Reelección, dictadura y libertad de expresión

Todas las dictaduras que han plagado la historia de Nicaragua invariablemente han suprimido la libertad de expresión y coincidentemente, han pretendido perpetuarse en el poder. Lo han hecho violando el precepto constitucional de la no reelección presidencial consecutiva, candado que ha existido en la mayoría de las constituciones, modificándolas a su antojo con el control del legislativo.

La reelección presidencial y la sucesión dinástica en el poder ha sido el engendro de todas las dictaduras y conflictos bélicos intestinos que ha padecido Nicaragua. Por el contrario, la alternabilidad en el poder ha estado vinculada a los dos breves períodos de democracia republicana y paz que ha experimentado Nicaragua desde su independencia, los que también se han caracterizado por el respeto absoluto a la libertad de expresión y los derechos humanos.

El primero de estos dos períodos de paz y plena libertad de expresión inició con la derrota al filibustero William Walker y se le ha llamado la República Conservadora de los 30 años, inició con Tomás Martínez, un héroe de la guerra nacional antifilibustera, pero se quiso reelegir y lo logró, gobernando el país por casi 10 años, desde 1858 hasta 1867, año en que tras una rebelión entre sus propias filas legitimistas, tuvo lugar a un proceso electoral en el que resultó electo y asumió Fernando Guzmán, quien concluyó su mandato en 1871. Siguiendo su ejemplo, cuatro presidentes conservadores se sucedieron cada 4 años sin buscar la reelección: Vicente Cuadra, Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, Joaquín Zavala, Adán Cárdenas y Evaristo Carazo quien falleció en ejercicio de su cargo en agosto de 1889 y es sustituido por Roberto Sacasa, quien es electo por sorteo por el congreso para completar su período.

Pero este al concluir el período de Carazo, Sacasa rompió con la tradición no reeleccionista y logró reelegirse aduciendo, con razón, que él no había sido electo presidente por el voto popular, sino seleccionado para concluir el período presidencial de Carazo. La reelección presidencial inmediata estaba prohibida por el artículo 32 de la Constitución vigente desde 1858 y era un precepto que todos los cinco presidentes anteriores, habían respetado.

La reelección de Sacasa en octubre de 1890 da lugar a una revolución iniciada por sus correligionarios conservadores, que lo sacaron del poder en 1893, lo que a su vez da lugar, a un nuevo ciclo de inestabilidad en que se suceden tres presidentes conservadores de efímera duración. Este levantamiento comenzó en abril de 1893 deponiendo al presidente Sacasa dando lugar a una Revolución Liberal encabezada por José Santos Zelaya, quien tomó ventaja de la división entre sus adversarios conservadores, y logra entrar triunfante a Managua el 11 de julio de 1893, terminando así los 30 años (1867-1893) de la república conservadora.

Este período, es sin duda, una democracia imperfecta, ya que entonces solo votaban y podían ser electos, los ciudadanos que tenían cierta cantidad de propiedades, agrupados en reducidos “colegios electorales”. Por ejemplo, en la Constitución de 1858 votaban apenas 570 electores, cantidad que había aumentado a 1,040 para el año 1886, pero la población total de Nicaragua era, según La Gaceta oficial, de apenas 258,000 habitantes.

No obstante, este fue un período de notable paz y progreso para Nicaragua en el que fue consagrado como principio y práctica permanente, la irrestricta libertad de prensa. Es en este momento histórico cuando surgieron los primeros diarios a partir del año 1884.

El presidente Fernando Guzmán se destacó en este sentido y solía contestar a sus críticos con lo que se conoció como “el silencio presidencial”, ofreciendo una muestra cotidiana de respeto inequívoco a la libertad de expresión. Consideraba el presidente Guzmán que al hacerlo con su investidura ante el ciudadano común era un abuso de poder, por lo que prefería guardar prudente silencio.

A pesar su propia constitución liberal bautizada como “La Libérrima” expresamente se lo prohibía, Zelaya se reeligió tres veces consecutivas que sumaron 16 años usando subterfugios legales a través del Congreso y durante su mandato no se respetó la libertad de expresión y se persiguió implacablemente a los opositores conservadores.

El otro período de nuestra historia que se respetó plenamente la libertad de expresión coincidió también con que no tuvo lugar la reelección presidencial, ni consecutiva, ni alterna.

Este período de 16 años nació con el ascenso al poder de doña Violeta Barrios de Chamorro, en elecciones libres en 1990, ampliamente observadas internacionalmente, no cuestionadas por el partido perdedor, el FSLN. Se caracterizó por su profundo respeto a la libertad de expresión, lo que da lugar al surgimiento de muchos medios de comunicación independientes, particularmente, audiovisuales. Ningún periodista fue encarcelado o perseguido.

Durante este breve período, tienen lugar cuatro traspasos pacíficos de poder: 1990 de Daniel Ortega a doña Violeta; 1996 de doña Violeta a Arnoldo Alemán; 2001 de Alemán a Enrique Bolaños y 2007 de Enrique Bolaños a Daniel Ortega. Tres de estos traspasos de poder son de un partido a otro y solo uno del mismo partido, el PLC en 2001.

Es evidente que los cuatro traspasos electorales fueron pacíficos porque tienen lugar después de procesos electorales ampliamente supervisados, nacional e internacionalmente, por lo que los resultados electorales no fueron cuestionados por el partido perdedor.

Y aunque la Constitución vigente en aquel entonces permitía la reelección alterna, la única presidente que durante este período tuvo la oportunidad de hacerlo, doña Violeta Barrios de Chamorro, optó por no postular su candidatura en las elecciones del 2001 para sentar un ejemplo histórico de no continuismo y permitir la alternabilidad en el ejercicio del poder. Vale decir, que previo a dicho proceso electoral, ella encabezaba las encuestas de opinión.

Podemos concluir que la libertad de expresión ha brillado en Nicaragua únicamente cuando no ha habido reelección presidencial y que la dictadura ha estado ligada intrínsecamente a los procesos reeleccionistas.

Este artículo es un extracto de un trabajo investigativo realizado para Expediente Abierto. El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político expatriado y autor del libro testimonial Destinos heredados

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