El alcalde demócrata de Nueva York, Erick Adams, ha sido acusado judicialmente por delitos de corrupción, entre ellos sobornos del gobierno de Turquía a cambio de favores políticos y contribuciones de donantes falsos para sus campañas electorales.
Un par de semanas antes, el senador por el estado de Nueva Jersey y también del Partido Demócrata, Bob Menéndez, fue declarado culpable de corrupción al habérsele probado que aceptó sobornos millonarios de Egipto y Qatar, igualmente a cambio de favores políticos.
Por cierto, que la comunidad política nicaragüense exiliada en EE. UU. ha lamentado la situación de Menéndez, porque ha sido muy solidario con la lucha del pueblo de Nicaragua por la libertad y la democracia.
Transparencia Internacional (TI) define la corrupción política como “el abuso de la función pública para obtener rédito personal”, que no depende de ideologías ni sistemas de gobierno, sino de fallas humanas en la educación y la cultura política en general.
De manera que la corrupción ocurre tanto en democracias consolidadas como EE. UU. y también en Rusia y China que son Estados autoritarios. La diferencia radica en que cuanto más arraigada y sólida sea la democracia menor es la corrupción, y al revés, es mayor en los países dominados por autoritarismo que en algunos casos hasta la tienen institucionalizada.
Pero sean democráticos o autoritarios en todos los países se combate o se dice combatir la corrupción. Solo que de distinta manera. En la democracia, como lo demuestran los casos mencionados del alcalde de Nueva York y el exsenador de Nueva Jersey en EE. UU., funciona eficazmente una institucionalidad para perseguir y castigar la corrupción. Sobre todo porque se hace de manera pública y transparente y mediante institucionales judiciales independientes que respetan las normas del debido proceso.
Eso no ocurre en los países no democráticos, en los que se actúa a espaldas del público a base de decisiones secretas del poder autocrático. En China, por ejemplo, algunos altos funcionarios son destituidos de repente y hasta desaparecen para siempre. A veces se llega a saber que fueron fusilados o que están encerrados en prisión o recluidos en campos de concentración.
En Nicaragua numerosos funcionarios del gobierno en distintos niveles, lo mismo que alcaldes y otros funcionarios edilicios, son destituidos de manera silenciosa y abrupta y solo por filtraciones se llega a saber que han sido encarcelados o que están en prisión domiciliaria. Y de algunos no se vuelve a saber nada.
Según las personas expertas es imposible erradicar del todo la corrupción política porque se debe a fallas de la naturaleza humana. Sin embargo, indican que se puede combatir más eficazmente si hay voluntad política de hacerlo y aplicando medidas y condiciones como las siguientes:
Que haya transparencia gubernamental y acceso público a la información. Fortaleciendo las instituciones y garantizando que el poder judicial sea independiente. Promoviendo integralmente la educación y cultura de integridad ética. Protegiendo a las personas que denuncian los actos de corrupción. Regulando estrictamente el financiamiento de las campañas políticas. Fortaleciendo la sociedad civil y sus organizaciones. Castigando de manera ejemplar a los corruptos, independientemente de su clase y rango.
Por supuesto que medidas como esas solo es posible implementarlas en países donde hay libertad y democracia, no en los dominados por gobernantes autocráticos y regímenes autoritarios.
Siempre habrá casos de corrupción porque no es posible alcanzar la perfección humana. Pero con medidas como las mencionadas los casos de corrupción podrán ser cada vez menos y más aislados.