Tras las elecciones en Venezuela las reacciones a favor de Nicolás Maduro y a favor de procesos democráticos no se hicieron esperar. Aunque algunos llaman “golpe de Estado” financiado por el “imperialismo”, otros han llamado a este proceso electoral un “fraude” y un “robo”.
Lo cierto es que los ojos están puestos muy fijamente en Venezuela, como lo estuvieron en la Nicaragua de 2018 que se fue a las calles a pedir el regreso de la democracia y la salida de un dictador.
La caída de las estatuas del chavismo, son similares a las de los árboles de la vida o “chayopalos” en Nicaragua. Supongo son pequeñas victorias que levantan el ánimo, como los pronunciamientos de diferentes países pidiendo un conteo transparente de actas.
Las similitudes son así de emocionantes, pero también hay unas que dejan tristeza, como la de los heridos que son montados en motocicletas.
Otras de las cosas que me parecen comunes son las reacciones en redes sociales y las iniciativas con etiquetas que muestran que la gente puede tener consignas en nuevas plataformas. #SOSNicaragua, #NicaraguaNoCalla fueron algunas de las que movilizaron contenidos en Twitter, hoy X y aunque la plataforma cambió de nombre aún se pueden ver esas publicaciones.
Para ver lo que pasa en Venezuela se puede colocar etiquetas como #LaHoraDeVenezuela donde varios medios se han unido para informar en redes sociales ante un bloqueo de medios. Es una muestra que “la necesidad es la madre de la inventiva”. Necesidad causada por un régimen autoritario que ha dejado claro que no solo los periodistas, la libertad de expresión es una amenaza para su permanencia en el poder y sí, sigo hablando de Venezuela.
Más de veinte medios se han unido a colocar en sus contenidos esta etiqueta y ha permitido que en un solo lugar uno se informe de lo que está pasando.
Las alianzas de este tipo muestran que ante situaciones extremas la gente puede unirse y hacer cosas grandes, además de que Venezuela no está sola. Pero otra similitud con Nicaragua es que el pueblo no tiene las armas, por lo que la solución con enfrentamientos no dará resultado. Más allá de muertos y heridos, presos políticos y familias destrozadas.
A pesar de las similitudes, a pesar de las dificultades, aun así muchos nicaragüenses vimos las imágenes y dijimos “ánimo Venezuela”, no estás sola y aunque el pueblo no tiene las armas hay algo en lo que no se parecen a Nicaragua. Son casi 30 millones de habitantes y una mayoría indignada por unas votaciones no claras.
La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.