14
días
han pasado desde el robo de nuestras instalaciones. No nos rendimos, seguimos comprometidos con informarte.
SUSCRIBITE PARA QUE PODAMOS SEGUIR INFORMANDO.

El liberalismo sigue siendo opción para levantar a Nicaragua

Parto del hecho incuestionable de que para visualizar una Nicaragua posible para todos lo primero es salir por la vía cívica de la dictadura, y a partir de allí iniciar un proceso auténtico de reinserción, retorno y aplicación de un nuevo sistema democrático.

El otro hecho de gran magnitud es que, ante tantos tropiezos ideológicos y políticos, una nueva administración trate en la medida de lo posible de apartarse de todo populismo, de toda demagogia izquierdista, de todo pacto de beneficios exclusivos para sus hechores, desde un liberalismo decente y moderno, clásico y más próximo a una ultraderecha que a un timorato centro político que tampoco podrá solucionar este desparpajo social.

Seamos realistas, la izquierda no tiene ni base electoral ni sustrato moral dado el negro pasado que la arrastra y a la que, lamentablemente, ahora acuerpan algunos vástagos de las paralelas libero conservadora enlistadas en el club de Monteverde.

Y Monteverde, esa amalgama infuncional ya acostumbrada a vivir de la política de sociedad civil, no va tampoco a lograr ser una opción que truene a la dictadura, pues sus estructuras políticas estas viciadas, oxidadas, sin ningún arraigo popular.

Y los meramente de “sociedad civil”, no poseen ninguna capacidad estruendosamente política, con la suficiente dinamita emocional para hacerle frente a los grandes desafíos que vendrán, luego de lograr arribar a un diálogo con el régimen de Managua y entablar una áspera contienda, pelo a pelo, voto a voto, para triunfar y llegar a ese nuevo gobierno cada día más deseado por todos.

En este marasmo quedan dos atracos más. El sandinismo disidente —el máximo operador político mediático y diplomático en Monteverde y su caldo de grupúsculos—, quienes no satisfechos de haber ya destruido a Nicaragua en los 80 y en los años continuos, luchan desesperadamente por volver a ser gobierno, lo que no será posible, y el empresariado, ahora arrinconado y mudo sin pronunciarse al respecto, pero, mientras no demuestre lo contrario, atento a cualquier componenda.

Si uno de estos grupos, por esas cosas de la vida tan absurdas a veces, llegase al poder, el caos sobrevendrá a borbollones, por lo que para que un nuevo gobierno post Sandino-orteguista se consolide en el poder, deberá tener combustible suficiente en sus agallas administrativas, y una rica sabiduría milenaria administrativa, para limpiar la casa de verdad y empezar a poner orden.

Ya los modelos liberales y conservadores tradicionales se agotaron en el tiempo, por las causas que hayan sido. A pesar de haber sacado al país del feudalismo estacionario, no fueron capaces de renovarse y los tentáculos por la continuidad terminaron con ellos. 

El sandinismo como modelo de gobierno nació abortado, pero fueron capaces de recetarnos una ultraizquierda comunista y socialista a más no poder. Ese tour del fracaso ya lo vivimos: estatismo atroz, servicio militar obligatorio, confiscaciones, éxodo, represión y miseria social. Nadie, ni muchos sandinistas, quieren volver a vivir ese paraíso del infierno.

Otras fuerzas políticas, como la social cristiana o social demócrata no tuvieron cabida en el alma masiva de la conciencia popular. Los contras si, y siguen siendo una fuerza esparcida, viva pero pausada, a la que hay que motivar o más bien a la que el liberalismo nuevo, gestante, debe valorar y acercársele.

El marxismo cultural se ha incrustado de diversas formas en el mundo entero desde la revolución soviética hasta la actualidad. A lo largo y ancho del siglo XX este a través de guerrillas en Latinoamérica cerebralmente orquestadas en Rusia y propagadas por el peón del Kremlin, Fidel Castro, pasando por el apropiamiento de la cultura por la izquierda, que contó por cierto con el abandono simultáneo del flojo empresariado y de un sector de la derecha, hasta llegar a la manipulación del lenguaje, debe también combatírsele como él lo sigue haciendo. Léase Foro de Sao Paulo, G 2 cubano o Socialismo del Siglo XXI.

