El cardenal Pietro Parolini, secretario de Estado del Vaticano, clamó en su intervención ante la 79º Asamblea General de las Naciones Unidas contra la persecución religiosa en el mundo y demandó el cese de la represión contra la Iglesia católica de Nicaragua.
El representante del Vaticano habló el sábado 28 de septiembre y en su discurso mencionó todos los grandes problemas que afligen actualmente a la humanidad y preocupan a la comunidad internacional. Incluyendo la dramática situación de los cristianos perseguidos en diversas partes del mundo, entre ellos los de Nicaragua.
“Aproximadamente uno de cada siete cristianos (más de 365 millones de personas) es objeto de importantes niveles de persecución por motivos de creencias religiosas”, señaló Parolini. Y agregó que “el número de ataques contra iglesias y propiedades cristianas aumentó significativamente en 2023, con más cristianos que nunca sufriendo ataques violentos”.
El representante del Vaticano dedicó un capítulo de su discurso a Nicaragua. “La Santa Sede —expresó— sigue también con gran atención lo que sucede en Nicaragua y está particularmente preocupada por las medidas tomadas contra el personal y las instituciones de la Iglesia (católica), que tocan directamente la delicada cuestión de la libertad religiosa. Se espera que, junto con los demás derechos fundamentales de las personas y de la sociedad, esta libertad sea adecuadamente garantizada. Por su parte —concluyó— la Santa Sede está abierta a un diálogo respetuoso y constructivo con las autoridades del país, para resolver las dificultades y promover la paz, la fraternidad y la concordia en beneficio de todos”.
A las autoridades de la Iglesia católica, tanto las superiores del Vaticano como las locales de Nicaragua, se les ha criticado en distintos tonos por sus prolongadas pausas de silencio o porque muy poco protestan por la persecución religiosa en el país. De manera que los católicos nicaragüenses que supieron del contenido de esta participación del representante del Vaticano y del papa Francisco en la Cumbre de la ONU deben haberse sentido reivindicados con ella.
Por supuesto que las declaraciones no cambian la situación de la Iglesia católica de Nicaragua, no ponen fin a la persecución que sufren también, aunque en menor medida, otras denominaciones religiosas evangélicas y la morava. Pero sirven de alivio espiritual. La solidaridad, aunque solo sea moral, siempre es necesaria y muy importante para las víctimas de cualquier clase de injusticias.
Entretanto, los católicos nicaragüenses siguen fieles a su Iglesia y oran para que el llamado del Vaticano a un diálogo con el objetivo de que se ponga fin al acoso contra la Iglesia católica y demás denominaciones cristianas, sea por fin atendido por el Estado de Nicaragua.