Ortega porque no era una persona común y corriente. Él era un personaje público con una trayectoria política muy controversial, acusado o señalado por distintos sectores democráticos e innumerables personas de haber cometido graves crímenes en contra de la población, que debido a su muerte, sin que antes se haya podido hacer justicia, quedaron impunes.
En estos días, desde que se informó sobre la muerte de Humberto Ortega los medios de comunicación opositores y las redes sociales han abundado en datos sobre los múltiples atropellos del excomandante sandinista al pueblo nicaragüense, comenzando con la desviación de la revolución democrática de 1979 que estalló como una protesta nacional por el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, pero fue derivada a la imposición de una dictadura de corte totalitario.
En particular Humberto Ortega Saavedra fue culpable personal y directo de haber llevado el país a una sangrienta guerra civil entre nicaragüenses, durante la cual impuso el Servicio Militar obligatorio, cínicamente llamado “Patriótico”, por el cual decenas de miles de jóvenes fueron condenado a morir, o a quedar mutilados y en todo caso a arruinar sus vidas para siempre.
Ciertamente, Humberto Ortega no fue alguien más en Nicaragua, sino un individuo que pasó a formar parte de la historia nacional por sus propios deméritos, casi todos de los más nefastos.
Se conoce muy bien que algunas personas entran a la historia por las acciones de gran relevancia, positiva o negativa, que realizaron a lo largo de sus vidas o en alguna etapa determinada. Nelson Mandela y Mahatma Gandhi, en el mundo, y en Nicaragua José Dolores Estrada y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, son personajes históricos debido a su lucha ejemplar y épica por la libertad y los derechos humanos.
Pero, también personas siniestras como Adolfo Hitler y José Stalin entraron a la historia por los eventos inhumanos que promovieron y practicaron en sus países. Del mismo modo que por sus acciones infames también los exdictadores, como Somoza, son parte de la trágica historia nacional. Y entre los personajes nefastos ocupará siempre un lugar el general sandinista retirado Humberto Ortega Saavedra.
Pero bien, lo más importante en todo caso es aprender “de las cosas buenas y malas del pasado”, como dice Rodrigo Borja, para poder rectificar el presente y trabajar por una sociedad y un mundo mejor. Es decir, conocer la propia historia con el propósito de que no se repitan los hechos oprobiosos del pasado. Y ojalá que eso algún día pueda ser posible en Nicaragua.