Esta batalla cultural por el restablecimiento democrático, que incluye en primera fila la salida del régimen, no debe contar con aliados de esta naturaleza. Estos, hábilmente, se escudan en mensajes embusteros y manipulativos, diciendo que todo ataque a Monteverde, a Unamos o lo que antes fue el MRS, es “hacerle el juego al orteguismo”, lo que es una calumnia letal, pero que por sí misma viene derrumbándose. 

Dentro de esta manipulación verbal marxista cultural, cuyo contenido de palabras también parecieran haber sido confiscadas y diabolizadas, están palabras como la liberal o liberalismo por “neo liberalismo”; ajusticiar por “asesinar”. Cuando mataban a un miembro de la Guardia Nacional con el gobierno Somoza decían que lo habían “ajusticiado”, pero cuando un oficial de estos, o sea del orden público acababa con la vida de uno de sus guerrilleros decían que lo habían “asesinado”.

La otra palabra con esquizofrenia gramatical por parte de esta izquierda es la “ultraderecha”, asociándola ellos con las expresiones más grandes del capitalismo (ese cuyos cimientos productivos el mismo Carlos Marx reconoció como altamente prósperos en relación con modelos económicos anteriores, pero que luego atacó dado su desmedido resentimiento social), y que en realidad no es una palabra mala, ni ofensiva ante la dignidad humana.

Ser ultraderecha no es ser fascista, ni caudillo ni déspota, como la han sido algunas izquierdas, sobrados socialismos y comunismos en general. Ser ultraderecha no significa encajarse en los postulados de Pinochet o de Somoza, ni de otro general anticomunista, en la forma indecorosa que las izquierdas los han abordado destructivamente. En todo caso ellos previeron la tempestad que se avecinaba con las brutalidades bélicas de Fidel Castro y sus guerrillas y quienes, como en el caso de Chile, legaron propuestas económicas que los gobiernos subsiguientes, social cristianos y socialistas, les han dado continuidad por lo efectivo que fueron.

El liberalismo como doctrina, plataforma y base social, apartado de los graves errores cometidos en sus diversas administraciones por sus cúpulas, sus pactos borrascosos, sus imposiciones dictatoriales, sus vestigios dinásticos, nepotismos y demás vicios de poder, debe saber que no cuentan en una nueva etapa de reconstrucción de Nicaragua. 

De actuar así incidirá, además, potablemente, en las nuevas generaciones que propicien una nueva actitud para hacer de la política una ruta de la prosperidad social.

Nicaragua merece lo mejor para su nuevo presente y futuro. Ya demasiada sangre ha corrido junto al río y encima del asfalto. Lo pasado es historia que no debe ser borrada, para esa nueva era que requiere de un liberalismo gerencial viable, de un gobierno limitado, de salarios ajustados a la realidad, de hombres y mujeres que gobiernen con la razón y la pasión por apartarse de todo asistencialismo compra conciencias, desprenderse de la retórica y falsa solidaridad prebendaria, abrirse a las inversiones locales y extranjeras y no aplicar las burdas políticas de impuestos elevados sino de propiciar limpiamente todas las facilidades a los empresarios para que estos generen empleos.

Entonces, liberales de verdad, liberales emprendedores, liberales libertarios, liberales artistas intelectuales, liberales político-partidarios, ¡a trabajar! 

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista Internacional.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 3 días

    Que bonito que escribe este “Democrata” Ariel Montoya, pero es contradictorio por ser un declarado simpatizante de Trump, un megadelincuente convicto, aprendiz de dictador admirador de Putin y del Coreano y que EEUU necesita un lider fuerte similar, furibundo antiinmigrante, mentiroso patologico, ha estado socavando la centenaria democracia USA en su beneficio personal egocentrico,etc,etc, es increible, tragicomico. A otro perro con ese hueso. Quien no te conozca que te compre.

    1. Hace 3 días

      Jajajaja. En resumen, ni sandinistas, ni contras, ni liberales corruptos, ni conservadores, ni Socialdemocratas,etc,etc, ninguno representa futuro para Nicaragua, la unica esperanza se llama Ariel Montoya. Jajajajajaja. Que cosas raras estara consumiendo este senor ?

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí