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“Yo puedo dar la vida por el comandante”, decía entre sus cercanos el comisionado general Marcos Alberto Acuña Avilés, señala una fuente que lo conoció a inicios de los años noventa, cuando ya era escolta de Daniel Ortega y se encargaba de seleccionar a los elementos que tenían habilidades para convertirse en escoltas del dictador y de otras personalidades.
Cuando Daniel Ortega regresó al poder, Acuña fue nombrado como jefe de escolta presidencial, pero ya venía cuidando de él desde los años ochenta. Se dedicó totalmente a esta tarea hasta finales de julio cuando fue dado de baja deshonrosa por desobedecer “flagrantemente órdenes superiores, poniendo en riesgo la seguridad ciudadana”, según informó la Policía en un comunicado.
Además de la baja, Acuña Avilés permanece detenido y acusado penalmente por los delitos de incumplimiento de deberes, desobediencia e insubordinación.
Conspirador, hábil con las armas, serio, terco y “un tipo que no titubea”. Así describen al Chaparro, a como conocen a Acuña Avilés en las filas de la Policía, y que ha caído en desgracia después de más de 30 años de ser el encargado de la seguridad de Daniel Ortega y sus hijos.

Para el expolicía Julio César Espinoza es “sorprendente” que Acuña haya sido destituido y esté siendo procesado debido a que toda su carrera policial ha estado de cara a la protección de Ortega. Espinoza era agente de la Dirección de Operaciones Especiales (DOEP) y desertó tras el estallido de la crisis política en 2018 porque no quería reprimir a la población, pero antes de eso, realizó labores de escolta y Acuña fue su instructor.
Espinoza detalla que fue Acuña quien dio la orden para ampliar el perímetro de seguridad en El Carmen tras el estallido de las protestas en abril de 2018. Acuña mandó a ubicar en varias cuadras a la redonda a la residencia de Ortega piedras canteras, barreras policiales de concreto, miguelitos de gran tamaño y armamento de alto calibre para proteger al dictador.
Incluso, habría escrito un manual de procedimiento en el que se indica qué hacer y cómo hacerlo para garantizar la protección de Ortega y otros funcionarios en caso de un atentado. Según Espinoza, Acuña solía apoyarse con la inteligencia del Ejército y con civiles que se encargaban de hacer trabajo de espionaje y vigilancia.
Un policía cualquiera
Nadie ubica a Marcos Acuña Avilés como guerrillero sandinista, pero sí recuerdan cuando Manuel Vallecillo lo reclutó para la Dirección de Seguridad Personal (DSP) del Ministerio del Interior en los años ochenta. Vallecillo, quien fue compañero de celda de Daniel Ortega durante la dinastía somocista, fue el primer jefe de la DSP.
La DSP se encargaba de brindar custodia a personalidades en los ochenta, sobre todo a los nueve comandantes de la Revolución sandinista, así como a la Junta de Gobierno, los jefes de los poderes del Estado y otros funcionaros de alto nivel.
“Manuel lo llevó a la Seguridad, pero antes él estaba como un soldado cualquiera, era un soldado raso”, cuenta una fuente que lo conoció en aquellos años.
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Vallecillo decía de Acuña que tenía cualidades como escolta, pero había que pulirlo, entonces lo mandó a la Academia de Seguridad Personal, de donde Acuña se graduó en 1986. De ahí, pasó a formar parte del grupo de protección asignado a Daniel Ortega.
Sus compañeros de la Seguridad Personal le apodaron el Chaparro debido a su baja estatura y el apodo habría llegado a los oídos de Daniel Ortega que con el paso del tiempo también se refería a él como el Chaparro.
Además, Acuña se presentaba con su segundo nombre, Alberto, y en varios archivos de la Policía se le encuentra como Alberto Acuña Avilés, y se omite su primer nombre, Marcos.

Tras la derrota electoral del Frente Sandinista en 1990, la DSP pasó a formar parte de la Policía bajo el nombre de Dirección de Seguridad y Protección a Personalidades. Así fue como Acuña llegó a la Policía.
Para entonces, Acuña ya se había ganado la confianza de Ortega, quien seguía recibiendo protección en calidad de expresidente, pero también gozaba de la confianza de cuadros como Néstor Moncada Lau y Lenín Cerna.
Como parte de la restructuración de la Seguridad Personal también se redujo el número de miembros que protegían a Ortega, pero Acuña siguió estando asignado al caudillo sandinista y terminó convirtiéndose en su jefe de escoltas.
Para aquellos años fue que Acuña dijo la frase que la persona que lo conoció le atribuye: “Yo puedo dar la vida por el comandante Ortega”.

Salto a comisionado
Cuando Daniel Ortega regresó al poder en 2007, Marcos Acuña fue ascendido el grado de subcomisionado y tres años después, ya había sido nombrado comisionado mayor. Esto fue criticado en su momento porque ese vertiginoso ascenso debió haberle tomado al menos 15 años. LA PRENSA consultó en 2010 sobre el ascenso de Acuña a la entonces jefa de la Policía, Aminta Granera, y esta respondió que los años requeridos para ascender “son compatibles con la experiencia en algunos casos”. En el año 2014, Acuña fue ascendido nuevamente por Ortega a comisionado general, el mayor rango policial, solo por debajo del primer comisionado o jefe de la Policía.
Julio César Espinoza conoció a Marcos Acuña en 2012 y recuerda que de los comisionados generales “era de los más respetados” en la institución.
Él recibió varios cursos de escolta con Acuña. “Decía que teníamos que estar pendientes. Hablaba de una revolución amarilla”, señala Espinoza, quien por un tiempo cumplió funciones como escolta y tuvo a Acuña como su superior en algunas misiones.
“Daba instrucciones de que no teníamos que verles la cara a ellos (a Ortega y Murillo) si no que hay que darles la espalda porque así se sienten más seguros ellos. Era prohibido que quedáramos viéndole la cara a ellos porque si nos poníamos a verle la cara, ellos se sentían inseguros”, detalla.

Espinoza también indica que Acuña no solo se encargaba de la protección de Ortega, sino también de Rosario Murillo, los hijos y todos los nietos del dictador. “Él distribuía a los policías entre la familia”, pero los mejores hombres se los reservaba para la protección de Ortega, explica.
Después de dedicar toda su carrera policial a la protección de Daniel Ortega, Acuña Avilés permanece bajo acusación y algunos medios de comunicación han reportado que fue destituido después de una discusión con Rosario Murillo en la cual él habría salido tan molesto que hasta tuvieron que internarlo en el Hospital Carlos Roberto Huembes porque se le alteró la presión.
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