Sentado en el clubhouse de los Piratas de Pittsburgh, Aroldis Chapman parece un tipo inofensivo. Revisa su celular, sonríe con sus compañeros y saluda con amabilidad a los desconocidos. Incluso, cuando habla, lo hace en voz baja. El problema es cuando sube al montículo. Ahí es uno de los lanzadores más peligrosos del beisbol. Su bola rápida todavía atemoriza.
Chapman tiene en su poder el récord del lanzamiento más rápido registrado oficialmente por la MLB: una recta a 105.8 millas soltada el 24 de septiembre del 2010 contra Tony Gwynn Jr. en San Diego. Lo extraño es que, 14 años después, aún lanza fuego hacia el home. Este 7 de agosto paralizó a Manny Marchado con un disparo a 105.1 millas ahí mismo en San Diego.
“Tiene que ser un don de Dios que me ha mantenido sano y lanzando rápido”, señala Chapman sin alarde en su voz. El cubano tiene ahora 36 años, no los 22 que tenía cuando irrumpió en las Mayores con los Rojos en 2010. Acumula balance de 4-4 y 3.43 en 44.2 innings con los Piratas y con su sello habitual: 72 ponches, más cuatro juegos salvados y 1.38 de whip.
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Y aunque desde siempre han existido esfuerzos por medir la velocidad de los lanzadores como cuando se utilizó una motocicleta para calcular la rapidez de los disparos de Bob Feller en 1946 o los instrumentos con láser para precisar la fortaleza de Nolan Ryan en 1974, la evidencia científica sitúa a Chapman por delante y así lo reconocen las Grandes Ligas.
“Para tirar así fuerte uno necesita una buena mecánica que es algo que yo traje de una manera natural, pero también hay un trabajo físico que debo hacer y luego ajustar poco a poco todos los pitcheos porque no solo es tirar duro, pero como dije, es un don de Dios porque mantenerse sano es lo fundamental”, señala el cubano en diálogo con LA PRENSA.
El año pasado, el “misil cubano” inició la temporada con los Royals y tras registrar 4-2 y 2.45 con 53 ponches en 29.1 innings, fue canjeado a los Rangers a quienes ayudó a ganar la Serie Mundial, la segunda de su carrera. En 2016 fue campeón con los Cachorros, ganando incluso el séptimo juego que cortó la hilera de 108 años sin imponerse en un clásico de otoño.
“Siempre es posible que te cambien. Ya me ha pasado en varias ocasiones, pero como eso es algo que no puedo controlar, mejor me concentro en tratar de hacer lo mejor que puedo con mi equipo que son los Piratas”, afirma Chapman, quien escapó de Cuba en 2009 en Países Bajos, antes de radicarse en Andorra y firmar un año después con los Rojos por 30.2 millones.
Luego de ganar la Serie Mundial con los Rangers en 2023, Aroldis se unió a los Piratas, uno de los equipos más modestos de las Grandes Ligas, con uno de los mercados más pequeños y con menos exposición mediática. Debe ser algo muy diferente para un lanzador que incluso jugó siete temporadas en Nueva York, donde tuvo un gran protagonismo con los Yanquis.
“Yo me siento adaptado en los Piratas. Este es el equipo que me dio un contrato y como digo, el pasado ya es pasado. Se trata de intentar hacer lo mejor hoy día. Así que mi esfuerzo es tratar de ayudar a los Piratas a ganar y deseamos avanzar largo. La meta es la ir a la postemporada”, dice el carabinero antillano que ha estado en siete Juegos de Estrellas.
Chapman lanza para 2.37 en 49.1 innings con 68 ponches en postemporada. Tiene marca de 3-4 y diez juegos salvados. Sin embargo, a menudo es recordado por haber tolerado el jonrón de José Altuve de los Astros, que privó a los Yanquis de ir a la Serie Mundial en 2019 o el de Mike Brosseau de los Rays en 2020, en otra batalla por la Liga Americana.
“Así pasa, siempre se recuerdan esas cosas, pero uno tiene que darle vuelta a la página y seguir trabajando. Cuando estás joven es probable que algunas situaciones así puedan afectarte porque el trabajo que hace uno como relevista es de mucha presión, estás tratando de terminar el juego que lleva el esfuerzo de todos tus compañeros y no querés fallar”, explica.
En sus 15 temporadas en Grandes Ligas, el nativo de Holguín y exlanzador de los Sabuesos en la Serie Nacional cubana, tiene balance de 54-44 y 2.58 a lo largo de 743 innings en los que poncha a 1,220 bateadores para una frecuencia espeluznante de 14.8 “fusilados” por cada nueve episodios. Ha salvado 325 juegos y suma ocho campañas de al menos 30 rescates.
Chapman, quien asegura que ha sido admirador de José Ariel Contreras, cuelga en su cuello una cadena dorada con la leyenda de 105.8, en alusión a la velocidad que consiguió hace 14 años en su temporada de debut. Desde 2007 cuando la MLB mide la rapidez de los pitcheos a través de Statcats, ha habido 11 disparos de 105 millas, nueve son de Chapman. Los otros dos de Jordan Hicks, cuando era relevista con los Cardenales.
Lo admirable, es que Chapman lo sigue haciendo. El récord anterior del lanzamiento más rápido estaba en poder de Joel Zumaya de los Tigres con 104.8 millas en 2006. El envío a 105.8 de Chapman fue medido inicialmente a 105.1 millas a través del sistema de cámaras PitchF/X, pero esos registros han sido recalibrados por medio de Statcast que usa cámaras y radades en los estadios.
«Nunca vi a un lanzador más rápido que Chapman», dijo Dusty Baker, quien condujo al cubano en sus inicios en los Rojos. «Yo no había visto a nadie que tirara 105, 104 o 103», dijo por su lado el también mentor de Grandes Ligas, Bud Black. «Vi lanzar a Nolan Ryan en algunos de sus no hitters, pero lo de Chapman no lo había visto nunca», dijo Dick Enberg, exnarrador de los Angelinos.
La velocidad de los lanzadores ha progresado cada año. En 2007, la bola rápida de cuarto costuras tenía un promedio de 91.9 millas en las Grandes Ligas. Hoy día, el average anda en 94.2 millas. En estos 17 años nunca se ha retrocedido. Así que pensar que hubo un tirador más veloz antes que ahora, es como creer que en los ochenta o noventa, alguien corrió más rápido que Usan Bolt.